Paz Soldán: El escritor ahonda en su mirada sobre el cambio climático, habla de su nueva novela de gatos y sobre por qué es tan difícil ser escritor en Bolivia
Edmundo Paz Soldán, el autor boliviano más internacional, está profundizando, con su obra, en la naturaleza, pero no una de postal, sino una que está sufriendo y cambiando por nuestra culpa.
Desde Estados Unidos, pero siempre con un ojo puesto en lo que pasa en su tierra, Paz Soldán (EPS) nos propone en su nuevo libro de cuentos un viaje por un mundo que se nos escapa de las manos.
En esta entrevista, Boliviana (BOL) conversó con él sobre sus nuevas historias, el regreso de sus clásicos y ese futuro cercano donde incluso rescatar a un gato puede ser un acto de rebeldía. Con la sencillez de quien domina su oficio, Edmundo nos explica por qué, aunque el planeta esté en crisis, las ganas de contar historias siguen más vivas que nunca.
- BOL: ¿De qué trata, en pocas palabras, su nuevo libro El comienzo del paraíso?
- EPZ: Son cuentos especulativos sobre la forma en que la devastación ecológica y el cambio climático están transformando el mundo. Se acaba un mundo y una forma de entenderlo, nace otro.
- BOL: ¿Por qué le interesa tanto escribir sobre el fin del mundo y la ecología ahora?
- EPZ: La política, la economía, la cultura, son temas importantes, pero no servirán de nada si seguimos esforzándonos por hacer que este planeta sea inhabitable.
- BOL: ¿Cuál es el mensaje principal que quiere dejar con esta nueva obra?
- EPZ: Preferiría no hablar de mensajes, sí de intereses. Quisiera narrar historias en las que los personajes no sean únicamente seres humanos, buscar formas de incorporar al relato a otros seres y especies con los que compartimos el planeta (animales, plantas, etc).
- BOL: ¿Qué nos puede decir de Rayo, la novela que está escribiendo actualmente?
- EPZ: Es sobre rescatistas de gatos modificados genéticamente, en una Santa Cruz del futuro donde los gatos callejeros han sido prohibidos y los de Zoonosis rastrillan la ciudad buscando eliminarlos. Es una novela corta, de 100 páginas.
- BOL: ¿Cómo se siente volver a publicar su primera novela, Río Fugitivo, ¿tantos años después?
- EPZ: Me alegra saber que sigue muy viva y que pese a las décadas transcurridas los adolescentes todavía se reconocen en esos chicos irresponsables de los años del retorno a la democracia y la hiperinflación.
- BOL: ¿Prefiere escribir cuentos cortos o novelas largas?
- EPZ: Me siento cómodo en ambos géneros.
- BOL: ¿Cómo influye la Inteligencia Artificial en su forma de crear historias?
- EPZ: Es una herramienta importante en la investigación de temas, no en la escritura.
- BOL: ¿Qué es lo que más extraña de Bolivia cuando está en Estados Unidos?
- EPZ: La sensación de vivir en una comunidad. La vida en los Estados Unidos es muy aislada, muy solitaria.
- BOL: Antes la literatura boliviana se sentía "aislada". ¿Cree que hoy, con autores publicando en grandes editoriales de España y México, finalmente hemos roto esa barrera?
- EPZ: Sí, y creo que hay que seguir haciendo más, no solo de cara al futuro sino en la difusión de nuestros clásicos. No puede ser que Jaime Saenz no sea ya un autor canónico de la literatura latinoamericana.
- BOL: ¿Qué nombres de la nueva literatura boliviana le entusiasman más en este momento?
- EPZ: De mis lecturas recientes, no conocía para nada a Diego Mattos y su novela Hasta que el río aclare (editorial 3600) fue un gran descubrimiento.
- BOL: Usted ha dicho que el mercado editorial en Bolivia es "heroico". ¿Qué hace falta para que un escritor joven en Bolivia pueda vivir de sus libros hoy en día?
