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En el extremo sudoeste de Bolivia, donde la geografía parece haber sido diseñada por un pintor surrealista, se encuentra la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa (REA).

Este santuario, ubicado en la provincia de Sud Lípez, Potosí, no solo es el área protegida más visitada del país, sino también el hogar de un fenómeno que desafía la lógica visual: las Lagunas de Colores.

A una altitud que oscila entre los 4,200 y 5,000 metros, estas cuencas endorreicas (que no tienen salida al mar) son el resultado de milenios de actividad volcánica, evaporación extrema y una química mineral única en el mundo.

Laguna Colorada

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La joya indiscutible es la Laguna Colorada. Con una superficie de aproximadamente 60 kilómetros cuadrados, sus aguas presentan un tono rojo carmesí que, según las leyendas locales, es la sangre de la Pachamama. Sin embargo, la ciencia nos ofrece una explicación igualmente fascinante: el color se debe a la proliferación de algas Dunaliella salina y sedimentos ricos en minerales.

Este ecosistema es el centro de vida para miles de flamencos. De las seis especies de flamencos que existen en el mundo, tres habitan aquí: el Flamenco de James (Puna), el Andino y el Chileno. Ver a estas aves rosadas caminar sobre el espejo rojo, rodeadas por costras blancas de bórax que parecen icebergs, es una experiencia que redefine el concepto de "paisaje natural".

Laguna verde y Laguna blanca

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Casi en la base del Volcán Licancabur —un gigante de 5,920 metros que marca la frontera con Chile y que alberga en su cráter uno de los lagos más altos del mundo— reposa la Laguna Verde. Su color esmeralda brillante es casi fosforescente y se debe a una alta concentración de magnesio, carbonato de calcio, plomo y arsénico.

Esta composición química, aunque letal para la mayoría de las especies, es lo que permite que el agua mantenga su estado líquido incluso cuando las temperaturas bajan de los -20°C, debido a que los minerales actúan como un anticongelante natural.

Un dato que maravilla a los fotógrafos es la mutabilidad del agua: por la mañana, la laguna puede parecer un espejo grisáceo y opaco. Sin embargo, a medida que los vientos de la tarde comienzan a agitar la superficie, los sedimentos de cobre y arsénico se suspenden en el agua, y el verde estalla en toda su intensidad. Es un espectáculo dinámico donde el paisaje cambia literalmente ante los ojos del observador en cuestión de minutos.

A pocos metros de distancia, separada únicamente por un estrecho istmo de tierra, la Laguna Blanca ofrece un contrapunto visual absoluto. Aquí, la ausencia de las algas que tiñen a sus vecinas y la altísima saturación de silicatos de calcio y otros minerales suspendidos le otorgan un tono lechoso y brillante.

En días de calma, el volcán Licancabur se refleja con una nitidez perfecta sobre su superficie blanca, creando una simetría que ha sido calificada por muchos viajeros como una de las vistas más puras y etéreas de toda la cordillera de los Andes.

Otras Lagunas andinas

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El viaje hacia las lagunas principales incluye por otras estaciones menores pero igualmente impresionantes, conocidas como las Joyas Andinas:

Una de ellas es Laguna Hedionda. Llamada así por el fuerte olor a azufre, es el mejor lugar para observar flamencos de cerca, ya que suelen estar a pocos metros de la orilla.

También está Laguna Cañapa, rodeada de pajonales amarillos que contrastan con el azul profundo de su centro. Finalmente, Laguna Honda, que es un remanso de paz flanqueado por formaciones rocosas milenarias.

Logística para el viajero

Llegar a este confín del mundo, hogar de las lagunas, no es sencillo, y ese es precisamente su encanto. La mayoría de los viajeros parten desde la ciudad de Uyuni en expediciones de tres días en vehículos 4x4.

La zona es un desierto de altura. Durante el día, la radiación solar es extrema, pero al caer el sol, las temperaturas pueden descender hasta los -20°C en invierno.

Es impresionante beber mucha agua, evitar comidas pesadas los primeros días y, masticar hoja de coca o tomar mate de coca para combatir la falta de oxígeno.

Al ser una reserva nacional, el turismo está regulado. Es vital no salirse de los senderos marcados y no interferir con la fauna, que sobrevive en condiciones donde la mayoría de los seres vivos no podrían.

Especial

Mariana Dupleich: «Ninguna madre debería tener que dejar a su bebé recién nacido para volver a trabajar; necesitamos condiciones más humanas

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    - BOL: Iniciaste en los medios muy joven, ¿qué queda de esa persona que empezó en la televisión y cuál consideras que ha sido tu mayor aprendizaje en este camino?

