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Giovanna Rivero es una de las voces más destacadas y singulares de la literatura boliviana contemporánea. Reconocida por su maestría en el cuento y la novela, su obra teje universos donde lo cotidiano se desdibuja para dar paso a lo insólito, adentrándose en las profundidades del Nuevo Gótico Latinoamericano.

Su reciente nominación al Queen Sofía Spanish Institute Translation Prize por "Tierra fresca de su tumba" es solo una muestra del impacto y la resonancia que su escritura ha logrado a nivel internacional.

Actualmente, Giovanna (GR) se prepara para un nuevo capítulo en su trayectoria académica y creativa, al incorporarse en 2026 como docente en el prestigioso MFA de escritura creativa en español en la Universidad de Iowa. Antes de su partida, la revista Boliviana (BOL) tuvo la oportunidad de conversar con ella sobre su fascinante recorrido literario, sus influencias y sus perspectivas sobre el futuro de la literatura en Bolivia.

Giovanna Rivero Dec. 21-4

- BOL: Tienes una trayectoria consolidada como novelista y cuentista. Mirando hacia atrás, ¿qué fue lo que te impulsó inicialmente a dedicarte a la escritura, y cómo ha evolucionado tu relación con el oficio?

- GR: El amor por la lectura y el modo en que la ficción me llevaba a territorios y escenarios lejanos a mi vida dejó una huella fundamental en mí. Crecí en una tribu lectora y esa infancia de revistas y libros compartidos fue el terreno de cultivo para que el deseo de crear buscara las formas de manifestarse.

Publiqué mi primer libro muy joven, lo que no siempre es aconsejable, pero esta experiencia me hizo comprender desde muy temprano que el arte de la literatura exige un compromiso profundo, pues no siempre el camino es fácil o abierto y una tiene que seguir apostando por lo mejor que pueda dar tu escritura y tu imaginación más allá de las gratificaciones.

- BOL: ¿Cómo ha influido tu formación académica en tu propia práctica literaria?

- GR: Para resumir un poco mi camino académico, debo decir que emigré a Estados Unidos gradualmente, sin que al comienzo hubiera un plan muy claro sobre mi destino. Inicialmente completé una maestría en literatura gracias a una beca Fulbright.

Regresé a Bolivia el año 2009 con el deseo de quedarme, pero el horizonte se me bifurcó, de modo que volví a Estados Unidos para completar un doctorado en literatura hispanoamericana en la University of Florida.

A partir de ahí, aprendí a equilibrar las formas de ejercer la lectura. La disciplina que reclama la dinámica del conocimiento académico también, de cierta manera, me ayudó a poner en orden mis lecturas, ideas e intuiciones. Sin embargo, yo intento que ese rigor siempre respete la libertad y la entropía de mi dimensión creativa literaria.

Por otra parte, hasta hace relativamente poco estuve coordinando talleres de escritura, una actividad que comencé por cuenta propia desde la pandemia y que me regaló hermosos frutos. En enero de 2026, mi familia y yo nos mudaremos a Iowa, pues allí comenzaré a enseñar en el legendario MFA de escritura creativa en español, algo que intentaré honrar de la mejor manera.

- BOL: Tu obra a menudo transita entre lo cotidiano y lo insólito, lo real y lo fantástico, explorando el Nuevo Gótico Latinoamericano. ¿Qué te atrae de explorar esos límites en tu escritura?

- GR: Desde que empecé a escribir, hace ya muchos años, el llamado que me hacía el borde de lo sobrenatural era irresistible. Crecí escuchando leyendas bolivianas que nada tienen que envidiarle al gótico clásico, pues en nuestras historias también perviven revenants, viudas fatales, pactos demoníacos, espacios encantados, venganzas de ultratumba y tantas otras manifestaciones de los temores colectivos universales.

Ese nutriente dejó en mí un interés especial por lo que se aparta del orden de la razón convencional y se mueve en territorios extraños. Con respecto a la construcción de atmósferas, me interesa que lo doméstico conocido experimente un trastorno, a tal punto que nos obligue a mirarnos en un espejo interior con la sospecha o el temor de no reconocernos, de identificar en lo más íntimo el sesgo de lo anómalo.

- BOL: "Tierra fresca de su tumba" ha tenido una recepción excepcional, tanto a nivel nacional como internacional, incluyendo su nominación al Queen Sofía Spanish Institute Translation Prize. ¿Cómo asimilaste o procesaste esta gran repercusión?