- EPZ: Vivir de los libros en Bolivia es imposible. Solo pediría más apoyo para no estar tanto en la orfandad, sea a través del estado o la empresa privada.
- BOL: ¿Qué consejo le daría a un joven que quiere publicar su primer libro en 2026?
- EPZ: Paciencia, persistencia, disciplina.
“El comienzo del paraíso”: nada es lo que era
Publicado a finales de 2025 y presentado oficialmente en su gira boliviana de enero de 2026, “El comienzo del paraíso” es una colección de cuentos que consolida el giro de Edmundo Paz Soldán hacia la fantasía ecológica y la ficción especulativa.
En este libro, el autor abandona el realismo tradicional para explorar un mundo donde la crisis climática ya no es una amenaza lejana, sino una realidad que ha transformado la biología y la psicología humana.
A través de relatos que mezclan la biotecnología con paisajes devastados, Paz Soldán propone que el "paraíso" original ha muerto, dando paso a un entorno extraño donde los seres humanos deben aprender a convivir con nuevas especies y ecosistemas mutantes.
Es una obra que cuestiona nuestro antropocentrismo y nos obliga a mirar el planeta no como un recurso, sino como un organismo que reacciona y se defiende.
Ficha Biográfica
- Edmundo Paz Soldán nació en Cochabamba, Bolivia, el 29 de marzo de 1967.
- Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Alabama en Huntsville, Estados Unidos, con una beca deportiva (fútbol).
-.Se doctoró en Literatura Hispana por la Universidad de Berkeley, California.
- Es profesor titular de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell (Nueva York) desde 1991.
Cine y Cultura
Mística en Moxos
La Ichapekene Piesta blinda su legado ancestral con un plan histórico de salvaguardia en la Amazonía
En el corazón de la Amazonía boliviana, donde la frondosa naturaleza se entrelaza con una historia centenaria, la Ichapekene Piesta (Fiesta Grande) se erige como un testimonio vivo de resistencia cultural, espiritualidad y cohesión comunitaria. La festividad, que se despliega entre el 7 de julio y el 6 de agosto, convierte a San Ignacio de Moxos en el epicentro de la identidad de las tierras bajas, atrayendo a visitantes en busca de un encuentro auténtico con las raíces culturales de la región.
Más allá del despliegue de color, fe y misticismo que inunda las calles, esta emblemática celebración ha marcado recientemente un hito fundamental para la preservación de las tradiciones locales tras la formalización de un Plan de Salvaguardia Integral. Diseñado mediante un proceso participativo de casi un año entre las representaciones tradicionales del Gran Cabildo Indigenal, la administración municipal, el Consejo de Salvaguardia Cultural y la iglesia local, este instrumento busca blindar los saberes ancestrales y garantizar que el legado de la población moxeña perdure para las futuras generaciones.
Cosmovisión Moxeña
El origen de la Ichapekene Piesta se remonta a la época misional de finales del siglo XVII, cuando en 1689 los misioneros jesuitas introdujeron la figura de San Ignacio de Loyola como patrono protector de la zona. Con el transcurso de los siglos, los pobladores moxeños reinterpretaron esta devoción desde su propia cosmovisión amazónica, acogiendo al santo patrono como el Ichapekene Tata (el Gran Padre).
Este sincretismo dio nacimiento a una celebración única donde la espiritualidad de los pueblos originarios convive armónicamente con la liturgia cristiana. Los rituales, las danzas y los personajes festivos reflejan un profundo respeto por la naturaleza, los espíritus ancestrales y la fe comunitaria, renovando en cada jornada los lazos de los habitantes con su territorio e historia compartida.
Durante el mes que dura la festividad, las calles de San Ignacio de Moxos se transforman en un escenario permanente de folklore y devoción en el que intervienen alrededor de 50 danzas tradicionales. La vida en la comunidad cobra un ritmo vertiginoso cuando autoridades tradicionales, caciques, abadesas ataviadas con los tradicionales tipoy blancos, músicos y familias locales unen fuerzas para elaborar mascaradas, confeccionar vistosos trajes y adornar los altares patrimoniales.
