Hacia el mar: Aunque con escasas producciones, el cine boliviano también fue espejo del anhelo marítimo
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Cada 23 de marzo, Bolivia conmemora el Día del Mar, una fecha que revive la herida abierta tras la pérdida de su acceso al océano Pacífico en la Guerra del Pacífico (1879-1884). Este sentimiento de reivindicación, arraigado en la identidad nacional, no solo se plasma en actos cívicos y discursos políticos, sino también en las artes.
Desde los albores del cine boliviano, el anhelo de una salida soberana al mar ha sido un tema que se vio en la gran pantalla. A través de diversas producciones, directores y actores han plasmado el sentir de un pueblo que añora recuperar su acceso al océano Pacífico.
Las películas han abordado la temática desde diferentes perspectivas, desde dramas históricos que recrean la Guerra del Pacífico hasta producciones contemporáneas que exploran el impacto emocional y social de la mediterraneidad.
Se han realizado documentales que analizan los antecedentes históricos y jurídicos del conflicto, así como ficciones que narran historias personales de personajes marcados por la pérdida del litoral.
Si bien no existe una filmografía extensa dedicada exclusivamente al tema marítimo, el anhelo de mar se encuentra presente en diversas obras que abordan la identidad nacional y la memoria histórica.
“Clamor de la historia”
El pionero del cine boliviano, Jorge Ruiz, a pedido del Instituto Cinematográfico Boliviano documentó el retorno de los restos mortales del héroe civil-militar de Bolivia, defensor de Calama, Eduardo Abaroa.
En la cinta titulada “Clamor de la historia (traslado de los restos mortales de Abaroa de Chile a Bolivia) 1952” Ruiz documenta todo el viaje de los restos del héroe hacia la ciudad donde descansa, La Paz.
En este trabajo se registra, tomando técnicas periodísticas, cómo los restos de Abaroa transitan las estaciones de trenes del altiplano para ingresar a la ciudad de La Paz, crispando todo sentido nacionalista, pues el montaje de la cinta se limita a intercalar de manera paralela el tránsito del tren con rostros de niños, adultos y ancianos que, estación tras estación, saludan el retorno de Abaroa.
El filme “El clamor de la historia” es además, la primera película que se aproxima a un hecho o personaje de la Guerra del Pacífico y es la primera cinta donde se registra a la población recibiendo o esperando el arribo de alguien.
“Amargo mar”
Con guión y dirección de Antonio Eguino, esta película fue realizada en 1984. Trata sobre la Guerra del Pacífico, y los hechos y enfrentamientos entre Bolivia, Chile y Perú. Este filme es de estilo documental y retrata la historia del momento en el que Bolivia pierde su Litoral.
Se trata de una perspectiva boliviana a lo que sucedió durante la Guerra del Pacífico. El filme muestra también la responsabilidad de las autoridades bolivianas de la época en la pérdida marítima con Chile.
La película refleja un lado diferente de lo que fue la Guerra del Pacífico y contribuyó para que los historiadores e investigadores tuvieran otro punto de vista y se enseñe la historia con una lectura crítica y un pensamiento abierto.
El elenco estuvo conformado por 40 actores y alrededor de 3.000 extras, que personificaron a los protagonistas de la historia real, entre los que destacan los expresidentes Hilarión Daza y Narciso Campero.
El filme es fruto de cinco años de investigación en la que participaron reconocidos historiadores bolivianos como Fernando Cajías, Roberto Flores y Edgar Oblitas.
El equipo de investigación hizo un estudio cuidadoso de todo el material bibliográfico publicado en Bolivia, Perú y Chile, referido a este conflicto bélico.
Desde el momento que fue exhibida en las salas de cine desató polémica, ya que la versión que relataba no coincidía con la que sostienen los libros de historia oficial.
“Restos del mar”
Más de 30 estudiantes de la Escuela Popular de Cine Libre presentaron en 2017 el documental “Restos del Mar”, un trabajo audiovisual bañado en inquietudes bolivianas respecto a la identidad y la significación de esta “celebración”.
El documental fue rodado con 10 cámaras, con el propósito de conmemorar el Día del Mar, ayudar a la reflexión, responder inquietudes que comúnmente nacen en el pensamiento de los ciudadanos.
La sinopsis de la película explica: “Restos del mar abarca el registro documental de dos años de la efeméride más importante para todos los bolivianos: 23 de marzo, el día que Chile usurpó el mar a Bolivia. Los testimonios de niños y adultos, las imágenes irónicas de una celebración de la derrota y la xenofobia patente se manifiestan de pleno en esta película”.