    ​- MD: ​Cuando me inicié en los medios era una joven llena de ilusión y energía, con la convicción de que el periodismo podía transformar realidades. De esa persona aún queda la pasión intacta, la curiosidad por aprender y la entrega absoluta al trabajo, incluso cuando los horarios se vuelven complicados o la vida personal exige equilibrio.

    Mi mayor aprendizaje en estos 18 años ha sido que la constancia y el sacrificio abren caminos que parecen imposibles. Nunca dejé de trabajar, ni en mis embarazos ni en la lactancia, y aunque eso significó renunciar a muchas actividades, me enseñó que la disciplina y el amor por la profesión pueden convivir con la maternidad.

    - BOL: La televisión en vivo exige una gran demanda de tiempo y energía emocional. ¿Cómo manejas el impacto de la realidad para que no afecte tu entorno familiar al llegar a casa?

    - MD: Trabajar en televisión en vivo significa estar expuesta a la realidad en su forma más cruda, y muchas veces esa realidad duele. Como defensora de las mujeres y de los niños, escuchar noticias de violencia y tragedias me deja con el corazón roto y con un nudo en la garganta. Sin embargo, la pantalla exige rapidez, claridad y firmeza, y uno aprende a contener ese dolor para no mostrarlo en público; aunque no siempre pude contenerme y me desbordé en vivo.

    Al llegar a casa, intento que ese impacto no se convierta en una sombra para mi familia. Claro que sufro por dentro, pero me esfuerzo por separar los espacios: en la pantalla soy periodista, en casa soy madre, hija y esposa.

    - BOL: Tienes tres hijos en diferentes etapas de crecimiento. ¿Cómo definirías tu estilo de maternidad? ¿Eres la mamá reflexiva, la estricta, o la que aprende sobre la marcha?

    - MD: Ser madre de tres niños pequeños me ha mostrado que la maternidad es un camino lleno de matices. No hay una sola manera de definirla: hay días en los que intento ser reflexiva y darles guía, otros en los que debo ser estricta para marcar límites, y muchos en los que simplemente aprendo junto a ellos, equivocándome y corrigiendo sobre la marcha.

    No siempre ha sido fácil. El cansancio, la rutina y los problemas externos a veces me han hecho sentir que fallaba, que no estaba a la altura de lo que ellos merecen. Hubo momentos en los que lloré a solas, con la sensación de no hacerlo bien. Mi estilo de maternidad es imperfecto, humano, lleno de intentos y aprendizajes.

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    - BOL: Ser figura pública implica que mucha gente opine. ¿Cómo proteges la privacidad y la infancia de tus hijos frente a la exposición mediática?

    - MD: ​Eso lo acepto como parte de mi trabajo. Pero cuando se trata de mis hijos, soy muy consciente de que su infancia merece protección. En redes sociales comparto mucho contenido con ellos, pero siempre sano, divertido y propio de niños. Nos gusta mostrar una familia real, con momentos de juego, risas y complicidad, porque creo que también es importante que la gente vea que detrás de la pantalla hay una madre y unos hijos viviendo con autenticidad.

    ​Al mismo tiempo, cuido mucho que lo que se muestre nunca vulnere su inocencia ni los exponga a situaciones que no les corresponden.

    - BOL: Siempre se habla del "instinto maternal", pero poco de las crisis. ¿Cuál ha sido tu momento más desafiante y qué te enseñó sobre ti misma?

    - MD: ​​Para mí, el momento más desafiante fue vivir mis embarazos y la lactancia trabajando en televisión. Estuve en pantalla hasta el último tiempo de gestación; mes y medio antes salí con baja médica, nacieron mis hijos por parto natural y apenas un mes y medio después ya debía volver al trabajo. Esa es una de las experiencias más dolorosas que he tenido. ​La lactancia también fue un reto enorme. Con mis dos últimos hijos sufrí mastitis, un dolor que supera incluso al del parto.

    Volver a trabajar en medio de ese proceso fue devastador, porque una intenta ser la “supermamá”, pero la realidad es que es muy difícil. Ese desafío me enseñó dos cosas sobre mí misma: que tengo una fortaleza que desconocía porque logré seguir adelante pese al dolor y la angustia, y que también tengo cicatrices emocionales que me recuerdan que las madres necesitamos más apoyo. Creo que es un tema que debería cambiar en nuestro país: ninguna madre debería tener que dejar a su bebé de apenas mes y medio para volver al trabajo; debemos luchar por condiciones más humanas para todas las mujeres.

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    - BOL: En el periodismo los horarios suelen ser sacrificados. ¿Cómo te organizas con tres niños pequeños y cómo haces para derribar esa presión social del "equilibrio perfecto"?

