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Las primeras horas de noviembre traen consigo un aire de misterio y remembranza que se cierne sobre el mundo. Mientras en algunas ciudades la noche del 31 de octubre se llena de calabazas iluminadas y disfraces terroríficos, en Bolivia se prepara un encuentro más íntimo y profundamente simbólico: la festividad de Todos Santos y el Día de Difuntos.

La festividad de Halloween, con sus raíces en el antiguo festival celta de Samhain y su posterior cristianización llegó a Bolivia principalmente a través de la globalización, los medios de comunicación (películas, series, redes sociales) y el comercio. Es una celebración que ha echado raíces sobre todo en los entornos urbanos, donde jóvenes y niños participan en el "truco o trato" y en fiestas temáticas con disfraces.

A pesar de que Halloween crece en popularidad en las ciudades, no ha logrado penetrar la tradición arraigada de Todos Santos. Ambas festividades conviven en un fenómeno de sincretismo cultural selectivo, donde una no necesariamente desplaza a la otra, sino que en gran medida se desarrollan de forma paralela en diferentes contextos sociales, aunque el fervor por la tradición boliviana sigue siendo fuerte, especialmente en el seno familiar.

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Conexión con la muerte

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La tradición de Todos Santos en Bolivia (1 y 2 de noviembre) es un sincretismo religioso que fusiona las creencias católicas del Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos con la cosmovisión andina prehispánica, que entiende la muerte no como un final, sino como una transición a la vida eterna y un viaje al Ukhu Pacha (mundo de abajo o de las profundidades).

La creencia principal es que las almas o ajayus de los difuntos retornan al mediodía del 1 de noviembre para convivir con sus familiares durante 24 horas, y son despedidas al mediodía del 2 de noviembre. Para este reencuentro temporal, las familias preparan el “Mast'aku” o "Mesa de Todos Santos", un altar lleno de ofrendas cargadas de un profundo simbolismo.

El altar se concibe a menudo en tres niveles, que reflejan la cosmovisión andina: Janaj Pacha (mundo de arriba o celestial); Kay Pacha (mundo terrenal); y Ukhu Pacha (mundo de abajo o de las profundidades).

Cada elemento en la mesa es una herramienta de comunicación o ayuda para el alma visitante. Las t’antawawas, por ejemplo,  son quizás el símbolo más representativo. Son panes de dulce con forma humana (a veces llevan un rostro de cerámica o yeso pintado) que representan a la persona fallecida, sirviendo como un "cuerpo prestado" o envase físico para que el alma (musuj alma) pueda residir durante su visita terrenal.

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La t'antawawa representa la indivisibilidad cuerpo/alma. Si representan a adultos se les llama achachis (ancianos varones) o awichas (ancianas mujeres).

Las escaleras de pan (o escalera de cuerda) representan el puente o camino por el cual las almas descienden del cielo a la tierra el 1 de noviembre y ascienden de vuelta al mundo de arriba al mediodía del 2 de noviembre. Es un nexo entre lo terrenal y lo celestial.

Los caballitos o llamas de pan actúan como medios de transporte para el alma. En el caso de las llamas, ayudan a cargar las ofrendas que el difunto se llevará al retornar. En tanto,  el Sol y la Luna (panes redondos) simbolizan la representación del mundo de arriba y ayudan a alumbrar el camino del difunto, alejándolo de la oscuridad.

Se ofrece también a los difuntos los platos y bebidas que más disfrutaba el difunto en vida (como ají de fideo, cerveza, chicha, o refrescos) para que su espíritu se sienta satisfecho y recordado con amor.

La mesa también cuenta con velas que iluminan el camino de las almas y con flores (retamas, claveles, rosa) que embellecen la ofrenda y, en el caso de las retamas, sirven para ahuyentar a las malas presencias a la llegada del alma.

La cruz es un elemento de sincretismo católico que sirve como puente o escalera para que las almas suban a Dios y es un símbolo de vida. Finalmente, en cuanto a los colores,el morado y el negro simbolizan el luto y el dolor (para adultos), mientras que el blanco, celeste y rosado se usan para las almas de los niños, conocidos como "angelitos".