Los días centrales arrancan la noche del 30 de julio con la víspera y la irrupción mística de personajes como el Tintiririnti y Los Achus, quienes toman el espacio público entre juegos pirotécnicos. Tras una vigilia musical nativa en la madrugada del 31 de julio, se celebra la misa patronal y la solemne procesión escoltada por el Gran Cabildo Indigenal, corregidores y la emblemática danza de Los Macheteros. Del 1 al 3 de agosto, la fiesta culmina con la histórica representación teatral de "La Victoria de San Ignacio", los tradicionales jocheos de toros y ferias festivas.
Plan de Salvaguardia
Reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, la Ichapekene Piesta cuenta ahora con una hoja de ruta estructurada que asume el reto de resguardar este patrimonio dinámico. El plan no se concibe como una formalidad administrativa, sino como un compromiso colectivo para evitar que la celebración pierda su esencia o se reduzca a un mero espectáculo recreativo.
Entre sus acciones prioritarias, este documento contempla la protección del coro musical y la música tradicional sacra, la creación de talleres para la transmisión de saberes artesanales a niños y jóvenes, y el impulso de publicaciones científicas sobre la memoria histórica moxeña. Asimismo, prevé la gestión de recursos para la restauración de inmuebles con valor patrimonial, el fortalecimiento técnico del Gran Cabildo Indigenal y el fomento de un turismo sostenible que consolide el circuito de las Misiones de Moxos.
La salvaguardia de la identidad moxeña abarca también el patrimonio alimentario. La festividad es un escaparate de sabores ancestrales donde las recetas transmitidas de generación en generación reflejan la convivencia armónica de la comunidad con los recursos de la Amazonía. Las técnicas de preparación de alimentos, la chicha tradicional y la gastronomía local son entendidas como un eslabón fundamental de la memoria colectiva y la hospitalidad del pueblo ignaciano.
A la par del desarrollo de la festividad, la región fortalece su perfil productivo mediante agendas complementarias como la articulación de la cadena del cacao nativo amazónico. La realización de encuentros técnicos y ferias especializadas busca reunir a productores locales e internacionales, vinculando de manera estratégica el patrimonio cultural, la biodiversidad y el desarrollo económico sostenible en las tierras bajas.
Con la puesta en marcha de estas acciones coordinadas entre portadores de la tradición, autoridades locales y la población, San Ignacio de Moxos reafirma que su patrimonio vivo se protege, se transmite y se proyecta con orgullo hacia el futuro.
Cine y Cultura
«La Odisea»
Arrasa en las taquillas en su estreno
La película "La odisea", del cineasta Christopher Nolan, se abrió paso hasta el primer puesto de la taquilla en Estados Unidos y Canadá, al recaudar 124,5 millones de dólares en su fin de semana de estreno, según estimaciones de la industria.
La versión cinematográfica del poema de Homero sumó otros 139 millones de dólares en ventas en el extranjero, para un total de 263,5 millones de dólares, de acuerdo con Exhibitor Relations.
Una cifra más que suficiente para cubrir el presupuesto supuesto de 250 millones de dólares de la película.
La cinta, que cuenta con un reparto de lujo encabezado por Matt Damon y Anne Hathaway, y producida por Universal, arrasó con las estimaciones anteriores, que pronosticaban una recaudación de menos de 100 millones de dólares en su primer fin de semana.
"Nolan es el único cineasta activo hoy en día que podría tomar una historia antigua como esta, atraer a un elenco tan vasto y talentoso como este, y convertirla en un acontecimiento de la cultura pop", afirmó el veterano analista de la industria David A. Gross.
