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José Daniel “Chicho” Medina captó la atención el pasado agosto cuando hizo su debut en el octágono de la Ultimate Fighting Championship (UFC) donde se enfrentó al estadounidense Zacharys Reese en un combate vibrante y aclarado por el público que asistió a la competencia en Las Vegas, Estados Unidos.

“Chicho” perdió, pero dio pelea hasta el final y su rival se llevó la victoria por decisión de los jueces.

Medina se preparó más de seis meses en el exterior, primero en Tailandia y luego en México, de donde viajó di rectamente a Las Vegas.

El “peleador del pueblo”, que incursionó en las peleas tras graduarse de veterinario, hizo historia al convertirse en el primer boliviano en firmar con la UFC.

Recientemente Medina, de 33 años de edad, habló con la revista Boliviana para contar a los pasajeros de Boliviana de Aviación (BoA) sobre él y su carrera.

Ocho años peleando

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Antes de emprender el camino de los combates cuerpo a cuerpo, Me dina combinó sus estudios con el deporte. Después de graduarse como veterinario, hizo un postgrado en gerencia, para poder administrar su granja de pollo. Se define como un hombre del campo.

“Hace unos ocho años comencé mi carrera amateur y hace seis profesionalmente”, contó el boliviano y agregó que siempre sintió pasión por los de portes de contacto.

Gracias al apoyo de su familia se fue superando hasta conseguir llegar a la UFC. Sin embargo, el camino fue largo. Debió primero ingresar al circuito internacional y tuvo una trascendental pelea en Brasil contra un rival que ya había tenido 22 peleas profesionales. “Esa oportunidad marcó un antes y un des pués”, indicó.

“Chicho” ingresó oficialmente a la UFC en un evento de Contender Series en octubre del año pasado, donde a pesar de perder, recibió un contrato de Dana White, presidente de la UFC, quien valoró su nivel, resistencia y “corazón”. Medina no es el primer boliviano en competir en la UFC, ya que Kevin Syler lo hizo también en el Contender Series, aunque no logró obtener un contrato como lo hizo “Chicho”.

Cuando Medina consiguió el contrato, Syler fue uno de los que destacó este logro y expresó su admiración por la dedicación a las artes marciales.

Pelea Previa

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Para lograr el contrato con la UFC, Me dina peleó contra el ruso Magomed Gadzhiyasulov con quien perdió por decisión del jurado. “Chicho” relató que todo apuntaba a que no conseguiría el contrato con la UFC, pero las cosas fueron diferentes, Medina logró el contrato y Magomed tuvo que ser asistido en el hospital.

Tras la pelea, el boliviano nacido en una de las comunidades del municipio de Samaipata, reaccionó feliz, lo que llamó la atención.

“Sonreí por la satisfacción que era para mí demostrarme a mí mismo. Fue un rival duro y lo puse en problemas”, dijo a Boliviana.

“Chicho” resalta el apoyo de su familia, de los bolivianos y de la prensa boliviana en su camino a la UFC. “La gente en Bolivia me reconoce, me saluda, me apoya, y eso pasa porque demostré de qué está hecho un boliviano”, resaltó.

Hacia Adelante

Medina explicó que tendrá dos o tres peleas más en la UFC, dependiendo de su desempeño y ya está en camino a su preparación. “Estoy en procesos de sanar y continuaré mi entrenamiento en México.

Haré un ‘precamp’ para bajar más de peso y agarrar peleas entre diciembre, enero o febrero”, dijo.

Su esperanza es conseguir un auspiciador o sponsor que le permita con seguir mejores condiciones de entrenamiento. Por ejemplo, tener un buen profesor de lucha y un nutricionista.

 “Para mi última pelea trabajé con uno de los mejores nutricionistas, que pre paran campeones, e hizo que baje 22 kilos”, relató.

Medina quiso mandar un mensaje a todos los jóvenes bolivianos que quieren salir adelante en cualquier deporte. “Sigan adelante por sus sueños. La gente va a decir que no van a poder, que van contra viento y marea, no será fácil, pero la recompensa es grande al cruzar el charco”.

Personajes

Forjador de futuro: Kristof Henningsson es un emprendedor que superó la pobreza extrema en su natal Oruro y hoy conecta a Bolivia con el mundo tecnológico

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Kristof Henningsson Reyes (KHR) no es el típico empresario que nació en cuna de oro, aunque su apariencia y apellido sugieran lo contrario. Nacido en Oruro y radicado en Suecia, este joven de 28 años tiene una historia de contrastes profundos: desde caminar por las calles bolivianas sin tener 20 bolivianos para comer, hasta liderar proyectos tecnológicos que hoy conectan a Bolivia con el mercado laboral global.

