Bicentenario: 200 años de la independencia boliviana: hitos históricos, desafíos presentes y el camino hacia la unidad nacional
En el Bicentenario de Bolivia, nos encontramos ante una oportunidad única para reflexionar sobre los cimientos de nuestra nación y proyectar su futuro. Para desentrañar las complejidades de este proceso histórico y su resonancia en el presente, conversamos con el reconocido historiador boliviano Norberto Benjamín Torres.
Con una visión profunda y crítica, el historiador invita a ir más allá de lo meramente ceremonial, proponiendo una relectura de los hechos que forjaron la identidad boliviana.
Hechos y liderazgos
Profundizando en los factores que llevaron a la independencia de Bolivia en 1825, Torres destaca una serie de elementos críticos. Cuestiona el desempeño de los ejércitos auxiliares enviados desde Buenos Aires, señalando que "durante la guerra de independencia, el desempeño de los ejércitos auxiliares enviados desde Buenos Aires fue muy cuestionado. No vinieron a 'auxiliar' a los habitantes de Charcas. Las instituciones eclesiásticas, académicas y gobierno locales, fueron intervenidos y saqueados por estas tropas".
A esto se suma la contribución del propio ejército realista al deseo de independencia. Sin embargo, el punto de inflexión fue el decreto del 9 de febrero de 1825, que convocó a una Asamblea Deliberante. Ahí, los diputados se pronunciaron a favor de la independencia, porque consideraron que "era lo más conveniente para todos los habitantes".
Sobre la interacción entre los diferentes liderazgos y movimientos en la construcción de la independencia, Torres describe una dinámica interesante entre los comandantes de las llamadas republiquetas. "Entre ellos había un nivel de comunicación y coordinación que les permitía conseguir triunfos contra el ejército realista". Sin embargo, contrasta esta colaboración con la "comandancia general" a cargo de militares designados desde Buenos Aires, que en muchas ocasiones "disponían y ordenaban despóticamente".
El rol de la Real Audiencia de Charcas en el proceso independentista, según Torres, se vio significativamente disminuido. "La Real Audiencia de Charcas, desde 1815 se trasladó a Oruro para poder trabajar de manera normal, pero no pudieron pronunciarse en los numerosos juicios que atendían porque, a partir de 1820, solo contaban con un solo oidor".
Además, la institución sintió directamente el cambio político: "Por ejemplo, se llamó entonces Audiencia Gobernadora, cuando se produjo la Revolución del 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca. Era Audiencia Constitucional, cuando los constitucionalistas se impusieron a los absolutistas que apoyaban a Fernando VII; y Audiencia Nacional en años previos a la declaración de Independencia". Todo esto llevó a una merma de su poder político e influencia.
En cuanto a si la independencia de Bolivia cumplió con las aspiraciones de todos los sectores sociales, Torres ofrece una respuesta matizada: "De manera relativa. Por ejemplo: los que eran esclavos, se favorecieron con disposiciones legales que les daba libertad; los hacendados y grandes terratenientes sufrieron con el nuevo régimen impositivo, al que no estaban acostumbrados; los indígenas y las mujeres, no logran mayor inclusión social…".
En síntesis, señala, "la independencia favoreció a algunos sectores vinculados al poder político. Una gran mayoría necesitó tiempo para adaptarse al nuevo régimen".
Efectos de la independencia
La independencia boliviana, al ser Bolivia el último país en lograr su autonomía y crear un nuevo Estado, influyó decisivamente en la configuración geopolítica sudamericana posindependentista.
Torres señala que esto generó una "tensa relación internacional" con Argentina, Chile y Perú. "Desde 1825, hasta el triunfo del ejército boliviano en la batalla de Ingavi (1841) los ejércitos de los países limítrofes invadieron el territorio nacional con la pretensión de quedar con alguna porción porque la consideraban suya, aprovechando la falta de una seria demarcación limítrofe y nula cartografía porque no había hasta entonces un mapa oficial de Bolivia".
Al establecer paralelos con otros países sudamericanos, Torres destaca una particularidad boliviana: "A diferencia de otros países sudamericanos, que después de haber declarado su independencia ingresaron en periodo de guerra civil; en Bolivia se comenzó a estructurar las primeras instituciones estatales, se definió la división política del territorio nacional".