La despedida

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La culminación de la tradición boliviana se da el mediodía del 2 de noviembre. Tras 24 horas de oraciones, cantos, rezos y compañía, la familia procede al "plateo" o "recogimiento" de la mesa, un ritual de compartir las ofrendas. Los rezadores y visitantes que ayudaron a rezar por el alma reciben parte de la comida y las masitas (panes y dulces) para que el difunto se lleve consigo las oraciones y el amor de sus familiares.

Finalmente, la familia acude al cementerio para desarmar simbólicamente el altar, llevar las flores y los elementos al camposanto, y despedir al alma con cantos y rezos, asegurándose de que el espíritu retorne al cielo,hasta el siguiente año.

Esta tradición resalta el valor de la memoria familiar y la creencia de que, a través del Mast'aku, la vida y la muerte se unen en un ciclo continuo de respeto y amor.

Contrastes

- Halloween tiende a centrarse en el misterio, el terror y la diversión, buscando en sus orígenes ahuyentar a los malos espíritus con imaginería de monstruos, brujas y calaveras. Es una fiesta de consumo y espectáculo.

- Todos Santos y Día de Difuntos son una tradición que se vive con una profunda reverencia y un sentido de conexión espiritual. Su propósito no es ahuyentar, sino dar la bienvenida y compartir con los seres queridos que han partido, manteniendo viva la conexión familiar y comunitaria.

Especial

Anabel Angus: «La maternidad te desnuda el alma; mis hijos me enseñaron que puedo ser vulnerable y fuerte a la vez»

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- BOL: Has hecho de todo en la tele, pero ¿por qué ser mamá de dos pequeños es el desafío que más te ha transformado?

- AA: Ser mamá de dos niños tan pequeños me transformó porque me obligó a conocer una versión de mí que no sabía que existía. En televisión aprendí a improvisar, a resistir la presión, a estar siempre fuerte… pero la maternidad te desnuda el alma. Te enfrenta al cansancio, al miedo, a la culpa y al amor más grande que existe, todo al mismo tiempo.

Santi y Sebas me enseñaron que puedo ser vulnerable y fuerte a la vez. Y también me enseñaron que el éxito ya no se mide solo en rating o proyectos, sino en llegar a casa y escuchar un “mamá”.

- BOL: ¿Cuál es tu secreto para mantener a flote a la Anabel profesional mientras te entregas a la maternidad?

- AA: No sé si tengo un secreto, pero sí aprendí algo importante: dejar de exigirme perfección. Antes quería hacerlo todo impecable. Hoy entiendo que hay días donde soy más mamá y otros donde me toca ser más profesional, y está bien. También aprendí a pedir ayuda, a confiar en mi equipo, en mi familia, en las personas que me acompañan. Y sobre todo, trato de regalarme momentos reales con mis hijos, aunque sean pequeños. Porque al final ellos no recuerdan cuánto trabajaste, recuerdan cómo los hiciste sentir.

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- BOL: En una carrera con horarios tan pesados como la tuya, ¿cómo haces las paces con la culpa de tener que salir a trabajar dejando a los niños?

- AA: Creo que la culpa es una compañera silenciosa de casi todas las mamás que trabajan. Yo la sentí muchísimo. Me ha tocado irme a conducir un programa en vivo mientras uno estaba enfermito o dormir pocas horas porque quería aprovechar cada minuto con ellos.

Pero también entendí algo: trabajar no me hace menos mamá. Al contrario, también les estoy enseñando con el ejemplo a luchar por sus sueños, a ser independientes y apasionados. Lo importante es que cuando estoy con ellos, intento estar de verdad. Sin teléfono, sin distracciones, solo siendo mamá.

- BOL: ¿Qué costumbre de tu propia madre te descubres repitiendo hoy con tus hijos?

- AA: Me descubro muchísimo en pequeños gestos de mi mamá. En la forma de preocuparme si ya comieron, en querer arroparlos aunque haga calor, en preguntar 20 veces si están bien. Mi mamá siempre fue una mujer presente, protectora y amorosa, y ahora entiendo tantas cosas que antes no veía.