​En esta charla con la revista Boliviana (BOL), Henningsson revela que su verdadera ambición no es acumular ceros en una cuenta bancaria, sino "moverle la vida" a quienes, como él en su momento, solo necesitan una oportunidad. A través de su academia, busca que el inglés deje de ser un privilegio de élite para convertirse en la herramienta que saque a miles de bolivianos de la precariedad económica mediante el empleo remoto y la capacitación técnica.

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​- BOL: Para quienes aún no conocen tu trayectoria, ¿quién es Kristof Henningsson Reyes y qué es lo que realmente lo mueve?

- ​KHR: Soy una persona muy humilde que experimentó momentos de la vida muy diferentes. Kristof conoce lo que es realmente la pobreza máxima; mucha gente tiene la percepción de que, por ser "choquito" de ojos verdes o tener padres que han tenido mucho, me han dado todo en bandeja de plata. No es así. Conocí a mis padres a los 18 años y siempre elegí el camino del trabajo, el estudio y el deporte.

Soy una persona extremadamente ambiciosa en el buen sentido: quiero lograr cosas grandes que transformen no solo la vida de mi familia, sino la de mi gran familia que es Bolivia. Estoy dispuesto a sentarme en la mesa con quien no tiene nada y con quien lo tiene todo, actuando siempre de la misma manera genuina e íntegra.

- BOL: Radicas en Suecia, pero tus ojos y tus inversiones siempre vuelven a Bolivia. ¿Cómo es tu ritmo de vida actual entre ambos mundos?

- ​KHR: Mi base natural es Suecia, pero tengo la bendición de viajar entre 200 y 260 días al año; prácticamente vivo en un avión. Desde el 2024 no he parado de viajar por negocios, pero muchos de mis emprendimientos se enfocan en dar empleo a los bolivianos.

Creo firmemente que nosotros debemos iniciar el cambio en nuestro país; no podemos esperar que un extranjero lo haga por nosotros si nosotros no damos el primer paso primero.

​- BOL: Hablemos de educación. Muchos ven el inglés como un lujo, pero tú planteas la "democratización" del idioma. ¿Qué ofrece tu programa que sea diferente al resto?

- ​KHR: Lo primero es la democratización: accesibilidad combinada con calidad internacional. No solo enseñamos inglés desde el nivel A1 hasta el C2; ofrecemos tres meses de preparación para el examen TOEFL y un mes de capacitación en empleabilidad.

Queremos que nuestros estudiantes no solo hablen el idioma, sino que sepan vender sus servicios como freelancers al exterior para generar una inyección económica directa al país. Además, garantizamos pasantías en empresas mías y de mis socios en Mónaco, Inglaterra y Estados Unidos para los estudiantes que se destacan.

​- BOL: Es notable el impacto social de tu academia, especialmente con los costos bajos. ¿Qué sucede con aquellos que ni siquiera pueden pagar esa mínima cuota?

- ​KHR: Me ha pasado recientemente con estudiantes que no pueden pagar ni los 98 bolivianos al mes. Mi política es clara: nunca le voy a decir a un boliviano que no puede estudiar por falta de dinero. Les digo que sigan adelante, que nosotros cubrimos los costos hasta que puedan pagar.

No se los doy gratis, porque lo que no cuesta no se valora, pero les permito pagar cuando puedan con la única condición de que no dejen de esforzarse. No me mueve el dinero de las inscripciones; me mueve la posibilidad de cambiarle la vida a la gente.

​- BOL: Has mencionado que la fe y las pruebas difíciles han forjado tu carácter. ¿De dónde viene esa fortaleza que transmites al hablar?

- ​KHR: La vida me enseñó temprano. Recuerdo caminar con mi abuelita en Oruro; no teníamos ni 20 bolivianos para comer y nos rechazaron un préstamo en una caseta de dulces y en un radiotaxi. Minutos después, mi hermana se encontró justamente 20 bolivianos en el suelo. Desde ahí creo profundamente en Dios. He vivido la riqueza y la pobreza extrema, y ambas son necesarias si sabes aprender de ellas. El sufrimiento te da la experiencia que la comodidad te niega.

