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Bolivia, como la mayoría de los países de la región, tiene al menos cuatro platos básicos para celebrar las fiestas de Navidad y Año Nuevo, entre los que se destacan el pavo, la picana, el lechón y el fricasé, que forman parte de la exquisita y deliciosa gastronomía boliviana

El pavo al horno

El pavo al horno es un plato emblemático en la gastronomía del país, especialmente durante las festividades navideñas. Este platillo destaca por su sabor y por ser una opción tradicional en las celebraciones familiares.

El pavo al horno es uno de los platos más queridos en Bolivia durante la Navidad, junto con otras delicias como el chancho al horno y la picana paceña. Sin embargo, este platillo no solo es un símbolo de celebración, sino también un momento para compartir en familia, resaltando la importancia de las tradiciones culinarias en la cultura boliviana.

Diferencias

La preparación del pavo puede variar según la región y las preferencias personales, pero siempre se busca lograr un equilibrio entre jugosidad y sabor, asegurando que cada bocado sea memorable.

La diferencia entre el pavo al horno boliviano y el pavo navideño tradicional radica en varios aspectos, incluyendo ingredientes, métodos de preparación y su contexto cultural.

Ingredientes

Pavo al horno boliviano: Este plato suele incluir un relleno que combina carne picada (generalmente cerdo y ternera), frutas como manzanas y pasas, y a veces se le añaden ingredientes autóctonos. El uso de miga de pan y leche también es común para dar textura al relleno.

Pavo navideño tradicional: En muchas culturas, el pavo se rellena con ingredientes como pan, nueces, uvas pasas y tocino. Por ejemplo, el pavo navideño estadounidense puede llevar un relleno que incluye cebolla, apio y especias diversas15. La variedad de ingredientes puede variar significativamente entre regiones.

La picana un manjar de la comida boliviana

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La picana es un plato emblemático de la gastronomía boliviana, especialmente popular, durante la celebración de la Nochebuena. Este manjar se consume tradicionalmente a la medianoche del 24 de diciembre, tras la llegada del Niño Jesús, y también se puede disfrutar el 25 de diciembre en reuniones familiares.

Origen e historia

La picana tiene sus raíces en el siglo XIX, cuando inicialmente se conoció como asado en cuero, ya que las carnes se cocinaban envueltas en cuero de ternera durante un largo período. Con el tiempo, el plato evolucionó hacia una mezcla de carnes y vegetales en un caldo sabroso, convirtiéndose en un símbolo de la Navidad boliviana.

En 2012, fue declarada Patrimonio Cultural de La Paz, reflejando su importancia en la tradición culinaria local.

Existen varias versiones regionales de la picana:

Picana paceña: más cargada de carnes.

Picana cochabambina: incluye frutas secas.

Picana chuquisaqueña: tiende a ser más picante debido a la adición de ají.

Cada familia tiene su propia receta, lo que convierte a este plato en una tradición familiar única que se transmite de generación en generación. La picana no solo es un alimento; representa unión familiar y celebración durante las festividades navideñas

El nombre "picana" tiene varias interpretaciones y orígenes, dependiendo del contexto cultural y geográfico. En el caso de la gastronomía boliviana, la picana se refiere a un guiso tradicional que se consume especialmente durante las festividades navideñas. Este término se ha extendido para designar tanto un corte específico de carne como el platillo que se elabora con él.

En Bolivia, la picana es más que un simple corte; es un símbolo de celebración. Se dice que durante la época colonial, los indígenas utilizaban sobras de las fiestas españolas para crear un guiso sustancioso, lo que podría haber influido en la forma en que se elabora hoy en día.

Así, el nombre ha evolucionado para representar no solo un tipo de carne, sino también una rica tradición culinaria

El lechón al horno, un pedazo del paraíso en los dientes

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El lechón al horno es un platillo emblemático de Bolivia, especialmente popular en celebraciones y festividades. Este delicioso cerdo asado se caracteriza por su sabor intenso y su textura jugosa, lograda a través de un proceso de marinado y cocción cuidadosa.

El lechón al horno en Bolivia es un platillo que tiene profundas raíces históricas y culturales, especialmente asociado con las festividades de Navidad y Año Nuevo. Su origen se remonta a la influencia española, que trajo consigo la tradición de asar cerdo, un alimento que no existía en América antes de la llegada de los europeos.