- GR: Son seis cuentos de mediana a larga extensión, en los que me detuve con absoluta entrega para levantar mundos y personajes que fueran lo suficientemente sólidos como para invitar a quien lee a coexistir con ellos.

Creo que esa demora casi placentera en su escritura es lo que trasciende la página. No los escribí bajo ningún compromiso exterior ni con ninguna prisa. El arte es celoso. Me parece que ese cuidado dio como resultado un tejido literario que los lectores disfrutan.

- BOL: Esta colección de cuentos aborda temas complejos y góticos, inspirados en hechos reales de Bolivia. ¿Cómo fue el proceso de investigación y de transformar esas realidades en ficción?

- GR: Atravesé todo el proceso creativo sin ninguna prisa y sin hipotecar nada del cuento, ni su tiempo, externo e interno, ni su ethos. Las noticias primarias que me inspiraron algunos de los conflictos narrativos me condujeron a investigar más, a leer ensayos sobre esos tópicos, a buscar reportajes.

No todo ese material que investigué aparece en los textos como datos que dan volumen o contextualizan las historias, gran parte de esa información la mantuve en latencia, como background creativo, pero sí creo que le otorgó un pulso más firme a mi escritura.

- BOL: ¿Qué planes o proyectos literarios tienes en mente? ¿Estás trabajando ya en una nueva novela o colección de cuentos?

- GR: Bueno, acaba de publicarse la novela que escribí desde los años pandémicos: Alma oscura del alba. Sale con editorial El Cuervo, en Bolivia, y al año sale con otras editoriales internacionalmente.

También, en Argentina, con editorial Marciana, estamos presentando un nuevo volumen de cuentos: Un resplandor, que reúne textos que publiqué en diversas antologías en los años recientes, en conjunto con algunos inéditos.

- BOL: Desde tu perspectiva y experiencia, ¿qué medidas urgentes y concretas crees que serían fundamentales para fortalecer la literatura en Bolivia?

- GR: Países que tienen un capital literario importante, que constituyen todo un paraguas o un marco referencial para sus escritoras y escritores a la hora de proyectarlos, saben lo fructífero que es contar con políticas culturales que apoyen la producción literaria específicamente.

Se debe mirar, además, el circuito literario completo. Un libro se completa cuando llega a las lectoras y lectores; los clubes de lectura están cumpliendo ahora con una tarea que debería asumir en gran parte el estado.

Y es que leer no es solo un lujo, no debería ser un privilegio, leer literatura debería ser el genoma de toda comprensión y lectura del mundo. Un buen lector de poesía, por ejemplo, está más alerta a la hora de discernir entre verdades y posverdades, pues la poesía lo ha entrenado para entrar en contacto con verdades ulteriores, verdades incorruptibles.

Personajes

Fran Aliss

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El cantautor cochabambino revoluciona la escena con "Ya no tengo tiempo", un tema que se ha vuelto viral, y proyecta la exportación de la música boliviana

El sonido de la música independiente en Bolivia se está reescribiendo con fuerza, y Fran Aliss (FA) se ha consolidado como uno de sus protagonistas principales.

Con una propuesta que equilibra la frescura del indie pop y honestidad lírica, el cantautor cochabambino ha logrado conectar con una generación que busca autenticidad en cada acorde. Sus canciones ya no solo resuenan en los auriculares locales, sino que empiezan a trazar una ruta internacional que rompe los esquemas tradicionales.

Su más reciente lanzamiento, "Ya no tengo tiempo", se ha convertido rápidamente en un fenómeno tanto en plataformas de streaming como en tendencias virales de redes sociales. En esta entrevista con la revista Boliviana (BOL), Aliss desglosa el proceso detrás de su nuevo éxito y las ambiciosas metas que guían su camino este 2026.

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- BOL: ¿Cómo nace tu nueva canción "Ya no tengo tiempo"?

- FA: Un día me levanté y tenía la melodía de la intro en bucle en mi mente. Le puse acordes y ritmo ese mismo día. Se podría decir que la idea vino a mí, yo solo tuve que ejecutarla. La letra nace de la frase ‘ya no tengo tiempo’, que era una frase que escribí porque quedaba bien con la melodía, luego fue que le di el sentido a la temática en la canción completa.