​- BOL: Tienes solo 28 años. A esta edad muchos apenas están comenzando, pero tú ya hablas de dejar un legado. ¿Cómo te ves a los 50 años?

- KHR: Te soy muy honesto: no sé cómo estaré físicamente, pero mi sueño es que, cuando tenga hijos, la gente les diga: "Gracias a tu padre pude estudiar sin tener recursos y pude superarme". El éxito económico y la imagen pública son premios secundarios. Mi propósito es ayudar. A los 50 me veo dándole gracias a Dios por haberme permitido ser un puente para los demás y espero estar en paz en una Bolivia mejorada, donde mis hijos puedan vivir tranquilos.

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- BOL: ¿Qué mensaje final le dejas a los jóvenes bolivianos?

- ​KHR: Que no se rindan nunca. La vida es difícil para todos, no hay excepciones. Las pruebas divinas son para llevarte a un lugar mejor. Prepárense, adquieran conocimiento y, sobre todo, manténganse sanos. Aléjense de los vicios y las drogas.

Yo no soy perfecto, fallo todos los días, pero trato de aprender de mis errores. La persona sana es la que aprende de las caídas ajenas. La vida no está en contra de ustedes; está a su favor si están listos para aprovechar las oportunidades.

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Valentina Wehbe: Argentina de nacimiento y boliviana por elección, “Ser real es el contenido más valioso en un mundo de apariencias”

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Creció a la vista de todo un país. Desde sus primeros pasos en Chicos Station hasta convertirse en una de las figuras más influyentes de las redes sociales y el streaming en Bolivia, Valentina Wehbe (VW) ha transitado un camino de maduración constante.

​En esta entrevista con la revista Boliviana (BOL), Valentina se desprende de los filtros para hablar sobre la presión de la perfección, el peso de la salud mental y sus sueños más profundos, que incluyen desde la actuación hasta el anhelo de formar su propia familia. Una conversación directa con la mujer que aprendió que "ser real" es el contenido más valioso que se puede ofrecer.

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​- BOL: Naciste en Argentina pero creciste en Bolivia, ¿te sientes más boliviana que argentina o es una mezcla de las dos ciudadanías?

- VW: Es una mezcla, pero mi corazón está muy en Bolivia. Nací en Argentina, pero crecí acá, así que cuando me preguntan, muchas veces digo que soy de aquí, porque así lo siento. Es como elegir entre una milanesa o un buen majadito… difícil, pero el que te acompaña todos los días termina ganando (risas). Bolivia es mi casa, donde me formé y donde está mi historia, y por eso le tengo una gratitud enorme. Argentina es mi raíz… pero Bolivia es donde aprendí a florecer.

​- BOL: Empezaste en la tele desde muy chiquita, ¿fue difícil para ti dejar de ser "la niña de la tele" para que la gente te vea como una mujer adulta?

​- VW: Sí, fue un proceso… y de los largos. Pasar de “la niña de la tele” a mujer no es algo que la gente te concede automáticamente, es algo que una va construyendo y dejando claro con el tiempo.

Hubo momentos en los que sentía que tenía que rendir examen todo el tiempo, como diciendo: "Hola, crecí". Pero también fue muy formador. Me obligó a pararme firme, a confiar en mi voz y a dejar de pedir permiso para ocupar mi lugar.

​- BOL: ¿En algún momento llega a ser cansador tener que estar subiendo contenido todo el tiempo?

- VW: ¡A veces sí! Hay días en que decís: "¿En serio tengo que grabar hoy?" (risas). Pero también es parte del juego. Lo que me ayuda es no tomarme tan en serio cada publicación; no todo tiene que ser perfecto ni viral. A veces lo más simple conecta más con la gente, y eso me quita un poco la presión.

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​- BOL: Ahora que hiciste streaming, ¿qué prefieres: la libertad de las redes o la estructura de la televisión?

​- VW: Uy, qué difícil. Me gustan mucho las dos, pero por razones distintas. Las redes tienen una libertad increíble y una cercanía que valoro muchísimo; me permiten conectar de una forma más directa y espontánea.

Pero yo empecé en la televisión cuando todo esto no existía, y hay algo de ese formato que me marcó para siempre. La tele tiene una estructura, una mística y un respeto por el oficio que para mí no tiene comparación. A la televisión siempre le voy a tener un cariño especial, fue mi primera escuela.

​- BOL: Siempre hablas de ir a terapia y cuidar la mente, ¿qué es lo más difícil de mostrarse real en un mundo (Instagram/TikTok) donde todo parece perfecto?