Orígenes históricos

Influencia Española: El lechón al horno se deriva del cochinillo asado, un plato típico de España, particularmente de la región de Castilla y León. En esta región, el lechón se cocina en hornos de leña y se sirve de manera ceremonial, a menudo cortándolo con un plato. Esta tradición se remonta a la época romana y fue adaptada por los españoles a lo largo de los siglos.

Llegada a Bolivia: A medida que los españoles colonizaron América, llevaron consigo sus costumbres culinarias, incluyendo el asado de cerdo. En Bolivia, esta práctica se integró en la cultura local a través del sincretismo gastronómico, adaptándose a los ingredientes y técnicas disponibles en el país.

Celebraciones Tradicionales: En Bolivia, el lechón al horno se ha convertido en un símbolo de celebración, especialmente durante las festividades decembrinas. Se considera un plato festivo que reúne a las familias y comunidades para compartir en ocasiones especiales como la Nochebuena y el Año Nuevo.

Significado cultural

El lechón al horno no solo es un platillo delicioso, sino que también representa una tradición que une a las personas. En "La Paz de antaño", por ejemplo, era común llevar lechones a los hornos comunitarios durante el Carnaval, fomentando un sentido de comunidad y celebración. Este tipo de prácticas ha evolucionado con el tiempo, convirtiéndose en una opción popular no solo en festividades sino también en reuniones familiares y eventos especiales. Reconocimiento internacional

Recientemente, el lechón al horno boliviano ha sido reconocido internacionalmente por su calidad y sabor. Según Taste Atlas, está clasificado entre los 100 mejores platos con cerdo del mundo, lo que resalta su importancia no solo en la gastronomía boliviana sino también en el contexto global.

El fricasé conocido también como “levanta muertos”

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El fricasé es un plato tradicional boliviano, especialmente popular en la región occidental del país, que se ha convertido en una parte esencial de las celebraciones de Año Nuevo. Este plato, que se sirve comúnmente al amanecer del 1 de enero, es conocido por su capacidad para aliviar los efectos de la resaca, lo que le ha valido el apodo de "plato reparador" o "levanta muertos" en el contexto de las festividades.

Descripción del fricasé

El fricasé de cerdo, también llamado fricasé de chancho, es un caldo picante que incluye trozos de carne de cerdo, chuño (papa deshidratada) y mote (maíz cocido). Se caracteriza por su aderezo a base de cebolla y ají panca, que le otorgan un distintivo color rojizo y un sabor intenso. Dependiendo de la región, pueden variar los ingredientes y la preparación; por ejemplo, en La Paz se prefiere el uso de ají amarillo, mientras que en Cochabamba se pueden añadir otros elementos como pan molido o carne machada para espesar el caldo.

Tradición y significado

 La tradición de servir fricasé durante las festividades de Año Nuevo está arraigada en la cultura boliviana. Se considera que el cerdo simboliza prosperidad y abundancia, ya que este animal avanza hacia adelante y no retrocede. Por ello, muchas familias optan por incluir este plato en sus celebraciones como un augurio de buena suerte para el año venidero.

Además, el fricasé ha sido declarado patrimonio cultural de la ciudad de La Paz desde 2014, reconociendo su importancia dentro de la gastronomía local y su papel en las festividades.

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Gastronomía

De guaqui al “50 BEST”: La historia de esfuerzo de la chef Dennis Llusco que ha conseguido poner los sabores bolivianos en el mapa del mundo gastronómico internacional

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El aroma del ají molido en batán y el recuerdo del pan recién horneado son la brújula que guía a Dennis Llusco (DLL), la chef detrás de La Rufina, uno de los restaurantes que está redefiniendo el mapa gastronómico de Bolivia.

Llusco no solo sirve platos; sirve memoria, historia y una declaración de identidad que ha resonado desde las calles de La Paz hasta las listas de reconocimiento internacional.

La Rufina, de la que la chef es copropietaria, es más que un local, es un manifiesto culinario. Rinde homenaje a las manos anónimas de las "caseras" —esas mujeres que con sazón y esfuerzo elaboran a comida popular— llevando su honestidad y generosidad a la alta cocina.