“Puerto escondido”
La cineasta Gabriela Paz creó “Puerto Escondido”, un documental para explorar cómo se vive en el imaginario boliviano las ansias de volver al mar.
El filme fue estrenado en 2020 en el Festival de Cine Radical y también fue seleccionado para participar de festivales internacionales como Ariadoc (Chile), Transcinema (Perú), Miradasdoc (España), entre otros.
La directora explicó a los medios que el documental fue manufacturado con metraje propio, imágenes de archivo de la Cinemateca Boliviana y también de Youtube, formando un collage de pequeñas historias relacionadas al tema del mar para Bolivia que busca ofrecer otra perspectiva para pensar y mirar esta temática.
La película se fue construyendo desde el 2014 y tuvo un impulso importante gracias al Laboratorio de Apropiación del Archivo Audiovisual (LAAAB), taller que brinda el Festival Radical en el que cineastas reutilizan metraje de archivo, dándoles otro contexto, para realizar sus filmes.
“Puerto Escondido” no es una historia oficial. Es la historia de mitos, personajes y contradicciones cotidianas, ocurrencias peculiares que se normalizan, pero que vistas de cerca llaman mucho la atención.
Puerto Escondido fue producido por la Fundación Cinemateca Boliviana, Las Antonias (Bolivia) y Tonina Sur Films (Chile).
La temática del mar en la ficción
En la ficción contemporánea boliviana, el mar se presenta como un tema central en dos películas destacadas.
"Alma y el viaje al mar" (2003) de Diego Torres, la primera película digital del país, narra la obsesión de Alma por conocer el mar, simbolizando la vida y la adultez. La película juega con la realidad y el sueño, dejando ambiguo si Alma logra alcanzar el mar.
Por otro lado, "Pacha" (2011) de Hernán Ferreiro combina lo onírico con la realidad, llevando al protagonista a una playa en un viaje simbólico. Ambas películas reflejan el mar como una metáfora compleja y multifacética en la cultura boliviana.
Una aspiración instalada en la sociedad boliviana
El 23 de marzo recuerda la defensa del litoral boliviano en la Batalla de Calama (1879), donde Eduardo Abaroa, héroe nacional, se inmortalizó con su frase “¡Rendirme yo? ¡Que se rinda su abuela!”.
Desde 1884, Bolivia perdió 400 km de costa y 120.000 km² de territorio, quedando enclaustrada. Aunque el país insistió en negociaciones diplomáticas —como la demanda ante la Corte Internacional de Justicia en 2018—, sin suerte, la demanda por salida al mar está instalada en la sociedad boliviana.
El origen del conflicto, según la historia oficial, se generó en febrero de 1878, cuando Bolivia estableció un nuevo impuesto a la empresa chilena Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta (CSFA).
Chile protestó y solicitó someter el pleito a un arbitraje, pero el gobierno boliviano, presidido por Hilarión Daza, consideraba el asunto como interno y sujeto a la jurisdicción de las cortes bolivianas.
Daza rescindió la licencia a la compañía chilena, embargó sus bienes y los puso a remate. El día del remate, el 14 de febrero de 1879, las fuerzas militares chilenas ocuparon la ciudad boliviana de Antofagasta y avanzaron en pocos días hasta el paralelo 23°S.
Ante el avance chileno en territorio disputado, Bolivia se declaró en estado de guerra contra Chile el 1 de marzo de 1879.
El 23 de marzo de 1879 se produjo el primer enfrentamiento armado de la Guerra del Pacífico, entre las tropas chilenas y bolivianas en las cercanías de Calama. Abaroa opuso resistencia junto a un grupo de civiles y murió en la contienda, conocida como batalla de Topater.
Especial
Anabel Angus: «La maternidad te desnuda el alma; mis hijos me enseñaron que puedo ser vulnerable y fuerte a la vez»
- BOL: Has hecho de todo en la tele, pero ¿por qué ser mamá de dos pequeños es el desafío que más te ha transformado?
- AA: Ser mamá de dos niños tan pequeños me transformó porque me obligó a conocer una versión de mí que no sabía que existía. En televisión aprendí a improvisar, a resistir la presión, a estar siempre fuerte… pero la maternidad te desnuda el alma. Te enfrenta al cansancio, al miedo, a la culpa y al amor más grande que existe, todo al mismo tiempo.
Santi y Sebas me enseñaron que puedo ser vulnerable y fuerte a la vez. Y también me enseñaron que el éxito ya no se mide solo en rating o proyectos, sino en llegar a casa y escuchar un “mamá”.