Basada en el antiguo poema épico de Homero, la película sigue al héroe Odiseo mientras se enfrenta a un obstáculo tras obstáculo en su viaje de regreso a casa tras la guerra de Troya.
Es la primera película de la historia rodada íntegramente con cámaras de cine IMAX.
En un distante segundo puesto, "Moana", de Disney, recaudó 19 millones de dólares en su segunda semana, para un total de 82 millones en Norteamérica (Estados Unidos y Canadá) y 178 millones a nivel global.
Por detrás de "Moana" se ubicó "Minions & Monsters", que sumó otros 14,8 millones de dólares durante el fin de semana en el mercado doméstico, para alcanzar un total global de casi 357,6 millones en tres semanas.
"Toy Story 5", de Disney, cayó al cuarto lugar en su quinta semana, con una recaudación doméstica estimada de 13 millones de dólares, para un total global de casi 958 millones.
Cine y Cultura
Sello Propio
Sumaya Prado explica cómo la gastronomía boliviana busca consolidarse como un pilar económico a través de una nueva ley y un programa de certificación de calidad
La gastronomía boliviana no solo se saborea; se legisla, se defiende y se proyecta al futuro. Detrás de cada plato tradicional hay una compleja red de saberes, biodiversidad y esfuerzo humano que, hasta ahora, ha operado de forma fragmentada.
En esta entrevista con la revista Boliviana (BOL), la Viceministra de Gastronomía, Sumaya Prado (SP), desglosa la ambiciosa propuesta de una nueva ley gastronómica y la implementación de certificaciones, medidas que buscan otorgar identidad a la cocina nacional, garantizando precios justos para los productores del campo y elevando los estándares de calidad desde la semilla hasta la mesa.
- BOL: Viceministra, Bolivia nunca antes tuvo un despacho dedicado exclusivamente a la gastronomía. ¿Cuál fue el argumento para que el Estado se convenciera de que la cocina puede ser un pilar estratégico de la economía nacional?
- SP: Creo que el cambio empezó cuando dejamos de mirar solamente el plato y empezamos a mirar todo lo que ocurre antes de que ese plato llegue a la mesa. Cuando uno recorre el país y comparte con productores, con cocineras de mercado, con emprendedores o con empresarios gastronómicos, entiende muy rápido que la gastronomía nunca empieza en una cocina. Empieza mucho antes, en la parcela, en una familia que ha conservado un tipo de semilla durante generaciones, en alguien que conoce el momento exacto para cosechar, en saberes que muchas veces no están escritos pero que siguen vivos porque alguien los transmite todos los días.
Ahí cambia completamente la manera de entender la gastronomía y deja de ser únicamente el plato de comida para transformarse en una expresión cultural que forma parte muy importante de nuestra identidad, y empieza a revelar todo lo que mueve alrededor: producción, empleo, turismo, comercio, investigación, patrimonio, desarrollo local.
A mí me gusta pensar que el Viceministerio no fue creado únicamente para hablar de gastronomía. Fue creado para hablar de las personas que hacen posible la gastronomía, para reconocer el valor protagónico de las comunidades y los territorios que la mantienen viva todos los días, de las cocineras tradicionales que mantienen vivos sabores ancestrales, de los chefs que revitalizan y renuevan la oferta gastronómica a través de su talento, de los emprendedores y empresarios que apuestan por la gastronomía en todo el territorio nacional.
- BOL: Usted viene del sector privado y de proyectos que marcaron un antes y un después para la gastronomía boliviana. ¿Cuál es la principal lección que se trajo al sector público y que hoy guía su gestión?
- SP: Si tuviera que resumirlo en una sola idea, diría que es la convicción de que la gastronomía es una de las más poderosas herramientas de inclusión y progreso, y que Bolivia tiene los productos, el talento, la historia y las condiciones para consolidarse a nivel mundial.