Desde la humildad de Guaqui, donde nació, a orillas del lago Titicaca, la chef Llusco ha demostrado que la evolución del sabor boliviano no es una traición, sino una oportunidad de supervivencia y orgullo. De esto y más habló con la revista Boliviana (BOL).

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-  BOL: ¿Cómo nació La Rufina? ¿Cuál fue la chispa o la idea inicial del restaurante, y qué significa el nombre?

- DLL: La Rufina nació con la idea de mostrar al mundo que la comida boliviana es exquisita, diferente y llena de ingredientes únicos. Tal vez al principio no imaginábamos la magnitud, pero sí teníamos lo más importante: la voluntad de hacer algo distinto, con propósito y corazón.

El nombre La Rufina pertenece a una mujer que vendía comida en Oruro, y para nosotros representa a todas las personas que cocinan en las calles de Bolivia. Es un homenaje a ellas, a esas manos anónimas que trabajan duro. Rufina simboliza resistencia, amor y dignidad.

- BOL: Creció en Guaqui, cerca del lago, con una fuerte conexión a la cocina tradicional. ¿De qué manera se reflejan esos sabores y memorias de infancia en la propuesta actual del menú de La Rufina?

- DLL: Mis recuerdos de infancia están llenos de gestos sencillos, como ayudar a mi padre a recoger leña o a mi tía a cocinar para vender. Cuando hoy escucho hablar de técnicas, recuerdo que en mi niñez ya hacíamos chuño y tunta en invierno sin saber que era una “técnica ancestral”.

En la panadería de mis padres entendí algo esencial: si la comida no era rica, la gente no volvía. Por eso nos esforzábamos para que cada guiso tuviera alma. Esos momentos me acompañan: el respeto por el producto, el valor del tiempo y la generosidad.

En La Rufina intentamos que cada receta tenga un pedacito de esa infancia: el sabor del ají molido en batán, el fondo hecho con hueso de res, el mote reventado a fuego lento.

- BOL: La Rufina rinde homenaje a las “caseras” de la calle. ¿Cuál es la lección más importante que tomó de esa cocina popular y que aplica en su alta cocina hoy?

- DLL: La lección más grande es la honestidad. La casera no cocina para impresionar, cocina para alimentar. Su sazón es verdad pura. En La Rufina aplicamos esa misma filosofía: no disfrazamos la comida boliviana, la ennoblecemos. Respetamos su estructura, su esencia, y la reinterpretamos con técnica y estética. Detrás de cada plato hay una historia que merece ser contada con dignidad.

- BOL: ¿Podría resumir el concepto de La Rufina en una sola frase?

- DLL: Bolivia en un bocado. Bolivia es un crisol mágico de culturas, ingredientes y sabores. Todo eso se resume en esa frase: comer Bolivia en un bocado.

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- BOL: ¿Cómo logran que un plato tradicional boliviano, como el silpancho, el anticucho o los rellenos, mantenga su sabor auténtico mientras le dan un toque moderno y una presentación diferente?

- DLL: Lo más importante es no alterar la memoria del sabor. Podemos cambiar la forma o el montaje, pero jamás el alma. El secreto está en las bases: usamos los mismos fondos, los mismos ajíes, las mismas técnicas de cocción tradicionales. Luego, jugamos con texturas y presentaciones más limpias.

Modernizar es reinterpretar sin romper el vínculo emocional. Lo que no se transforma, corre el riesgo de desaparecer. Por eso, transformar no es traicionar: es abrir puertas, generar orgullo y atraer turismo.

-  BOL: ¿Cuál es el ingrediente boliviano que considera su “arma secreta” en la cocina y por qué?

- DLL: El ají. No solo por su sabor, sino por su alma. El ají no solo da color o picor, da identidad. Es el hilo conductor de nuestra cocina, el enlace entre el altiplano, los valles y el oriente. Es nuestra bandera en una cuchara.

- BOL: El reconocimiento internacional otorgado por el 50 Best Discovery puso a La Rufina en el mapa del mundo. ¿Cómo cree que este logro beneficia a la gastronomía boliviana en general?

- DLL: Este reconocimiento no es solo de La Rufina, es de toda Bolivia. Demuestra que tenemos un lenguaje gastronómico propio, capacitado para dialogar con el mundo. Abre puertas, despierta curiosidad y, sobre todo, da confianza a los jóvenes cocineros para creer que se puede triunfar mostrando lo que somos, sin copiar a nadie.