- BOL: La letra dice con mucha fuerza "ya no tengo tiempo, ya no tengo energía". ¿Por qué decidiste cantarle a ese punto de quiebre en las relaciones?

- FA: Decidí cantarle a esto porque es algo que me sucedió y que nunca había escuchado en una canción antes. Era algo que tenía guardado en mí hace tiempo y recién tuve la claridad mental para poder hacerlo bien.

- BOL: ¿Cómo fue el proceso en el estudio para lograr ese sonido pop e indie tan limpio?

- FA: La canción fue producida en el estudio de la Boliganga, con una guitarra de cuerdas nailon súper antigua (o como yo le digo, guitarra de guerra). Para lograr esta canción me basé en experiencias pasadas de canciones mías que ya habían funcionado bien, en este caso específico la canción ‘Bajo presión’ fue mi referencia sonora. Además, la canción suena así de limpia y compacta gracias al gran trabajo de mezcla del productor de la casa, Jan-Ivo Söchtig.

- BOL: ¿Qué tal ha sido la respuesta de tus seguidores con el estreno del videoclip?

- FA: Tremenda, el video hizo gran trabajo en YouTube y TikTok también. Hemos recibido miles de comentarios apoyando, y la verdad que es un sentimiento muy lindo. El trabajo que hicimos junto a los chicos de ABF (la productora del videoclip) fue genial. Estoy muy agradecido con el público por todo.

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- BOL: La canción ha recibido mucho apoyo en las redes. En TikTok incluso hubo trends. ¿Qué te pareció esa reacción?

- FA: Es la reacción soñada de cualquier artista emergente, decenas de miles de posts usando la canción. Es increíble cómo TikTok mueve tanta gente. TikTok es una parte central de la difusión de la música, es algo a lo que le dedicamos tiempo y pensamiento estratégico. Ver que todo ha resultado así es increíble. Es muy interesante cómo una red social puede cambiar tu vida.

- BOL: En tus últimos proyectos visuales muestras una Cochabamba muy moderna y vanguardista. ¿Qué tan importante es para ti exportar esa imagen de la ciudad?

- FA: Cochabamba es un lugar muy especial para mí, y siento que hay cosas de nuestra cultura que no son tomadas en cuenta al momento de difundir la región. Cochabamba es mucho más que solamente buena gastronomía, Cochabamba es una capital del movimiento artístico como lo es del entretenimiento.

Hay mucho estilo bohemio y mucha mística de la cual no se habla. También somos una ciudad bien cuidada. Es un lugar que merece difusión y por eso aprovecho de hacerlo cuando tengo la oportunidad.

- BOL: Has mencionado antes tus ganas de experimentar con ritmos bolivianos como el taquirari o el caporal. ¿Ya se viene algo de esa fusión en tus próximas canciones?

- FA: He estado estudiando la música boliviana y tengo muchas ganas de jugar con esos ritmos tan geniales y únicos. Ya tengo un par de maquetas con ritmos bolivianos, pero probablemente no vean la luz hasta los últimos meses de este año.

- BOL: Este año has estado muy activo lanzando sencillos como "Siempre", "Solo para verte" y ahora este estreno. ¿Se viene un álbum completo o un EP para los próximos meses?

- FA: Este año pienso enfocarme en sencillos, una vez me encuentre consolidado, me encierro en el estudio a producir el álbum. Para mí un álbum es un proyecto serio, y debe ser algo que se hace muy meticulosamente. Probablemente el próximo año salga con un álbum, mi idea es que ese álbum deje una huella en nuestra cultura.

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- BOL: Hace poco comentaste en tus redes que extrañas los escenarios. ¿Cuándo vuelves a tocar en vivo con una gira y qué ciudades planeas visitar pronto?

- FA: Después del lanzamiento de ‘Ya no tengo tiempo’ oficialmente he vuelto a los escenarios (¡Al fin!). He comenzado con Santa Cruz y tuve dos fechas increíbles en mi querida Cochabamba. Tengo muchas ganas de tocar en La Paz ya que siempre que voy la paso genial. Quisiera tocar en todos los departamentos del país, y luego ver de armar shows en países vecinos.

- BOL: Después de haber llevado tu música a escenarios de Buenos Aires y España, ¿cómo ves el crecimiento de la escena indie boliviana hacia el exterior?