- BOL: ¿Cuál es tu secreto para mantener a flote a la Anabel profesional mientras te entregas a la maternidad?
- AA: No sé si tengo un secreto, pero sí aprendí algo importante: dejar de exigirme perfección. Antes quería hacerlo todo impecable. Hoy entiendo que hay días donde soy más mamá y otros donde me toca ser más profesional, y está bien. También aprendí a pedir ayuda, a confiar en mi equipo, en mi familia, en las personas que me acompañan. Y sobre todo, trato de regalarme momentos reales con mis hijos, aunque sean pequeños. Porque al final ellos no recuerdan cuánto trabajaste, recuerdan cómo los hiciste sentir.
- BOL: En una carrera con horarios tan pesados como la tuya, ¿cómo haces las paces con la culpa de tener que salir a trabajar dejando a los niños?
- AA: Creo que la culpa es una compañera silenciosa de casi todas las mamás que trabajan. Yo la sentí muchísimo. Me ha tocado irme a conducir un programa en vivo mientras uno estaba enfermito o dormir pocas horas porque quería aprovechar cada minuto con ellos.
Pero también entendí algo: trabajar no me hace menos mamá. Al contrario, también les estoy enseñando con el ejemplo a luchar por sus sueños, a ser independientes y apasionados. Lo importante es que cuando estoy con ellos, intento estar de verdad. Sin teléfono, sin distracciones, solo siendo mamá.
- BOL: ¿Qué costumbre de tu propia madre te descubres repitiendo hoy con tus hijos?
- AA: Me descubro muchísimo en pequeños gestos de mi mamá. En la forma de preocuparme si ya comieron, en querer arroparlos aunque haga calor, en preguntar 20 veces si están bien. Mi mamá siempre fue una mujer presente, protectora y amorosa, y ahora entiendo tantas cosas que antes no veía.
Hay frases incluso que me escucho diciendo y pienso: “Dios mío, soy mi mamá”. Y la verdad… me encanta parecerme a ella en eso. Por ejemplo, de mamá también aprendí a criar hijos libres. Ellos juegan en el barro, se ensucian, exploran y yo los dejo ser. Así fue mamá conmigo y hoy lo agradezco tanto. Ese fue un paso importante para confiar en mí desde pequeña, porque mamá confiaba en mí.
- BOL: Con tanta distracción en la televisión y las redes, ¿cómo te ayudan tus niños a mantener los pies en la tierra?
- AA: Mis hijos me aterrizan todos los días. En redes o en televisión uno puede vivir rodeado de filtros, maquillaje, luces y opiniones, pero llego a mi casa y a ellos no les importa si salí linda en cámara o si el programa fue tendencia. Les importa que juegue, que haga voces, que los abrace. Ellos me recuerdan constantemente quién soy de verdad. Y creo que esa es la conexión más sana y más real que tengo con la vida.
- BOL: Al ser tan pública, ¿cómo pones el límite entre lo que muestras de tus hijos en redes y lo que te guardas para ti?
- AA: Es un equilibrio difícil porque mis hijos son lo más importante de mi vida y obviamente forman parte de quien soy. Me encanta compartir momentos lindos porque sé que muchas mamás conectan desde ahí. Pero también entendí que hay cosas que merecen quedarse solo en nuestra intimidad. Hay días malos, momentos vulnerables, rutinas o espacios que prefiero proteger.
- BOL: ¿Qué mensaje mandas a las mamás bolivianas que, como tú, se multiplican a diario por su trabajo y su familia?
- AA: Les diría que se abracen más y se juzguen menos. Las mamás vivimos intentando llegar a todo y sintiendo que siempre nos falta algo. Pero criar, trabajar, sostener una casa, seguir soñando y además intentar estar bien emocionalmente ya es muchísimo. No existe la mamá perfecta. Existe la mamá que ama, que intenta, que se levanta incluso cansada. Y eso ya vale oro.
Especial
Mariana Dupleich: «Ninguna madre debería tener que dejar a su bebé recién nacido para volver a trabajar; necesitamos condiciones más humanas
- BOL: Iniciaste en los medios muy joven, ¿qué queda de esa persona que empezó en la televisión y cuál consideras que ha sido tu mayor aprendizaje en este camino?
- MD: Cuando me inicié en los medios era una joven llena de ilusión y energía, con la convicción de que el periodismo podía transformar realidades. De esa persona aún queda la pasión intacta, la curiosidad por aprender y la entrega absoluta al trabajo, incluso cuando los horarios se vuelven complicados o la vida personal exige equilibrio.