- BOL: Si La Rufina pudiese tener una sede en el extranjero, ¿cuál sería el sabor de Bolivia que nunca podría faltar en ese menú internacional?

- DLL: No podría faltar la sopa de maní, el majadito con pato ahumado, el menudito con cuatro tipos de ají, el anticucho de corazón y el quesumacha. Cada uno representa una parte distinta del país, pero juntos son Bolivia servida en una mesa.

- BOL: ¿Qué cree que falta en la cocina boliviana para estar en los primeros puestos de la gastronomía mundial?

- DLL: Nos falta creérnosla un poco más. Tenemos producto, historia y talento, pero todavía cargamos el complejo de sentirnos menos que los demás. Nuestra idiosincrasia a veces nos juega en contra: muchos critican antes de probar. El día que cocinemos sin miedo, desde el orgullo y no desde la imitación, Bolivia estará entre los grandes. La identidad es nuestro mayor tesoro.

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Gastronomía

Chef Coaquira: El cocinero que fusiona el altiplano con la alta cocina para entregar delicias inigualables a sus comensales

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La historia de Santos Coaquira es un viaje fascinante. Nacido en el altiplano boliviano, este chef ha logrado trascender fronteras, llevando los sabores de su tierra a escenarios internacionales. Su camino, marcado por la disciplina y una pasión inquebrantable, lo llevó a formarse en prestigiosas escuelas como Le Cordon Bleu, pero nunca olvidó sus raíces andinas.

Coaquira no solo cocina; narra una historia con cada plato. Sus creaciones son un tributo a la memoria, a los ingredientes ancestrales y a la identidad boliviana. En cada bocado se siente la conexión con la tierra y el respeto por el legado de sus ancestros. Su filosofía es simple pero poderosa: la cocina es un acto de amor, de servicio y de revalorización de lo propio.

Desde su proyecto Pasionaria by Santos, busca un diálogo directo con el comensal, transformando la experiencia culinaria en un viaje sensorial y emocional. En esta entrevista exclusiva, el chef Coaquira (SC) revela a la revista Boliviana (BOL) los secretos de su éxito, la importancia de sus raíces y su visión sobre el futuro de la gastronomía boliviana.

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- BOL: Su historia es inspiradora, especialmente su camino desde el altiplano hasta convertirse en un referente de la alta cocina. ¿Cómo ha influido su origen paceño y sus raíces en su estilo culinario?

- SC: Mi origen paceño y mis raíces en el altiplano son mi punto de partida. Crecí rodeado de productos andinos, de aromas intensos y de una cultura donde la comida es más que alimento: es identidad. Esa herencia me enseñó a respetar cada ingrediente y a entender que detrás de cada plato hay una historia que merece ser contada

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- BOL: Se formó en Le Cordon Bleu Perú. ¿Qué tan importante fue esa formación académica para fusionar la cocina boliviana con técnicas de alta cocina?

- SC: El Master Cuisine que hice en Le Cordon Bleu me dio las herramientas técnicas y la disciplina necesarias para dialogar con la cocina universal. Pero siempre tuve claro que mi base debía ser la cocina boliviana. Esa formación me permitió fusionar lo nuestro con técnicas de alta cocina, sin perder autenticidad.

- BOL: ¿Podría compartir un recuerdo de su infancia que haya marcado su pasión por la cocina? ¿Hay algún sabor o plato de su niñez que sigue siendo una inspiración?

- SC: Recuerdo a mi madre preparando fricacho. El aroma de la cocina llenaba la casa y me enseñó que la comida podía ser un refugio. Ese sabor sigue siendo una inspiración: simple, profundo y ligado a la memoria afectiva.

- BOL: Ha mencionado el respeto por los ingredientes locales. ¿Cuál es un ingrediente boliviano que, en su opinión, es poco valorado y que usted ha logrado elevar en sus creaciones?

- SC: El tarwi. Es un producto ancestral, nutritivo y versátil que durante mucho tiempo estuvo relegado. Yo lo he trabajado en distintas preparaciones, desde entradas hasta postres, y siempre sorprende a los comensales. Creo que aún tiene mucho por ofrecer al mundo.

- BOL: ¿Cuál es su filosofía y sus proyectos actuales?