Hay frases incluso que me escucho diciendo y pienso: “Dios mío, soy mi mamá”. Y la verdad… me encanta parecerme a ella en eso. Por ejemplo, de mamá también aprendí a criar hijos libres. Ellos juegan en el barro, se ensucian, exploran y yo los dejo ser. Así fue mamá conmigo y hoy lo agradezco tanto. Ese fue un paso importante para confiar en mí desde pequeña, porque mamá confiaba en mí.

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- BOL: Con tanta distracción en la televisión y las redes, ¿cómo te ayudan tus niños a mantener los pies en la tierra?

- AA: Mis hijos me aterrizan todos los días. En redes o en televisión uno puede vivir rodeado de filtros, maquillaje, luces y opiniones, pero llego a mi casa y a ellos no les importa si salí linda en cámara o si el programa fue tendencia. Les importa que juegue, que haga voces, que los abrace. Ellos me recuerdan constantemente quién soy de verdad. Y creo que esa es la conexión más sana y más real que tengo con la vida.

- BOL: Al ser tan pública, ¿cómo pones el límite entre lo que muestras de tus hijos en redes y lo que te guardas para ti?

- AA: Es un equilibrio difícil porque mis hijos son lo más importante de mi vida y obviamente forman parte de quien soy. Me encanta compartir momentos lindos porque sé que muchas mamás conectan desde ahí. Pero también entendí que hay cosas que merecen quedarse solo en nuestra intimidad. Hay días malos, momentos vulnerables, rutinas o espacios que prefiero proteger.

- BOL: ¿Qué mensaje mandas a las mamás bolivianas que, como tú, se multiplican a diario por su trabajo y su familia?

- AA: Les diría que se abracen más y se juzguen menos. Las mamás vivimos intentando llegar a todo y sintiendo que siempre nos falta algo. Pero criar, trabajar, sostener una casa, seguir soñando y además intentar estar bien emocionalmente ya es muchísimo. No existe la mamá perfecta. Existe la mamá que ama, que intenta, que se levanta incluso cansada. Y eso ya vale oro.

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Especial

Mariana Dupleich: «Ninguna madre debería tener que dejar a su bebé recién nacido para volver a trabajar; necesitamos condiciones más humanas

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    - BOL: Iniciaste en los medios muy joven, ¿qué queda de esa persona que empezó en la televisión y cuál consideras que ha sido tu mayor aprendizaje en este camino?

    ​- MD: ​Cuando me inicié en los medios era una joven llena de ilusión y energía, con la convicción de que el periodismo podía transformar realidades. De esa persona aún queda la pasión intacta, la curiosidad por aprender y la entrega absoluta al trabajo, incluso cuando los horarios se vuelven complicados o la vida personal exige equilibrio.

    Mi mayor aprendizaje en estos 18 años ha sido que la constancia y el sacrificio abren caminos que parecen imposibles. Nunca dejé de trabajar, ni en mis embarazos ni en la lactancia, y aunque eso significó renunciar a muchas actividades, me enseñó que la disciplina y el amor por la profesión pueden convivir con la maternidad.

    - BOL: La televisión en vivo exige una gran demanda de tiempo y energía emocional. ¿Cómo manejas el impacto de la realidad para que no afecte tu entorno familiar al llegar a casa?

    - MD: Trabajar en televisión en vivo significa estar expuesta a la realidad en su forma más cruda, y muchas veces esa realidad duele. Como defensora de las mujeres y de los niños, escuchar noticias de violencia y tragedias me deja con el corazón roto y con un nudo en la garganta. Sin embargo, la pantalla exige rapidez, claridad y firmeza, y uno aprende a contener ese dolor para no mostrarlo en público; aunque no siempre pude contenerme y me desbordé en vivo.

    Al llegar a casa, intento que ese impacto no se convierta en una sombra para mi familia. Claro que sufro por dentro, pero me esfuerzo por separar los espacios: en la pantalla soy periodista, en casa soy madre, hija y esposa.