Mi mayor aprendizaje en estos 18 años ha sido que la constancia y el sacrificio abren caminos que parecen imposibles. Nunca dejé de trabajar, ni en mis embarazos ni en la lactancia, y aunque eso significó renunciar a muchas actividades, me enseñó que la disciplina y el amor por la profesión pueden convivir con la maternidad.
- BOL: La televisión en vivo exige una gran demanda de tiempo y energía emocional. ¿Cómo manejas el impacto de la realidad para que no afecte tu entorno familiar al llegar a casa?
- MD: Trabajar en televisión en vivo significa estar expuesta a la realidad en su forma más cruda, y muchas veces esa realidad duele. Como defensora de las mujeres y de los niños, escuchar noticias de violencia y tragedias me deja con el corazón roto y con un nudo en la garganta. Sin embargo, la pantalla exige rapidez, claridad y firmeza, y uno aprende a contener ese dolor para no mostrarlo en público; aunque no siempre pude contenerme y me desbordé en vivo.
Al llegar a casa, intento que ese impacto no se convierta en una sombra para mi familia. Claro que sufro por dentro, pero me esfuerzo por separar los espacios: en la pantalla soy periodista, en casa soy madre, hija y esposa.
- BOL: Tienes tres hijos en diferentes etapas de crecimiento. ¿Cómo definirías tu estilo de maternidad? ¿Eres la mamá reflexiva, la estricta, o la que aprende sobre la marcha?
- MD: Ser madre de tres niños pequeños me ha mostrado que la maternidad es un camino lleno de matices. No hay una sola manera de definirla: hay días en los que intento ser reflexiva y darles guía, otros en los que debo ser estricta para marcar límites, y muchos en los que simplemente aprendo junto a ellos, equivocándome y corrigiendo sobre la marcha.
No siempre ha sido fácil. El cansancio, la rutina y los problemas externos a veces me han hecho sentir que fallaba, que no estaba a la altura de lo que ellos merecen. Hubo momentos en los que lloré a solas, con la sensación de no hacerlo bien. Mi estilo de maternidad es imperfecto, humano, lleno de intentos y aprendizajes.
- BOL: Ser figura pública implica que mucha gente opine. ¿Cómo proteges la privacidad y la infancia de tus hijos frente a la exposición mediática?
- MD: Eso lo acepto como parte de mi trabajo. Pero cuando se trata de mis hijos, soy muy consciente de que su infancia merece protección. En redes sociales comparto mucho contenido con ellos, pero siempre sano, divertido y propio de niños. Nos gusta mostrar una familia real, con momentos de juego, risas y complicidad, porque creo que también es importante que la gente vea que detrás de la pantalla hay una madre y unos hijos viviendo con autenticidad.
Al mismo tiempo, cuido mucho que lo que se muestre nunca vulnere su inocencia ni los exponga a situaciones que no les corresponden.
- BOL: Siempre se habla del "instinto maternal", pero poco de las crisis. ¿Cuál ha sido tu momento más desafiante y qué te enseñó sobre ti misma?
- MD: Para mí, el momento más desafiante fue vivir mis embarazos y la lactancia trabajando en televisión. Estuve en pantalla hasta el último tiempo de gestación; mes y medio antes salí con baja médica, nacieron mis hijos por parto natural y apenas un mes y medio después ya debía volver al trabajo. Esa es una de las experiencias más dolorosas que he tenido. La lactancia también fue un reto enorme. Con mis dos últimos hijos sufrí mastitis, un dolor que supera incluso al del parto.
Volver a trabajar en medio de ese proceso fue devastador, porque una intenta ser la “supermamá”, pero la realidad es que es muy difícil. Ese desafío me enseñó dos cosas sobre mí misma: que tengo una fortaleza que desconocía porque logré seguir adelante pese al dolor y la angustia, y que también tengo cicatrices emocionales que me recuerdan que las madres necesitamos más apoyo. Creo que es un tema que debería cambiar en nuestro país: ninguna madre debería tener que dejar a su bebé de apenas mes y medio para volver al trabajo; debemos luchar por condiciones más humanas para todas las mujeres.
- BOL: En el periodismo los horarios suelen ser sacrificados. ¿Cómo te organizas con tres niños pequeños y cómo haces para derribar esa presión social del "equilibrio perfecto"?
- MD: Mi día empieza a las 4:30 de la madrugada y termina tarde en la noche con el noticiero central. En medio de todo eso, me convierto en mamá a tiempo completo: llevo y traigo a mis hijos a clases y actividades, y trato de estar siempre presente. No lo hago sola, cuento con la ayuda de mi esposo y de personas de confianza, porque sin apoyo sería imposible.