Cada vez que visitamos un restaurante, una cafetería, un puesto de comida, una comunidad o un mercado, uno descubre que ya existen personas haciendo un trabajo extraordinario. El talento está ahí. Lo que falta es visibilizar a esos actores y facilitar espacios donde puedan encontrarse, trabajar juntos y sentirse parte de un mismo proyecto que los fortalezca. Creo que esa es una de las mayores responsabilidades que tenemos desde el Estado: no llegar a imponer respuestas, sino crear las condiciones para que ese conocimiento pueda dialogar, fortalecerse y crecer.
- BOL: Recientemente entregaron las primeras Certificaciones de Compromiso de Calidad Turística a establecimientos gastronómicos. ¿Qué significa este reconocimiento para un negocio y qué le garantiza al visitante que llega a Bolivia?
- SP: A veces pensamos que la calidad se resume en un sello colocado en la puerta de un establecimiento. Para nosotros empieza mucho antes, cuando un equipo decide capacitarse, revisar sus procesos, aprender nuevas prácticas y preguntarse todos los días cómo puede ofrecer una mejor experiencia sin dejar de ser auténtico. Por eso hablamos de de capacitación, de un compromiso de mejora continua, y no solamente de una certificación.
Desde el principio tuvimos muy claro que este programa no podía cambiar la esencia de la cocina boliviana. Nuestros sabores no necesitan ser modificados; son parte de nuestra identidad. Lo que sí podemos fortalecer es todo aquello que acompaña esa experiencia: la atención, la inocuidad alimentaria, el manejo de los alimentos, la organización del servicio y el trabajo en equipo. Eso beneficia al establecimiento, porque le permite crecer y ser más competitivo, pero también beneficia al visitante porque cuando alguien viaja, no recuerda únicamente lo que comió, recuerda cómo lo atendieron y cómo se sintió durante esa experiencia. Muchas veces, la comida es el primer encuentro que un visitante tiene con un país.
- BOL: ¿Cómo se logra que la certificación de calidad no sea vista como un privilegio reservado para grandes restaurantes, sino como una meta alcanzable para la casera del mercado o el pequeño emprendimiento de barrio?
- SP: Esa fue una de las premisas al diseñar el programa, porque si la calidad solo pudiera alcanzarla quien tiene más recursos, entonces estaríamos dejando fuera a una parte muy importante de la gastronomía boliviana y eso no tendría sentido.
Por eso es que el sistema de certificación contempla programas diferenciados orientados a las vendedoras de comida de calle, a los puesto de comida en mercados, a establecimientos gastronómicos y a operadores turísticos, respetando las características y realidades de cada uno.
Porque en los espacios gastronómicos de todo el país uno encuentra cocinas extraordinarias. Hay recetas que llevan décadas preparándose de la misma manera, hay productos de enorme calidad y hay personas que han construido una clientela gracias a su trabajo y a su dedicación; lo que muchas veces no han tenido es la oportunidad de acceder a procesos de capacitación o de fortalecimiento.
Ahí es donde creemos que el Estado puede aportar, no diciéndoles cómo cocinar, no cambiando sus recetas, no haciendo que todos se parezcan, sino ofreciéndoles herramientas que les permitan mejorar sus prácticas, organizar mejor sus procesos, fortalecer su servicio y crecer sin perder aquello que los hace únicos.
- BOL: Está socializando el Anteproyecto de Ley Nacional de Preservación y Puesta en Valor del Patrimonio Alimentario y la Cadena Productiva de la Gastronomía de Bolivia. ¿Qué vacío viene a llenar esta norma y por qué era importante impulsarla ahora?
- SP: Hay algo que se repite cada vez que conversamos con los distintos actores del sector: todos reconocen la enorme riqueza gastronómica que tiene Bolivia, pero también sienten que esa riqueza todavía está muy dispersa.
Hay investigaciones valiosas que muchas veces no se conocen entre sí. Hay productos extraordinarios que todavía no han sido suficientemente estudiados, documentados ni promocionados. Hay saberes que siguen vivos gracias a las comunidades, pero que corren el riesgo de perderse si no somos capaces de registrarlos y preservarlos.