Esta característica, subraya, debe ser valorada porque "a pesar de las diferencias existentes, Bolivia comenzó a caminar su vida republicana lentamente…".
El legado de bolívar y sucre
El legado de figuras como Bolívar y Sucre en la consolidación de Bolivia fue, para Torres, "vital para establecer las bases del nuevo Estado". Ambos líderes "consolidaron el sistema legislativo con decretos y leyes fundamentales, como la primera Constitución Política del Estado (1826), que permitieron la vida democrática y la participación política de los departamentos a través de sus representantes".
Con el tiempo, ese ideal se fue profundizando hasta lograr una mayor participación política con los nuevos actores que dieron lugar a la creación del Estado Plurinacional.
Finalmente, sobre cómo la historia de la independencia boliviana puede contribuir a los desafíos de integración en la Sudamérica actual, Torres propone el reconocimiento de figuras históricas que, aunque nacidas fuera del actual territorio boliviano, dejaron una huella profunda. Menciona el caso de "Ignacio Warnes, militar nacido en Buenos Aires pero que dejó su impronta en Santa Cruz de la Sierra hasta convertirse en prócer".
También, la actuación del abogado chuquisaqueño "José Mariano Serrano, que, en 1816, participó en el Congreso de Tucumán como diputado por Charcas, fue secretario y redactor del acta firmada el 9 de julio y que es considerada el acta de independencia de la Argentina".
Por último, la hazaña del Gral. José de San Martín al cruzar los Andes, pasar a Chile y dirigirse a Perú para lograr su independencia en 1821.
Para Torres, en esos ejemplos surge el desafío: aprender de la perspectiva "americana" que tenían estos personajes, que no se consideraban meramente "argentino" o "boliviano", sino "americanos". "Debemos aprender ese legado y la perspectiva que tenían respecto a la integración", concluye, resaltando que ese es el camino crucial para la integración regional en la actualidad.
Especial
«PUNCH»: El monito bebé que sobrevive en un zoológico de Japón gracias a un amigo de felpa
En el zoológico de la ciudad de Ichikawa, a las afueras de Tokio, se vive una de las historias más conmovedoras de la fauna japonesa. Punch, un bebé macaco de apenas siete meses, se ha convertido en el protagonista absoluto del recinto tras ser rechazado por su madre poco después de nacer.
El abandono, que el cuidador Kosuke Shikano atribuye al estrés causado por el calor extremo del pasado julio, dejó al pequeño primate en una situación crítica de vulnerabilidad física y emocional.
Para los macacos japoneses, el contacto constante con el pelaje materno es fundamental para desarrollar fuerza en sus extremidades y sentirse protegidos.
Ante la ausencia de su progenitora, los responsables del parque buscaron alternativas desesperadas para que el pequeño pudiera aferrarse a algo. Tras probar sin éxito con toallas enrolladas, finalmente introdujeron un gran muñeco de orangután de brazos largos y pelo naranja.
El éxito fue inmediato: Punch adoptó al peluche como su nuevo refugio, arrastrándolo por todo el hábitat a pesar de que el juguete es considerablemente más grande que él.
Esta curiosa pareja no solo ha captado la atención de los científicos, sino que se ha vuelto un fenómeno viral que atrae a multitudes. Visitantes como la enfermera Miyu Igarashi confiesan que ver el esfuerzo de Punch por salir adelante, a pesar de su soledad inicial, es lo que les motiva a visitar el centro.
Superando el abandono
Las redes sociales han servido de escaparate para mostrar cómo este pequeño "huérfano" lucha por integrarse en su comunidad mientras mantiene a su amigo de felpa firmemente sujeto.
El proceso de socialización ha sido complejo, ya que en un principio los otros monos lo rechazaban y evitaban interactuar con él durante los juegos. Sin embargo, las noticias más recientes son alentadoras.
En videos captados recientemente, se observa cómo el pequeño empieza a ganar la confianza de la manada; algunas hembras mayores ya permiten que se siente a su lado, marcando el inicio de su aceptación definitiva.
Según Shikano, llegará el día en que la seguridad que hoy le brinda su muñeco sea reemplazada por el vínculo real con sus congéneres, permitiéndole finalmente soltar su refugio de trapo.