    - BOL: Tienes tres hijos en diferentes etapas de crecimiento. ¿Cómo definirías tu estilo de maternidad? ¿Eres la mamá reflexiva, la estricta, o la que aprende sobre la marcha?

    - MD: Ser madre de tres niños pequeños me ha mostrado que la maternidad es un camino lleno de matices. No hay una sola manera de definirla: hay días en los que intento ser reflexiva y darles guía, otros en los que debo ser estricta para marcar límites, y muchos en los que simplemente aprendo junto a ellos, equivocándome y corrigiendo sobre la marcha.

    No siempre ha sido fácil. El cansancio, la rutina y los problemas externos a veces me han hecho sentir que fallaba, que no estaba a la altura de lo que ellos merecen. Hubo momentos en los que lloré a solas, con la sensación de no hacerlo bien. Mi estilo de maternidad es imperfecto, humano, lleno de intentos y aprendizajes.

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    - BOL: Ser figura pública implica que mucha gente opine. ¿Cómo proteges la privacidad y la infancia de tus hijos frente a la exposición mediática?

    - MD: ​Eso lo acepto como parte de mi trabajo. Pero cuando se trata de mis hijos, soy muy consciente de que su infancia merece protección. En redes sociales comparto mucho contenido con ellos, pero siempre sano, divertido y propio de niños. Nos gusta mostrar una familia real, con momentos de juego, risas y complicidad, porque creo que también es importante que la gente vea que detrás de la pantalla hay una madre y unos hijos viviendo con autenticidad.

    ​Al mismo tiempo, cuido mucho que lo que se muestre nunca vulnere su inocencia ni los exponga a situaciones que no les corresponden.

    - BOL: Siempre se habla del "instinto maternal", pero poco de las crisis. ¿Cuál ha sido tu momento más desafiante y qué te enseñó sobre ti misma?

    - MD: ​​Para mí, el momento más desafiante fue vivir mis embarazos y la lactancia trabajando en televisión. Estuve en pantalla hasta el último tiempo de gestación; mes y medio antes salí con baja médica, nacieron mis hijos por parto natural y apenas un mes y medio después ya debía volver al trabajo. Esa es una de las experiencias más dolorosas que he tenido. ​La lactancia también fue un reto enorme. Con mis dos últimos hijos sufrí mastitis, un dolor que supera incluso al del parto.

    Volver a trabajar en medio de ese proceso fue devastador, porque una intenta ser la “supermamá”, pero la realidad es que es muy difícil. Ese desafío me enseñó dos cosas sobre mí misma: que tengo una fortaleza que desconocía porque logré seguir adelante pese al dolor y la angustia, y que también tengo cicatrices emocionales que me recuerdan que las madres necesitamos más apoyo. Creo que es un tema que debería cambiar en nuestro país: ninguna madre debería tener que dejar a su bebé de apenas mes y medio para volver al trabajo; debemos luchar por condiciones más humanas para todas las mujeres.

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    - BOL: En el periodismo los horarios suelen ser sacrificados. ¿Cómo te organizas con tres niños pequeños y cómo haces para derribar esa presión social del "equilibrio perfecto"?

    ​- MD: Mi día empieza a las 4:30 de la madrugada y termina tarde en la noche con el noticiero central. En medio de todo eso, me convierto en mamá a tiempo completo: llevo y traigo a mis hijos a clases y actividades, y trato de estar siempre presente. No lo hago sola, cuento con la ayuda de mi esposo y de personas de confianza, porque sin apoyo sería imposible.

    ​Existe una fuerte presión social hacia las mujeres para que sean exitosas en el trabajo y perfectas en el hogar, pero ese equilibrio perfecto es un mito que muchas veces solo genera culpa. Yo misma me he sentido sobrepasada y saturada, porque los horarios del periodismo son extremos y la maternidad exige estar siempre presente. Aun así, lo vivo como una bendición: tener trabajo y familia me recuerda que, aunque el camino sea duro, estoy construyendo algo valioso.