- FA: Creo que en Bolivia recién está comenzando todo esto del indie. En mi experiencia en otros países me he dado cuenta que el indie es uno de los géneros más populares del momento, es por eso que creo que el indie es uno de los mejores caminos para exportar nuestra música nacional.

- BOL: ¿Cuál es el siguiente paso o la meta más importante que quieres cumplir en lo que queda de este año?

- FA: Tengo tres metas clave. Este año quiero lograr tocar en todos los departamentos de nuestro país, alcanzar 300.000 oyentes mensuales en Spotify y dar al menos un show fuera de Bolivia.

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Personajes

Forjador de futuro: Kristof Henningsson es un emprendedor que superó la pobreza extrema en su natal Oruro y hoy conecta a Bolivia con el mundo tecnológico

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Kristof Henningsson Reyes (KHR) no es el típico empresario que nació en cuna de oro, aunque su apariencia y apellido sugieran lo contrario. Nacido en Oruro y radicado en Suecia, este joven de 28 años tiene una historia de contrastes profundos: desde caminar por las calles bolivianas sin tener 20 bolivianos para comer, hasta liderar proyectos tecnológicos que hoy conectan a Bolivia con el mercado laboral global.

​En esta charla con la revista Boliviana (BOL), Henningsson revela que su verdadera ambición no es acumular ceros en una cuenta bancaria, sino "moverle la vida" a quienes, como él en su momento, solo necesitan una oportunidad. A través de su academia, busca que el inglés deje de ser un privilegio de élite para convertirse en la herramienta que saque a miles de bolivianos de la precariedad económica mediante el empleo remoto y la capacitación técnica.

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​- BOL: Para quienes aún no conocen tu trayectoria, ¿quién es Kristof Henningsson Reyes y qué es lo que realmente lo mueve?

- ​KHR: Soy una persona muy humilde que experimentó momentos de la vida muy diferentes. Kristof conoce lo que es realmente la pobreza máxima; mucha gente tiene la percepción de que, por ser "choquito" de ojos verdes o tener padres que han tenido mucho, me han dado todo en bandeja de plata. No es así. Conocí a mis padres a los 18 años y siempre elegí el camino del trabajo, el estudio y el deporte.

Soy una persona extremadamente ambiciosa en el buen sentido: quiero lograr cosas grandes que transformen no solo la vida de mi familia, sino la de mi gran familia que es Bolivia. Estoy dispuesto a sentarme en la mesa con quien no tiene nada y con quien lo tiene todo, actuando siempre de la misma manera genuina e íntegra.

- BOL: Radicas en Suecia, pero tus ojos y tus inversiones siempre vuelven a Bolivia. ¿Cómo es tu ritmo de vida actual entre ambos mundos?

- ​KHR: Mi base natural es Suecia, pero tengo la bendición de viajar entre 200 y 260 días al año; prácticamente vivo en un avión. Desde el 2024 no he parado de viajar por negocios, pero muchos de mis emprendimientos se enfocan en dar empleo a los bolivianos.

Creo firmemente que nosotros debemos iniciar el cambio en nuestro país; no podemos esperar que un extranjero lo haga por nosotros si nosotros no damos el primer paso primero.

​- BOL: Hablemos de educación. Muchos ven el inglés como un lujo, pero tú planteas la "democratización" del idioma. ¿Qué ofrece tu programa que sea diferente al resto?

- ​KHR: Lo primero es la democratización: accesibilidad combinada con calidad internacional. No solo enseñamos inglés desde el nivel A1 hasta el C2; ofrecemos tres meses de preparación para el examen TOEFL y un mes de capacitación en empleabilidad.

Queremos que nuestros estudiantes no solo hablen el idioma, sino que sepan vender sus servicios como freelancers al exterior para generar una inyección económica directa al país. Además, garantizamos pasantías en empresas mías y de mis socios en Mónaco, Inglaterra y Estados Unidos para los estudiantes que se destacan.

​- BOL: Es notable el impacto social de tu academia, especialmente con los costos bajos. ¿Qué sucede con aquellos que ni siquiera pueden pagar esa mínima cuota?

- ​KHR: Me ha pasado recientemente con estudiantes que no pueden pagar ni los 98 bolivianos al mes. Mi política es clara: nunca le voy a decir a un boliviano que no puede estudiar por falta de dinero. Les digo que sigan adelante, que nosotros cubrimos los costos hasta que puedan pagar.