Especial
Carnaval: En las distintas regiones de Bolivia se vive una explosión de cultura, tradición y diversidad
El Carnaval en Bolivia es una de las festividades más coloridas y arraigadas del país, donde la música, la danza, las tradiciones ancestrales y la devoción religiosa se entrelazan en una celebración que dura varios días y que varía según la región.
Esta festividad, que tiene sus raíces en la época prehispánica, es una muestra de la rica diversidad cultural de Bolivia.
El Ministerio de Turismo lanzó oficialmente los Carnavales de Bolivia 2026, como un patrimonio cultural intangible y atractivo turístico muy importante. Es una expresión viva de la cultura popular, presente en todas las regiones del país desde Oruro, Santa Cruz, Tarija, La Paz, Potosí, Beni, Cochabamba, Pando a Sucre.
Para el Gobierno, el Carnaval impulsa la economía al movilizar gastronomía, transporte, hotelería y entretenimiento, generando empleo. Solo el Carnaval de Oruro aporta el 67% de los ingresos turísticos de la temporada.
1. Carnaval de Oruro
El Carnaval de Oruro, declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco en 2008, es el más famoso y concurrido de Bolivia.
Esta celebración, que tiene lugar en la ciudad de Oruro, se caracteriza por la majestuosidad de sus danzas, la riqueza de sus trajes y la devoción a la Virgen del Socavón, patrona de los mineros.
La entrada del Carnaval de Oruro, que es el evento principal de la festividad, es un desfile de miles de bailarines y músicos que recorren las calles de la ciudad durante más de 20 horas, mostrando la diversidad de danzas y tradiciones de las diferentes regiones de Bolivia.
La celebración comienza con el ingreso de la Virgen del Socavón, patrona de la ciudad, que es llevada en procesión por las calles de Oruro. A continuación, las comparsas de bailarines y músicos danzan por las calles, mostrando sus mejores pasos y coreografías.
Entre las comparsas más destacadas se encuentran las "Morenadas", "Caporales" y "Diabladas", cada una con su propio estilo y tradición. Los bailarines, vestidos con trajes coloridos y elaborados, realizan complejas coreografías y pasos de baile que reflejan la riqueza cultural de la región.
2. El renacer del pepino
El Carnaval paceño es una mezcla fascinante entre la mística aymara y la picardía urbana. La fiesta comienza oficialmente con el desentierro del Pepino, un personaje colorido que simboliza la alegría desenfrenada; se dice que el Pepino muere al terminar el Carnaval y vuelve a la vida al año siguiente.
Mientras en las ciudades se vive el Corso Infantil y el Jisk'a Anata con danzas autóctonas como la Mohoseñada, en las zonas rurales y los barrios populares se realizan los "j'allupachas", rituales de agradecimiento a la Pachamama por las lluvias y las cosechas.
3. Potosí y la fe minera
En la Villa Imperial, el Carnaval tiene un tinte social y minero. La celebración más emblemática es la bajada del Tata Q'aqcha, donde los trabajadores de las minas del Cerro Rico descienden hacia la ciudad cargando imágenes religiosas adornadas con platería y minerales.
Es un momento de profunda conexión con el "Tío de la Mina", la deidad que habita el subsuelo, a quien se le ofrecen ch'allas con alcohol y serpentina para pedir protección y abundancia en las vetas de plata.
4. La fiesta grande de santa cruz
En las tierras bajas, el Carnaval es una explosión de energía y elegancia. Se divide principalmente en el Gran Corso, donde las comparsas tradicionales escoltan a su reina en carros alegóricos monumentales, y los tres días de "mojazón" en las calles.
Durante estos días, el centro histórico y los barrios se llenan de música de bandas y tamboritas, mientras la gente juega con pintura y espuma. Es una celebración colectiva donde la jerarquía social se disuelve bajo el agua y el tinte.
5. El carnaval más churo
Tarija ofrece el Carnaval más hospitalario y lírico de Bolivia. Todo empieza con el ciclo de Compadres y Comadres, donde la gente intercambia canastas adornadas con flores, frutas de temporada y tortas de pan para sellar una amistad eterna. En las calles se escucha el sonido melancólico del erque y la caja, mientras los chapacos bailan la rueda tarijeña.