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    Especial

    Gabriela Oviedo: «Nunca es tarde para volver a empezar; las mujeres tenemos una capacidad inmensa de aprender y reconstruirnos”

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    - BOL: Tus hijos ya son adolescentes o jóvenes. ¿Cuál es el mayor desafío de criarlos en esta etapa tan compleja?

    - GO: Mi hijo menor es adolescente, tiene 15 años, pero mi hija mayor ya es joven, ¡tiene 21! Sin duda alguna creo que el mayor desafío es aprender a soltarlos pero sin dejar de estar presente. La adolescencia y los primeros años de juventud creo que son una etapa en la que ellos necesitan construir identidad, cuestionarlo todo y buscar independencia, pero al mismo tiempo siguen necesitando contención, guía y amor.

    Como mamá, uno tiene que encontrar ese equilibrio entre acompañar y no invadir, entre corregir y también escuchar muchísimo más para poder guiarlos y acompañarlos mejor.

    - BOL: ¿Cuál es el valor fundamental que nunca ha faltado en la educación de tus hijos?

    - GO: El respeto. Respeto hacia ellos mismos, hacia los demás y hacia la verdad. Siempre he creído que una buena autoestima nace también de aprender a tratar bien a las personas, a poner límites sanos y a actuar con coherencia. Más allá de los logros o del éxito, quiero que mis hijos sean seres humanos nobles y conscientes. Que dejen huellas bonitas en el mundo.

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    - BOL: ¿Qué es lo más importante que has aprendido de tus hijos en estos años?

    - GO: He aprendido a mirar la vida con más humildad y más paciencia. Los hijos te obligan a revisarte constantemente. Muchas veces creemos que somos nosotros quienes les enseñamos todo, pero ellos terminan siendo grandes maestros. Gracias a ellos entendí que el amor más puro también es el que más te transforma.

    - BOL: ¿Cómo logras equilibrar las exigencias de las pantallas de TV con la crianza de tus hijos sin morir en el intento?

    - GO: No siempre fue fácil y creo que es importante decirlo con honestidad. Hubo días de cansancio, de culpa y de sentir que no alcanzaba para todo. Pero aprendí que más importante que la cantidad de tiempo es la calidad de presencia. Intenté que, cuando estuviera con ellos, realmente estuviera con mi atención plena concentrada en ellos. Además, tuve que aprender a organizarme, a pedir ayuda cuando era necesario y a entender que una mamá perfecta no existe.

    - BOL: ¿Qué le dirías a las mamás profesionales que hoy luchan contra la culpa de no pasar suficiente tiempo en casa?

    - GO: Les diría que no se castiguen tanto. Nuestros hijos también aprenden viéndonos luchar por nuestros sueños, trabajar con pasión y salir adelante. Una mamá realizada emocional y profesionalmente también inspira. La clave no necesariamente reside en estar las 24 horas presentes físicamente, sino en construir vínculos reales, amorosos y seguros con ellos.

    - BOL: Si la Gabriela que fue Miss Bolivia te viera hoy como madre, presentadora exitosa y escritora, ¿se reconocería en ti?

    - GO: Sí, aunque creo que también se sorprendería muchísimo. Tal vez aquella Gabriela aún no entendía todo el cambio de vida que estaba haciendo en ella misma para sobrellevar esa etapa.

    Recuerdo que esa Gabriela soñaba con ser alguien relevante en la sociedad para poder ayudar e inspirar a los demás; sin embargo, creía que lo haría desde el ámbito empresarial sobre la base de la carrera que estudiaba. Nunca se imaginó que años más tarde lo lograría a través de su trabajo en la televisión y publicando libros de desarrollo personal dirigidos a mujeres.

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    - BOL: ¿Cuál es tu mensaje central para las mamás que buscan reinventarse todos los días?

    - GO: Que nunca es tarde para volver a empezar. Las mujeres tenemos una capacidad inmensa de reconstruirnos, aprender y transformarnos. Ser mamá no significa dejar de construirse a sí misma. Al contrario: muchas veces los hijos se convierten en la razón más poderosa para crecer, sanar y atrevernos a construir una mejor versión de nosotras mismas.

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