No se los doy gratis, porque lo que no cuesta no se valora, pero les permito pagar cuando puedan con la única condición de que no dejen de esforzarse. No me mueve el dinero de las inscripciones; me mueve la posibilidad de cambiarle la vida a la gente.

​- BOL: Has mencionado que la fe y las pruebas difíciles han forjado tu carácter. ¿De dónde viene esa fortaleza que transmites al hablar?

- ​KHR: La vida me enseñó temprano. Recuerdo caminar con mi abuelita en Oruro; no teníamos ni 20 bolivianos para comer y nos rechazaron un préstamo en una caseta de dulces y en un radiotaxi. Minutos después, mi hermana se encontró justamente 20 bolivianos en el suelo. Desde ahí creo profundamente en Dios. He vivido la riqueza y la pobreza extrema, y ambas son necesarias si sabes aprender de ellas. El sufrimiento te da la experiencia que la comodidad te niega.

​- BOL: Tienes solo 28 años. A esta edad muchos apenas están comenzando, pero tú ya hablas de dejar un legado. ¿Cómo te ves a los 50 años?

- KHR: Te soy muy honesto: no sé cómo estaré físicamente, pero mi sueño es que, cuando tenga hijos, la gente les diga: "Gracias a tu padre pude estudiar sin tener recursos y pude superarme". El éxito económico y la imagen pública son premios secundarios. Mi propósito es ayudar. A los 50 me veo dándole gracias a Dios por haberme permitido ser un puente para los demás y espero estar en paz en una Bolivia mejorada, donde mis hijos puedan vivir tranquilos.

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- BOL: ¿Qué mensaje final le dejas a los jóvenes bolivianos?

- ​KHR: Que no se rindan nunca. La vida es difícil para todos, no hay excepciones. Las pruebas divinas son para llevarte a un lugar mejor. Prepárense, adquieran conocimiento y, sobre todo, manténganse sanos. Aléjense de los vicios y las drogas.

Yo no soy perfecto, fallo todos los días, pero trato de aprender de mis errores. La persona sana es la que aprende de las caídas ajenas. La vida no está en contra de ustedes; está a su favor si están listos para aprovechar las oportunidades.

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Valentina Wehbe: Argentina de nacimiento y boliviana por elección, “Ser real es el contenido más valioso en un mundo de apariencias”

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Creció a la vista de todo un país. Desde sus primeros pasos en Chicos Station hasta convertirse en una de las figuras más influyentes de las redes sociales y el streaming en Bolivia, Valentina Wehbe (VW) ha transitado un camino de maduración constante.

​En esta entrevista con la revista Boliviana (BOL), Valentina se desprende de los filtros para hablar sobre la presión de la perfección, el peso de la salud mental y sus sueños más profundos, que incluyen desde la actuación hasta el anhelo de formar su propia familia. Una conversación directa con la mujer que aprendió que "ser real" es el contenido más valioso que se puede ofrecer.

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​- BOL: Naciste en Argentina pero creciste en Bolivia, ¿te sientes más boliviana que argentina o es una mezcla de las dos ciudadanías?

- VW: Es una mezcla, pero mi corazón está muy en Bolivia. Nací en Argentina, pero crecí acá, así que cuando me preguntan, muchas veces digo que soy de aquí, porque así lo siento. Es como elegir entre una milanesa o un buen majadito… difícil, pero el que te acompaña todos los días termina ganando (risas). Bolivia es mi casa, donde me formé y donde está mi historia, y por eso le tengo una gratitud enorme. Argentina es mi raíz… pero Bolivia es donde aprendí a florecer.

​- BOL: Empezaste en la tele desde muy chiquita, ¿fue difícil para ti dejar de ser "la niña de la tele" para que la gente te vea como una mujer adulta?

​- VW: Sí, fue un proceso… y de los largos. Pasar de “la niña de la tele” a mujer no es algo que la gente te concede automáticamente, es algo que una va construyendo y dejando claro con el tiempo.

Hubo momentos en los que sentía que tenía que rendir examen todo el tiempo, como diciendo: "Hola, crecí". Pero también fue muy formador. Me obligó a pararme firme, a confiar en mi voz y a dejar de pedir permiso para ocupar mi lugar.

​- BOL: ¿En algún momento llega a ser cansador tener que estar subiendo contenido todo el tiempo?