Es un tiempo de coplas improvisadas, donde el ingenio y el humor se mezclan con el aroma de la albahaca y el sabor del vino y el singani.
6. El carnaval de la concordia
Cochabamba se destaca por ser el punto de encuentro nacional con su Corso de Corsos. Al estar en el corazón del país, su Carnaval es una vitrina que resume todas las danzas de Bolivia. Un detalle único es la participación masiva de las fuerzas armadas, cuyos soldados preparan coreografías creativas y disfraces satíricos que parodian películas o eventos actuales.
Además, la gastronomía juega un papel central; el Carnaval no está completo sin un plato de puchero valluno, una sopa espesa y dulce que es el alma culinaria de la fiesta.
7. Chuquisaca y el carnaval típico
En Sucre, se mantiene vivo el "Carnaval de Antaño", una celebración que rescata las tradiciones de la época republicana con estudiantinas que tocan mandolinas y guitarras.
Por otro lado, en las zonas rurales como Tarabuco, se celebra el Pujllay, una danza guerrera y ritual que conmemora la victoria de los indígenas sobre los españoles.
Los danzarines visten cascos pesados y sandalias de madera altas (ojotas) que marcan un ritmo marcial, creando un ambiente de gran solemnidad y orgullo histórico.
8. Carnaval Amazónico
En el norte amazónico, el Carnaval se tiñe del verde de la selva. En el Beni, destacan danzas como la de los Macheteros, con sus imponentes plumajes de paraba, que muestran una herencia mestiza entre lo nativo y lo jesuítico.
En Pando, el clima cálido dicta el ritmo de la fiesta, con comparsas que recorren las calles de Cobija bajo la influencia de los ritmos tropicales y una fuerte integración con la cultura fronteriza, donde la alegría es el idioma común por encima de cualquier límite geográfico.
Tradiciones y costumbres del carnaval boliviano
El Carnaval en Bolivia es una fiesta que va más allá de los desfiles y las danzas. Es una época en la que las familias y las comunidades se reúnen para compartir comidas, bebidas y tradiciones ancestrales. Una de las costumbres más arraigadas es el juego con agua, harina y serpentina, que simboliza la alegría y la renovación.
Otra tradición importante es la "ch'alla", un ritual en el que se ofrece comida, bebida y otros elementos a la Pachamama en agradecimiento por las bendiciones recibidas.
Esta antigua costumbre, que se remonta a la época prehispánica, busca asegurar la fertilidad de la tierra, la prosperidad y la protección.
La ch'alla se realiza con la ofrenda de la q'oa, que se convierte en una forma de comunicación con la naturaleza y con los antepasados. Se realiza con gran respeto y reverencia.
Especial
Truco o Mast’aku: El terror de Halloween y el banquete de las almas viajeras conviven en Bolivia que celebra con fe la fiesta de Todos Santos
Las primeras horas de noviembre traen consigo un aire de misterio y remembranza que se cierne sobre el mundo. Mientras en algunas ciudades la noche del 31 de octubre se llena de calabazas iluminadas y disfraces terroríficos, en Bolivia se prepara un encuentro más íntimo y profundamente simbólico: la festividad de Todos Santos y el Día de Difuntos.
La festividad de Halloween, con sus raíces en el antiguo festival celta de Samhain y su posterior cristianización llegó a Bolivia principalmente a través de la globalización, los medios de comunicación (películas, series, redes sociales) y el comercio. Es una celebración que ha echado raíces sobre todo en los entornos urbanos, donde jóvenes y niños participan en el "truco o trato" y en fiestas temáticas con disfraces.
A pesar de que Halloween crece en popularidad en las ciudades, no ha logrado penetrar la tradición arraigada de Todos Santos. Ambas festividades conviven en un fenómeno de sincretismo cultural selectivo, donde una no necesariamente desplaza a la otra, sino que en gran medida se desarrollan de forma paralela en diferentes contextos sociales, aunque el fervor por la tradición boliviana sigue siendo fuerte, especialmente en el seno familiar.