    ​- MD: Mi día empieza a las 4:30 de la madrugada y termina tarde en la noche con el noticiero central. En medio de todo eso, me convierto en mamá a tiempo completo: llevo y traigo a mis hijos a clases y actividades, y trato de estar siempre presente. No lo hago sola, cuento con la ayuda de mi esposo y de personas de confianza, porque sin apoyo sería imposible.

    ​Existe una fuerte presión social hacia las mujeres para que sean exitosas en el trabajo y perfectas en el hogar, pero ese equilibrio perfecto es un mito que muchas veces solo genera culpa. Yo misma me he sentido sobrepasada y saturada, porque los horarios del periodismo son extremos y la maternidad exige estar siempre presente. Aun así, lo vivo como una bendición: tener trabajo y familia me recuerda que, aunque el camino sea duro, estoy construyendo algo valioso.

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    Especial

    Gabriela Oviedo: «Nunca es tarde para volver a empezar; las mujeres tenemos una capacidad inmensa de aprender y reconstruirnos”

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    - BOL: Tus hijos ya son adolescentes o jóvenes. ¿Cuál es el mayor desafío de criarlos en esta etapa tan compleja?

    - GO: Mi hijo menor es adolescente, tiene 15 años, pero mi hija mayor ya es joven, ¡tiene 21! Sin duda alguna creo que el mayor desafío es aprender a soltarlos pero sin dejar de estar presente. La adolescencia y los primeros años de juventud creo que son una etapa en la que ellos necesitan construir identidad, cuestionarlo todo y buscar independencia, pero al mismo tiempo siguen necesitando contención, guía y amor.

    Como mamá, uno tiene que encontrar ese equilibrio entre acompañar y no invadir, entre corregir y también escuchar muchísimo más para poder guiarlos y acompañarlos mejor.

    - BOL: ¿Cuál es el valor fundamental que nunca ha faltado en la educación de tus hijos?

    - GO: El respeto. Respeto hacia ellos mismos, hacia los demás y hacia la verdad. Siempre he creído que una buena autoestima nace también de aprender a tratar bien a las personas, a poner límites sanos y a actuar con coherencia. Más allá de los logros o del éxito, quiero que mis hijos sean seres humanos nobles y conscientes. Que dejen huellas bonitas en el mundo.

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    - BOL: ¿Qué es lo más importante que has aprendido de tus hijos en estos años?

    - GO: He aprendido a mirar la vida con más humildad y más paciencia. Los hijos te obligan a revisarte constantemente. Muchas veces creemos que somos nosotros quienes les enseñamos todo, pero ellos terminan siendo grandes maestros. Gracias a ellos entendí que el amor más puro también es el que más te transforma.

    - BOL: ¿Cómo logras equilibrar las exigencias de las pantallas de TV con la crianza de tus hijos sin morir en el intento?

    - GO: No siempre fue fácil y creo que es importante decirlo con honestidad. Hubo días de cansancio, de culpa y de sentir que no alcanzaba para todo. Pero aprendí que más importante que la cantidad de tiempo es la calidad de presencia. Intenté que, cuando estuviera con ellos, realmente estuviera con mi atención plena concentrada en ellos. Además, tuve que aprender a organizarme, a pedir ayuda cuando era necesario y a entender que una mamá perfecta no existe.

    - BOL: ¿Qué le dirías a las mamás profesionales que hoy luchan contra la culpa de no pasar suficiente tiempo en casa?

    - GO: Les diría que no se castiguen tanto. Nuestros hijos también aprenden viéndonos luchar por nuestros sueños, trabajar con pasión y salir adelante. Una mamá realizada emocional y profesionalmente también inspira. La clave no necesariamente reside en estar las 24 horas presentes físicamente, sino en construir vínculos reales, amorosos y seguros con ellos.

    - BOL: Si la Gabriela que fue Miss Bolivia te viera hoy como madre, presentadora exitosa y escritora, ¿se reconocería en ti?

    - GO: Sí, aunque creo que también se sorprendería muchísimo. Tal vez aquella Gabriela aún no entendía todo el cambio de vida que estaba haciendo en ella misma para sobrellevar esa etapa.

    Recuerdo que esa Gabriela soñaba con ser alguien relevante en la sociedad para poder ayudar e inspirar a los demás; sin embargo, creía que lo haría desde el ámbito empresarial sobre la base de la carrera que estudiaba. Nunca se imaginó que años más tarde lo lograría a través de su trabajo en la televisión y publicando libros de desarrollo personal dirigidos a mujeres.

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    - BOL: ¿Cuál es tu mensaje central para las mamás que buscan reinventarse todos los días?