- VW: ¡A veces sí! Hay días en que decís: "¿En serio tengo que grabar hoy?" (risas). Pero también es parte del juego. Lo que me ayuda es no tomarme tan en serio cada publicación; no todo tiene que ser perfecto ni viral. A veces lo más simple conecta más con la gente, y eso me quita un poco la presión.

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​- BOL: Ahora que hiciste streaming, ¿qué prefieres: la libertad de las redes o la estructura de la televisión?

​- VW: Uy, qué difícil. Me gustan mucho las dos, pero por razones distintas. Las redes tienen una libertad increíble y una cercanía que valoro muchísimo; me permiten conectar de una forma más directa y espontánea.

Pero yo empecé en la televisión cuando todo esto no existía, y hay algo de ese formato que me marcó para siempre. La tele tiene una estructura, una mística y un respeto por el oficio que para mí no tiene comparación. A la televisión siempre le voy a tener un cariño especial, fue mi primera escuela.

​- BOL: Siempre hablas de ir a terapia y cuidar la mente, ¿qué es lo más difícil de mostrarse real en un mundo (Instagram/TikTok) donde todo parece perfecto?

​- VW: Creo que lo más difícil de mostrarse real en un mundo donde todo parece perfecto es animarse a no encajar en esa perfección. Hay una presión constante por mostrar solo lo lindo, lo ordenado, lo que "funciona", y ser honesta a veces implica incomodar un poco, incluso a una misma.

La terapia me ayudó a algo muy humano: a no ser tan dura conmigo misma, a entender mis procesos y a tratarme con más paciencia. También me enseñó que quien está herido, muchas veces termina hiriendo, y eso cambia la forma en la que te relacionas con los demás y con lo que eliges mostrar. Para mí, ser real no es contar absolutamente todo, sino ser coherente con lo que soy.

​- BOL: ¿Hay cosas de tu vida privada que has decidido no mostrar nunca en redes sociales? ¿Cuáles?

​- VW: Sí, totalmente. Hay partes de mi vida que prefiero que se queden en modo "solo para mí". Mis vínculos más cercanos, momentos familiares… y, siendo honesta, mis días caóticos también, porque si los subiera perdería un poco de dignidad (risas).

Comparto bastante, pero aprendí que no todo tiene que ser contenido. Hay cosas que se disfrutan más fuera de cámara y otras que definitivamente es mejor que no tengan archivo.

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​- BOL: ¿Cuál es ese sueño profesional y personal que todavía te da un poco de miedo cumplir pero que te mueres por lograr?

​- VW: No sé si lo llamaría miedo, pero sí es un sueño que me mueve mucho. En lo profesional, me encantaría presentar un programa estelar en un canal a nivel nacional y además me encantaría grabar una serie. La actuación es algo que muchas veces postergué o no prioricé, pero que siempre estuvo ahí, latente.

Y en lo personal, tengo sueños muy claros también; he tenido la suerte de viajar mucho y conocer varios lugares, sin embargo, me queda un pendiente que es conocer París. Y otro: formar mi familia. Sueño con ser mamá, pero bueno, creo que está más cerca hacer las maletas para Francia (risas).

​- BOL: ¿Qué es lo que más te molesta que la gente piense o diga sobre el trabajo de los influencers en Bolivia?

​- VW: Hay una responsabilidad enorme en tener una plataforma. Cada cosa que comunicas moldea opiniones, inspira decisiones, llegas a personas que te ven como referente. Y para llegar a ese momento en el que subes el contenido, pasaste por un proceso completo: investigar, idear, crear, innovar, producir. Es un trabajo que exige tanto como cualquier otro, solo que el producto final parece "fácil" —y eso es justamente señal de que está bien hecho—.

​- BOL: Si mañana borraras todas tus redes y te alejaras de las cámaras, ¿quién sería Valentina Wehbe en su día a día?

​- VW: Creo que sería la misma, solo que con menos filtros… en todo sentido (jajaja). Soy muy sensible, muy de sentirlo todo, así que eso no cambiaría aunque desaparezcan las cámaras. Quizás estaría haciendo teatro, imitando las voces de la gente (los que me conocen saben que lo hago hace años), o quizás abriendo un local de ropa, o trabajando en una guardería (amo a los niños). Al final, lo visible cambia, pero lo que soy —para bien o para mi intensidad— viene conmigo.

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