- SC: Mi filosofía es cocinar con respeto y propósito. Respeto por el productor, por el ingrediente y por el comensal. Hoy mis proyectos buscan revalorizar lo boliviano con las técnicas aprendidas y mostrar que nuestra cocina puede dialogar de igual a igual con cualquier otra en el mundo.

- BOL: Su proyecto "Pasionaria by Santos" se define como un espacio de diálogo con el comensal. ¿Qué significa eso en la práctica y qué experiencia busca transmitir?

- SC: Pasionaria es un espacio de conversación a través de la comida. No es solo servir un plato, es contar una historia, despertar una emoción y lograr que el comensal se sienta parte de una experiencia que conecta tradición con innovación.

- BOL: Durante la pandemia, usted y su esposa lideraron una iniciativa para alimentar a miles de personas. ¿Qué lo motivó a realizar esta labor y qué aprendió de esa experiencia?

- SC: La motivación fue simple: había hambre. No podíamos quedarnos de brazos cruzados. Con mi esposa y nuestros hijos, y gracias a la generosidad de Santa Cruz, logramos alimentar a miles de personas. Aprendí que la cocina tiene un poder social enorme: no solo alimenta cuerpos, también da esperanza.

- BOL: La gastronomía boliviana está ganando reconocimiento internacional. Desde su perspectiva, ¿cuáles son los ingredientes o platos que tienen mayor potencial para destacar a nivel mundial?

- SC: Creo que la quinua ya tiene su lugar en la gastronomía mundial; los ajíes son un universo por explorar y tienen un potencial inmenso. Y en frutas, el achachairú.

- BOL: En su opinión, ¿cuál es el mayor desafío que enfrenta la gastronomía boliviana en su camino hacia el reconocimiento global?

- SC: El mayor desafío es creer en nosotros mismos. Tenemos productos, talento y tradición, pero necesitamos confianza y proyección internacional, además de políticas que apoyen al sector gastronómico.

- BOL: ¿A qué lugares del mundo ha llegado su cocina y cómo lo logró?

- SC: Mi cocina ha viajado a diferentes escenarios. Lo logré gracias a invitaciones, festivales gastronómicos y colaboraciones con chefs de talla internacional. Cada viaje fue una oportunidad de mostrar lo nuestro con orgullo.

- BOL: ¿Qué reconocimientos ha conseguido? ¿Cuál es el más destacado?

- SC: He recibido varios reconocimientos, pero el más importante es ver a un comensal emocionarse con un plato que cuenta una historia de nuestras vidas. Y el mayor reconocimiento es la cara de mis hijos cuando les llevo a la mesa una cena casera.

- BOL: ¿Qué consejo le daría a los jóvenes cocineros bolivianos que sueñan con llevar la cocina del país a la élite mundial?

- SC: Que nunca olviden de dónde vienen. La técnica se aprende, pero la identidad se construye con orgullo de lo propio. El mundo no necesita copias, necesita cocineros que crean en su cultura y se atrevan a mostrarla con excelencia.

- BOL: ¿Cuál es su próximo gran sueño o proyecto para la cocina boliviana?

- SC: Mi gran sueño es ver a Bolivia reconocida como un destino gastronómico mundial. Y mi proyecto es seguir formando equipos y espacios que impulsen esa visión, desde Pasionaria y desde cada plato que preparo.

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Gastronomía

Utensilios: No malgastes tu dinero en herramientas de cocina inútiles; según chefs profesionales, estos aparatos solo ocupan espacio y acumulan polvo

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Los utensilios de cocina vienen en todas las formas y tamaños, pero eso no significa que todos sean realmente útiles. Si bien los utensilios esenciales se usan constantemente y pueden acelerar el proceso de cocción, algunos simplemente ocupan espacio y acaban acumulando polvo. Elegir opciones versátiles, como un cuchillo de calidad o unas tijeras de cocina, te permitirá desarrollar habilidades y asegurarte de usarlas con regularidad.

Los cocineros profesionales son la máxima autoridad en cuanto a qué aparatos de cocina deberían desecharse, especialmente cuando el espacio en los armarios, encimeras y cajones es limitado. Aquí enumeramos los utensilios de cocina que no sirven mucho:

1. Mandolina

La mandolina se usa para cortar rodajas de patatas y zanahorias. Los chefs dicen que las mandolinas están sobrevaloradas; pueden ser voluminosas, difíciles de limpiar y arriesgadas si no se tiene mucho cuidado. De hecho, mucha gente ha sufrido accidentes.