    - GO: Que nunca es tarde para volver a empezar. Las mujeres tenemos una capacidad inmensa de reconstruirnos, aprender y transformarnos. Ser mamá no significa dejar de construirse a sí misma. Al contrario: muchas veces los hijos se convierten en la razón más poderosa para crecer, sanar y atrevernos a construir una mejor versión de nosotras mismas.

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    Juliana Barrientos: «El empoderamiento femenino hoy significa demostrar que una mujer puede reconstruirse por sus hijos»

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    - BOL: Has ostentado títulos de belleza y académicos, pero hoy llevas el de "mamá". ¿Cómo ha redefinido Irina tu concepto de éxito?

    - JB: Antes medía el éxito por metas cumplidas, títulos o logros profesionales. Hoy ser mamá me enseñó que el verdadero éxito también está en la paz que construyes, en la estabilidad emocional y en poder darle amor, tiempo y ejemplo a tu hija. Ella redefinió completamente mis prioridades y me hizo entender que ser una buena mamá también es una forma muy poderosa de realización personal, mientras también cumplo mis sueños.

    - BOL: Ahora que tienes una hija, ¿cómo ha cambiado tu perspectiva sobre la seguridad y el empoderamiento femenino que promueves?

    - JB: Desde que soy mamá, todo tomó un significado mucho más profundo. Ya no hablo solo por mí, también pienso en el mundo en el que crecerá mi hija. Me hizo más consciente de la importancia de criar mujeres seguras, libres y con autoestima. El empoderamiento femenino para mí hoy significa enseñar con el ejemplo: demostrar que una mujer puede reconstruirse, cuidarse y tomar decisiones valientes por su bienestar y el de sus hijos.

    - BOL: Muchas mujeres se sienten presionadas a "elegir" entre carrera y familia. ¿Cuál es tu estrategia para no perder tu identidad profesional mientras disfrutas de la maternidad?

    - JB: Creo que la clave está en no olvidarte de quién eres además de ser mamá. Amo profundamente esta etapa, pero también sigo conectada con mi lado profesional, mis proyectos y mis sueños. No busco ser perfecta ni tener todo equilibrado todo el tiempo, pero sí intento crear una vida donde mi hija vea a una mamá presente y también realizada.

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    - BOL: La maternidad bajo el ojo público puede ser agotadora. ¿Cómo cuidas tu salud emocional para lidiar con las expectativas de tus seguidores y las críticas que a veces surgen en redes?

    - JB: La maternidad bajo el ojo público puede ser intensa, pero sinceramente me siento muy agradecida porque la mayor parte del tiempo recibo muchísimo amor de las personas que me siguen. Siempre me envían mensajes muy lindos para mí y para mi hijita, y eso ha hecho esta etapa mucho más especial.

    También me emociona ver la ilusión y el cariño con el que muchas personas dicen que algún día les gustaría verla como Miss Bolivia. Recibir ese apoyo tan genuino me da mucha fuerza y me recuerda la conexión tan bonita que he construido con la gente a lo largo de los años.

    - BOL: Si Irina decidiera seguir tus pasos en los certámenes de belleza, ¿cuál sería el consejo más importante que le darías basándote en tu experiencia en Miss Universo?

    - JB: Si algún día Irina quisiera seguir ese camino, ¡yo sería la primera en apoyarla y acompañarla feliz! Obviamente me daría mucha ternura verla vivir algo tan lindo y emocionante. Más que hablarle de coronas o competencias, le diría que disfrute cada momento, que sea auténtica, que conozca las hermosas culturas que tenemos en nuestro país, la conexión con la gente y que nunca deje de ser ella misma. Los certámenes te enseñan muchísimo, haces amistades, creces como persona y vives experiencias inolvidables. Y bueno… si algún día decide ser Miss Bolivia, yo sería la mamá más emocionada del universo.

    - BOL: Al mirar hacia el futuro de tu pequeña, ¿qué es lo que más te genera paz en tu rol diario como madre?

    - JB: Lo que más me da paz es saber que estoy construyendo un hogar seguro para ella. Cada esfuerzo diario se traduce en ver su sonrisa y en saber que, sin importar los títulos del pasado, el rol de guiar sus primeros pasos es el reconocimiento más valioso y real que el universo me ha podido regalar.

    - BOL: ¿Qué sigue para Juliana Barrientos en este año 2026? ¿Tienes planes de algún proyecto específico?

    - JB: Este 2026 quiero seguir creciendo tanto personal como profesionalmente. Tengo muchos proyectos relacionados con mi profesión, maternidad y contenido, pero también quiero seguir usando mi voz para inspirar a otras mujeres, especialmente mamás que están atravesando procesos de cambio o reconstrucción personal. Y, sin duda, uno de mis proyectos más importantes siempre será criar a Irina con amor, estabilidad y valores.

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