Conexión con la muerte
La tradición de Todos Santos en Bolivia (1 y 2 de noviembre) es un sincretismo religioso que fusiona las creencias católicas del Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos con la cosmovisión andina prehispánica, que entiende la muerte no como un final, sino como una transición a la vida eterna y un viaje al Ukhu Pacha (mundo de abajo o de las profundidades).
La creencia principal es que las almas o ajayus de los difuntos retornan al mediodía del 1 de noviembre para convivir con sus familiares durante 24 horas, y son despedidas al mediodía del 2 de noviembre. Para este reencuentro temporal, las familias preparan el “Mast'aku” o "Mesa de Todos Santos", un altar lleno de ofrendas cargadas de un profundo simbolismo.
El altar se concibe a menudo en tres niveles, que reflejan la cosmovisión andina: Janaj Pacha (mundo de arriba o celestial); Kay Pacha (mundo terrenal); y Ukhu Pacha (mundo de abajo o de las profundidades).
Cada elemento en la mesa es una herramienta de comunicación o ayuda para el alma visitante. Las t’antawawas, por ejemplo, son quizás el símbolo más representativo. Son panes de dulce con forma humana (a veces llevan un rostro de cerámica o yeso pintado) que representan a la persona fallecida, sirviendo como un "cuerpo prestado" o envase físico para que el alma (musuj alma) pueda residir durante su visita terrenal.
La t'antawawa representa la indivisibilidad cuerpo/alma. Si representan a adultos se les llama achachis (ancianos varones) o awichas (ancianas mujeres).
Las escaleras de pan (o escalera de cuerda) representan el puente o camino por el cual las almas descienden del cielo a la tierra el 1 de noviembre y ascienden de vuelta al mundo de arriba al mediodía del 2 de noviembre. Es un nexo entre lo terrenal y lo celestial.
Los caballitos o llamas de pan actúan como medios de transporte para el alma. En el caso de las llamas, ayudan a cargar las ofrendas que el difunto se llevará al retornar. En tanto, el Sol y la Luna (panes redondos) simbolizan la representación del mundo de arriba y ayudan a alumbrar el camino del difunto, alejándolo de la oscuridad.
Se ofrece también a los difuntos los platos y bebidas que más disfrutaba el difunto en vida (como ají de fideo, cerveza, chicha, o refrescos) para que su espíritu se sienta satisfecho y recordado con amor.
La mesa también cuenta con velas que iluminan el camino de las almas y con flores (retamas, claveles, rosa) que embellecen la ofrenda y, en el caso de las retamas, sirven para ahuyentar a las malas presencias a la llegada del alma.
La cruz es un elemento de sincretismo católico que sirve como puente o escalera para que las almas suban a Dios y es un símbolo de vida. Finalmente, en cuanto a los colores,el morado y el negro simbolizan el luto y el dolor (para adultos), mientras que el blanco, celeste y rosado se usan para las almas de los niños, conocidos como "angelitos".
La despedida
La culminación de la tradición boliviana se da el mediodía del 2 de noviembre. Tras 24 horas de oraciones, cantos, rezos y compañía, la familia procede al "plateo" o "recogimiento" de la mesa, un ritual de compartir las ofrendas. Los rezadores y visitantes que ayudaron a rezar por el alma reciben parte de la comida y las masitas (panes y dulces) para que el difunto se lleve consigo las oraciones y el amor de sus familiares.
Finalmente, la familia acude al cementerio para desarmar simbólicamente el altar, llevar las flores y los elementos al camposanto, y despedir al alma con cantos y rezos, asegurándose de que el espíritu retorne al cielo,hasta el siguiente año.
Esta tradición resalta el valor de la memoria familiar y la creencia de que, a través del Mast'aku, la vida y la muerte se unen en un ciclo continuo de respeto y amor.
Contrastes
- Halloween tiende a centrarse en el misterio, el terror y la diversión, buscando en sus orígenes ahuyentar a los malos espíritus con imaginería de monstruos, brujas y calaveras. Es una fiesta de consumo y espectáculo.
- Todos Santos y Día de Difuntos son una tradición que se vive con una profunda reverencia y un sentido de conexión espiritual. Su propósito no es ahuyentar, sino dar la bienvenida y compartir con los seres queridos que han partido, manteniendo viva la conexión familiar y comunitaria.
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