​- VW: Creo que lo más difícil de mostrarse real en un mundo donde todo parece perfecto es animarse a no encajar en esa perfección. Hay una presión constante por mostrar solo lo lindo, lo ordenado, lo que "funciona", y ser honesta a veces implica incomodar un poco, incluso a una misma.

La terapia me ayudó a algo muy humano: a no ser tan dura conmigo misma, a entender mis procesos y a tratarme con más paciencia. También me enseñó que quien está herido, muchas veces termina hiriendo, y eso cambia la forma en la que te relacionas con los demás y con lo que eliges mostrar. Para mí, ser real no es contar absolutamente todo, sino ser coherente con lo que soy.

​- BOL: ¿Hay cosas de tu vida privada que has decidido no mostrar nunca en redes sociales? ¿Cuáles?

​- VW: Sí, totalmente. Hay partes de mi vida que prefiero que se queden en modo "solo para mí". Mis vínculos más cercanos, momentos familiares… y, siendo honesta, mis días caóticos también, porque si los subiera perdería un poco de dignidad (risas).

Comparto bastante, pero aprendí que no todo tiene que ser contenido. Hay cosas que se disfrutan más fuera de cámara y otras que definitivamente es mejor que no tengan archivo.

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​- BOL: ¿Cuál es ese sueño profesional y personal que todavía te da un poco de miedo cumplir pero que te mueres por lograr?

​- VW: No sé si lo llamaría miedo, pero sí es un sueño que me mueve mucho. En lo profesional, me encantaría presentar un programa estelar en un canal a nivel nacional y además me encantaría grabar una serie. La actuación es algo que muchas veces postergué o no prioricé, pero que siempre estuvo ahí, latente.

Y en lo personal, tengo sueños muy claros también; he tenido la suerte de viajar mucho y conocer varios lugares, sin embargo, me queda un pendiente que es conocer París. Y otro: formar mi familia. Sueño con ser mamá, pero bueno, creo que está más cerca hacer las maletas para Francia (risas).

​- BOL: ¿Qué es lo que más te molesta que la gente piense o diga sobre el trabajo de los influencers en Bolivia?

​- VW: Hay una responsabilidad enorme en tener una plataforma. Cada cosa que comunicas moldea opiniones, inspira decisiones, llegas a personas que te ven como referente. Y para llegar a ese momento en el que subes el contenido, pasaste por un proceso completo: investigar, idear, crear, innovar, producir. Es un trabajo que exige tanto como cualquier otro, solo que el producto final parece "fácil" —y eso es justamente señal de que está bien hecho—.

​- BOL: Si mañana borraras todas tus redes y te alejaras de las cámaras, ¿quién sería Valentina Wehbe en su día a día?

​- VW: Creo que sería la misma, solo que con menos filtros… en todo sentido (jajaja). Soy muy sensible, muy de sentirlo todo, así que eso no cambiaría aunque desaparezcan las cámaras. Quizás estaría haciendo teatro, imitando las voces de la gente (los que me conocen saben que lo hago hace años), o quizás abriendo un local de ropa, o trabajando en una guardería (amo a los niños). Al final, lo visible cambia, pero lo que soy —para bien o para mi intensidad— viene conmigo.

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Personajes

Golpe de timón: Gonzalo Lema disecciona el alma de Bolivia tras el Bicentenario y advierte que el país aún no siente la patria «en el corazón» ni se decide a construir una sociedad «en serio», pero debe hacerlo pronto

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Pasada la euforia de los actos oficiales del Bicentenario de 2025, Bolivia se enfrenta ahora a la realidad de su tercer siglo de vida. El reconocido escritor y pensador Gonzalo Lema (GL), Premio Nacional de Cultura, ha logrado en su obra "Bicentenario: renovación del ideario nacional. Entrevistas a bolivianos destacados" capturar las voces de quienes han tenido el destino del país en sus manos, ofreciendo un balance que se aleja del discurso festivo para centrarse en la autocrítica necesaria.

En esta conversación con la revista Boliviana (BOL), Lema analiza el sentimiento de "tarea incumplida" que atraviesa a la clase política y civil. El autor nos explica por qué, tras 200 años de República y Estado Plurinacional, el verdadero desafío de "construir un país en serio" sigue siendo una asignatura pendiente que no admite más demoras.