El proyecto de ley nace precisamente de esa realidad. No porque falten iniciativas, pues existen muchísimos esfuerzos que merecen ser reconocidos. Lo que hace falta es una visión que permita articularlos y darles continuidad. Por eso hablamos de una política de Estado.
- BOL: Se dice con frecuencia que la gastronomía comienza en la parcela. ¿Cómo garantiza esta ley que el productor de quinua, ají, cacao o cualquier otro alimento reciba un beneficio real cuando su producto adquiere reconocimiento en la cocina boliviana?
-SP: Creo que esa frase resume muy bien lo que queremos construir, porque nos recuerda que la gastronomía no empieza cuando alguien sirve un plato. Empieza mucho antes. Empieza con una familia que trabaja la tierra, con una comunidad que ha aprendido a convivir con su territorio, con personas que durante generaciones han cuidado productos, semillas y formas de producir, de cocinar y de consumir los alimentos, que hoy son parte de la identidad de Bolivia.
Cuando uno conversa con los productores entiende que ellos no solo producen alimentos. También cuidan conocimiento. Y ese conocimiento tiene un valor enorme.
Ahora bien, sería poco responsable decir que una ley, por sí sola, va a resolver todos los desafíos que enfrenta la cadena de valor de la gastronomía. No es así. Lo que sí puede hacer es crear condiciones para fortalecer esa cadena e integrar a todos sus actores en torno a objetivos comunes.
- BOL: Ante la creciente competencia regional, ¿de qué manera esta ley protegerá nuestras recetas, productos nativos y saberes alimentarios frente a la apropiación o el uso indebido?
- SP: Yo creo que la mejor manera de proteger nuestro patrimonio alimentario es conocerlo mejor, valorarlo y re-aprender a ponerlo en nuestra mesas, porque lo que no se consume y no se puede vender, se deja de producir.
A veces pensamos en la protección únicamente cuando aparece un conflicto, cuando alguien intenta apropiarse de un producto o de una preparación. Pero la protección empieza mucho antes, cuando investigamos, cuando documentamos, cuando registramos, cuando somos capaces de contar nuestra propia historia y mantener viva nuestra identidad.
Por eso uno de los objetivos de la ley es fortalecer esa capacidad de investigar, documentar y generar información. No para guardar ese conocimiento en un archivo, sino para proteger, para que pueda servir a las comunidades, a la academia, a los gobiernos subnacionales, a quienes investigan, a quienes emprenden y también a quienes, desde distintos espacios, trabajan para proyectar la gastronomía boliviana al mundo
- BOL: Al finalizar su gestión, ¿qué le gustaría que ocurriera primero: que un restaurante boliviano sea considerado el mejor del mundo o que el consumo de productos bolivianos se duplique en los hogares del país?
- SP: Claro que sería una enorme alegría ver a un restaurante boliviano alcanzar un reconocimiento de ese nivel, es algo que llena de orgullo al país y ayudaría enormemente a que el mundo vuelva la mirada hacia Bolivia. Por eso estamos trabajando para fortalecer a los emprendimientos y empresas gastronómicas en todo el país.
Pero si tuviera que elegir, elegiría que más familias bolivianas consuman productos bolivianos porque ahí es donde realmente empieza el cambio, cuando entendemos que cuando elegimos un producto local, no estamos haciendo solamente una compra. Estamos fortaleciendo la economía nacional, incentivando que se siga cultivando una variedad nativa y ayudando a que conocimientos centenarios no se pierdan.
Los reconocimientos internacionales son importantes y vamos a hacer nuestro mayor esfuerzo para apoyar a que sigan llegando, pero personalmente creo que el mayor reconocimiento es que los bolivianos valoremos la riqueza que tenemos en nuestra tierra, nuestros productos, nuestro patrimonio alimentario y nuestra gastronomía.