2. Portacebollas

Cocineros expertos recomiendan no comprar portacebollas. En lugar de eso, te proponen cortar la cebolla por la mitad para crear una superficie plana que evite que ruede. Si intentas cortar rodajas, clava un tenedor en la raíz y sujétalo.

3. Tablas de cortar de metal y otros

Las tablas de vidrio, piedra y metal son adecuadas para servir, pero para cortar en rodajas y cubos, la madera es la mejor opción. Cortar sobre superficies duras es  malo para tus cuchillos; en su lugar, opta por madera o polietileno.

4. Desmenuzador de pollo

Los chefs creen que nadie necesita una herramienta para desmenuzar pollo fuera de un restaurante, y ni siquiera los restaurantes la usan. Este artículo solo tiene una función, así que no vale la pena comprarlo. Usas dos tenedores para esa labor.

5. Pelador de hierbas

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A mucha gente le encanta el tomillo, pero odio pelarlo. Existen peladores de hierbas que supuestamente son una herramienta que ayudaría con esa tarea, pero no es necesaria. Para hierbas más fuertes como el romero y el tomillo, simplemente usa los dedos para deslizarlos por el tallo, en el sentido opuesto a como crecen las hojas.

6. Termómetro de sonda inalámbrico

Los termómetros de carne de sonda inalámbricos pueden ser una herramienta excelente, pero pueden ser muy caras. Imagina perdiéndolas, rompiéndolas, dejándolas caer, tirándolas accidentalmente o dejándolas en las brasas. En su lugar, prueba los termómetros de lectura instantánea.

7. Abrelatas eléctrico

La mayoría crecimos con un abrelatas eléctrico siempre en la encimera de la cocina, como si fuera un electrodoméstico indispensable. Pero, la verdad, son más nostalgia que necesidad. Ocupan espacio, pueden ser difíciles de limpiar y suelen tener problemas con latas de tamaño irregular. Un buen abrelatas manual es compacto, fiable y funciona sin necesidad de enchufe ni manual de usuario.

8. Cortador de palta

Un cuchillo y una cuchara hacen el trabajo de un cortador de palta con la misma facilidad, y la herramienta especializada rara vez se adapta correctamente a todos los tamaños del fruto. Es un armatoste de un solo uso que abarrota los cajones.

9. Separador de huevos

Para la mayoría de los cocineros caseros, una herramienta solo para separar yemas es innecesaria. En su lugar, prueba romper un huevo y usar las mitades de la cáscara o los dedos funciona igual de bien.

10. Tijeras de pizza

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Un cortador de pizza o un cuchillo funcionan mejor y más rápido. Estas tijeras son un poco artificiosas, difíciles de limpiar y ocupan más espacio del que merecen. En su lugar, usa una rueda para pizza común.

11. Cocedor de huevos eléctrico

Hervir huevos en una olla es sencillo y versátil. La versión eléctrica solo añade desorden, a menos que hiervas huevos constantemente y detestes usar la estufa. Incluso puedes hacer huevos escalfados en el microondas.

12. Cortador de mantequilla

Este aparato corta barras de mantequilla en porciones… pero ¿por qué es útil eso? Un cuchillo funciona al instante y no hay que cargar ni limpiar un aparato de plástico.

13. Medidor de pasta

Es un disco de plástico con agujeros que te indica la cantidad de espaguetis que debes cocinar. Solo tienes que calcularlo a ojo o aprender el peso aproximado por experiencia. No vale la pena ocupar espacio en el cajón. Usa una báscula de cocina para realizar mediciones precisas.

14. Pelador de papas

Un pelador de verduras afilado puede ser útil para pelar un lote de papas, pero no pocas.

Ocupa muchísimo espacio y pela más lento que un pelador normal. Además, es excesivo a menos que estés pelando docenas de papas a la vez.

14. Guantes de horno

Los guantes de cocina son el artículo más inútil en una cocina. Un paño de cocina resistente cumple la misma función, y lo más probable es que se lave con más frecuencia. No hay mucha gente que lave sus guantes de cocina con la suficiente frecuencia... parece que muchos los consideran un artículo que no requiere una limpieza regular, pero no es así.

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