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- BOL: Tras concluir las entrevistas de su reciente trabajo, “Bicentenario: renovación del ideario nacional. Entrevistas a bolivianos destacados", ¿cuál es el denominador común que encontró en la visión de país de líderes tan ideológicamente opuestos?

- GL: Los entrevistados expresan el deseo del conjunto de los bolivianos: desarrollar el país. Eso significa trabajar por una mejor sociedad, que esta alcance niveles óptimos de educación, de acceso a la alta cultura, de mejor profesionalización. De manera paralela, expresan su compromiso con la conservación de nuestro hábitat. Indican, es obvio, que necesitamos generar mayor riqueza económica.

Advierten que en la realidad vamos contra-ruta: escolaridad bajísima, ausencia de acceso a la alta cultura, baja profesionalización, constante agresión al sufriente medio ambiente. A los bolivianos nos hace falta tomar la enérgica decisión, de una vez por todas, de construir un país en serio. ¿Queremos hacerlo? Hasta ahora no se nota.

- BOL: ¿Sienten los entrevistados que la Bolivia del Bicentenario es la que ellos soñaron, o predomina una sensación de tarea inconclusa?

- GL: Predomina la certeza de la tarea incumplida. A diferencia de un país vecino que comenzó a trabajar desde el día de su fundación y no sufrió golpes de Estado, nuestro país vivió los cuartelazos sin tregua y casi no se dedicó a construir escuela, universidad, fábrica e industria.

Lo logrado hasta ahora no alcanza para ilusionarse. Los políticos se quejan de la poca colaboración de la sociedad civil; la sociedad civil se queja de la empleomanía y corrupción de los sucesivos gobiernos. El Bicentenario nacional evidencia que apenas hemos hecho en el desarrollo material y humano. Hace falta un fuerte golpe de timón del individuo en su vida y de la colectividad. No estamos sintiendo el país en el corazón.

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- BOL: En el diálogo con el actual presidente, ¿qué elementos del "ideario nacional" aparecen como prioridad para el quinquenio 2025-2030?

- GL: El presidente Rodrigo Pereira expresa la necesidad de dar el golpe de timón: lucha sin cuartel contra la extendida corrupción y delincuencia que impera en nuestro país; descentralización de las decisiones administrativas que se acumulan en La Paz; propiciar economías regionales; apertura absoluta del país al mundo y destrancar el pensamiento de toda índole que sólo frena la iniciativa personal, sectorial, regional, etcétera. Tiene que concretar sus ideas y anhelos pronto, con claridad y firmeza.

- BOL: Usted pregunta si algunos temas han quedado "jubilados". ¿Qué asuntos que antes dividían a los bolivianos ya no forman parte de la agenda nacional, según sus entrevistados?

- GL: Yo he formulado esa pregunta porque no podemos seguir discutiendo lo mismo en cada generación. Sin embargo, los temas son recurrentes porque no terminamos de cerrarlos. Las respuestas son diversas, por supuesto. Mirar al futuro implica mirar al pasado. Debemos concluir las tareas que nuestros mayores no realizaron: integración en un solo cuerpo social de la diversidad boliviana; aceptación de las diversas formas de sociabilidad que inducen al federalismo; nuestra posición frente al doloroso tema del mar. Etcétera.

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- BOL: ¿Creen sus entrevistados que hemos superado la etapa del Estado excluyente, o persiste la división entre "lo occidental" y "lo indígena"?

- GL: Percibo que entienden, más bien, que la discriminación se ha exacerbado en extremo. Las élites bolivianas no desean compartir el poder político con la clase popular. La estructura de una élite es, de por sí, discriminadora: está compuesta de algunos, no por todos. Casi nunca, además, son de mentalidad nacional. Debemos construir una sociedad horizontal.

- BOL: Más allá del valor histórico, ¿qué impacto espera que tengan estas entrevistas en la construcción de la Bolivia del tercer siglo?

- GL: El propósito es que circulen estos pareceres en la esfera de la opinión pública. Nutrir esta esfera y propiciar conclusiones. Debemos reflexionar sobre todos los temas para estar al tanto de nosotros mismos y tomar decisiones. Por eso espero que las entrevistas sean leídas por mucha gente.

- BOL: ¿Qué rasgo personal o preocupación le sorprendió descubrir en estos líderes al hablar del futuro nacional?

- GL: Es gente que profesa optimismo y pesimismo moderados. Depende del tema y las condiciones que se abren y cierran sin cesar. Debemos aprender a valorar los momentos para ser oportunos.

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