Existe una fuerte presión social hacia las mujeres para que sean exitosas en el trabajo y perfectas en el hogar, pero ese equilibrio perfecto es un mito que muchas veces solo genera culpa. Yo misma me he sentido sobrepasada y saturada, porque los horarios del periodismo son extremos y la maternidad exige estar siempre presente. Aun así, lo vivo como una bendición: tener trabajo y familia me recuerda que, aunque el camino sea duro, estoy construyendo algo valioso.
Especial
Gabriela Oviedo: «Nunca es tarde para volver a empezar; las mujeres tenemos una capacidad inmensa de aprender y reconstruirnos”
- BOL: Tus hijos ya son adolescentes o jóvenes. ¿Cuál es el mayor desafío de criarlos en esta etapa tan compleja?
- GO: Mi hijo menor es adolescente, tiene 15 años, pero mi hija mayor ya es joven, ¡tiene 21! Sin duda alguna creo que el mayor desafío es aprender a soltarlos pero sin dejar de estar presente. La adolescencia y los primeros años de juventud creo que son una etapa en la que ellos necesitan construir identidad, cuestionarlo todo y buscar independencia, pero al mismo tiempo siguen necesitando contención, guía y amor.
Como mamá, uno tiene que encontrar ese equilibrio entre acompañar y no invadir, entre corregir y también escuchar muchísimo más para poder guiarlos y acompañarlos mejor.
- BOL: ¿Cuál es el valor fundamental que nunca ha faltado en la educación de tus hijos?
- GO: El respeto. Respeto hacia ellos mismos, hacia los demás y hacia la verdad. Siempre he creído que una buena autoestima nace también de aprender a tratar bien a las personas, a poner límites sanos y a actuar con coherencia. Más allá de los logros o del éxito, quiero que mis hijos sean seres humanos nobles y conscientes. Que dejen huellas bonitas en el mundo.
- BOL: ¿Qué es lo más importante que has aprendido de tus hijos en estos años?
- GO: He aprendido a mirar la vida con más humildad y más paciencia. Los hijos te obligan a revisarte constantemente. Muchas veces creemos que somos nosotros quienes les enseñamos todo, pero ellos terminan siendo grandes maestros. Gracias a ellos entendí que el amor más puro también es el que más te transforma.
- BOL: ¿Cómo logras equilibrar las exigencias de las pantallas de TV con la crianza de tus hijos sin morir en el intento?
- GO: No siempre fue fácil y creo que es importante decirlo con honestidad. Hubo días de cansancio, de culpa y de sentir que no alcanzaba para todo. Pero aprendí que más importante que la cantidad de tiempo es la calidad de presencia. Intenté que, cuando estuviera con ellos, realmente estuviera con mi atención plena concentrada en ellos. Además, tuve que aprender a organizarme, a pedir ayuda cuando era necesario y a entender que una mamá perfecta no existe.
- BOL: ¿Qué le dirías a las mamás profesionales que hoy luchan contra la culpa de no pasar suficiente tiempo en casa?
- GO: Les diría que no se castiguen tanto. Nuestros hijos también aprenden viéndonos luchar por nuestros sueños, trabajar con pasión y salir adelante. Una mamá realizada emocional y profesionalmente también inspira. La clave no necesariamente reside en estar las 24 horas presentes físicamente, sino en construir vínculos reales, amorosos y seguros con ellos.
- BOL: Si la Gabriela que fue Miss Bolivia te viera hoy como madre, presentadora exitosa y escritora, ¿se reconocería en ti?
- GO: Sí, aunque creo que también se sorprendería muchísimo. Tal vez aquella Gabriela aún no entendía todo el cambio de vida que estaba haciendo en ella misma para sobrellevar esa etapa.
Recuerdo que esa Gabriela soñaba con ser alguien relevante en la sociedad para poder ayudar e inspirar a los demás; sin embargo, creía que lo haría desde el ámbito empresarial sobre la base de la carrera que estudiaba. Nunca se imaginó que años más tarde lo lograría a través de su trabajo en la televisión y publicando libros de desarrollo personal dirigidos a mujeres.
- BOL: ¿Cuál es tu mensaje central para las mamás que buscan reinventarse todos los días?
- GO: Que nunca es tarde para volver a empezar. Las mujeres tenemos una capacidad inmensa de reconstruirnos, aprender y transformarnos. Ser mamá no significa dejar de construirse a sí misma. Al contrario: muchas veces los hijos se convierten en la razón más poderosa para crecer, sanar y atrevernos a construir una mejor versión de nosotras mismas.
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