El pico del Tunari: Un mirador de Cochabamba
El trekking, o senderismo de montaña, es mucho más que un deporte. Es una forma de viajar lentamente, de escuchar la respiración de la tierra y de descubrir paisajes que solo se revelan a quienes se animan a caminar.
En Cochabamba, uno de los destinos más emblemáticos para esta experiencia es el pico del Tunari, la cumbre que vigila silenciosamente el valle desde lo más alto de la cordillera.
Cada fin de semana, aventureros, amantes de la naturaleza y caminantes ocasionales se reúnen para desafiar la montaña. No se trata solo de llegar a la cima; se trata del camino, del esfuerzo compartido y del instante en que el amanecer convierte el horizonte en una promesa.
La aventura comienza cuando la ciudad aún no duerme del todo. A las 23:00, en la plazuela Colón, un pequeño grupo de excursionistas se reúne con mochilas al hombro, linternas y abrigos. Son al menos trece personas, organizadas por distintos grupos de turismo de montaña, que comparten la misma meta: alcanzar la cumbre del Tunari antes de que el sol ilumine el valle.
Entre saludos, risas tímidas y expectativas, el bus llega para recogerlos. Poco después el vehículo parte hacia el oeste, dejando atrás las luces de Cochabamba.
La carretera conduce hasta Quillacollo. Desde allí el viaje continúa por la avenida Santa Cruz, un camino que asciende lentamente hacia la cordillera. La ruta atraviesa Liriuni, conocida por sus aguas termales, y se interna cada vez más en la oscuridad de la montaña.
Son cerca de las 02:00 de la madrugada cuando el grupo llega a la casa de don Jaime, un punto conocido entre los excursionistas y que funciona como campo base para quienes buscan conquistar el Tunari.
El ritual antes del camino
La madrugada en la montaña es fría y silenciosa. Bajo un cielo cubierto de estrellas, los caminantes ajustan las botas, acomodan las mochilas y encienden sus linternas frontales.
Pero antes de dar el primer paso, muchos se detienen un momento.
En los Andes, subir una montaña no es solo una actividad deportiva. También es un acto de respeto. Algunos levantan la mirada hacia la cumbre invisible en la oscuridad y murmuran una breve petición a la Pachamama, la Madre Tierra. El deseo es sencillo: llegar a la cima y regresar con bien.
El sendero comienza entre piedras, arena y pendientes que parecen perderse en la noche. Las luces de las linternas dibujan una fila silenciosa que avanza lentamente montaña arriba.
Paso a paso.
La respiración se vuelve más profunda y el tiempo parece estirarse como el horizonte. En la oscuridad de la cordillera, el universo parece más cercano.
Las horas transcurren mientras el grupo continúa el ascenso. El cansancio se mezcla con la emoción. Cada pausa permite levantar la mirada y descubrir cómo el cielo empieza a aclararse.
El mirador del valle
Finalmente, tras varias horas de caminata, aparece la cumbre.
El Pico del Tunari, el punto más alto de la cordillera que domina Cochabamba, se abre como un balcón natural sobre el valle. Desde allí se puede mirar en todas direcciones: al este, al oeste, al norte y al sur.
La ciudad, que durante la noche parecía infinita, ahora se ve pequeña, rodeada de montañas y valles.
Y entonces ocurre el momento más esperado.
A las 06:50, el sol comienza a levantarse lentamente. El horizonte se incendia con tonos naranjas y dorados que recorren la cordillera de un extremo al otro. La luz toca primero las cumbres, luego desciende hacia el valle y finalmente ilumina la ciudad.
En ese instante, todo parece detenerse.
Hay risas, fotografías, abrazos y silencios. Algunos levantan los brazos; otros simplemente observan. Porque llegar al Tunari no es solo alcanzar un punto en el mapa. Es sentir, por un momento, que el cielo está al alcance de las manos.
El camino de regreso
Después de contemplar el paisaje y capturar el recuerdo en fotografías, llega el momento de descender. El camino de regreso es más rápido, aunque las rodillas comienzan a reclamar el esfuerzo de la subida.
Pero el cansancio ya no pesa igual.
La recompensa fue el amanecer, el paisaje y la certeza de haber conquistado una montaña.
Cuando el grupo regresa a la casa de don Jaime, el aroma del desayuno caliente recibe a los excursionistas. Sentados alrededor de una mesa, comparten historias, anécdotas y risas. La travesía ya empieza a convertirse en recuerdo.
Luego el bus emprende el retorno hacia Quillacollo y finalmente hacia la plazuela Colón, donde todo comenzó.
La promesa de volver
Quienes suben al Tunari rara vez lo hacen una sola vez.
La montaña cambia con cada estación. En invierno, el frío congela el agua y el sendero puede cubrirse de nieve, transformando la caminata en un desafío distinto. El paisaje se vuelve blanco y el viento sopla con más fuerza.
Por eso muchos regresan.
Porque las montañas tienen esa extraña manera de quedarse dentro de uno. Y porque, después de haber caminado hasta la cumbre, siempre queda la sensación de que la aventura apenas ha comenzado.
Turismo
BOLIVIA
Un viaje por nueve joyas turísticas que reflejan la esencia de un país diverso en un nuevo aniversario patrio
En el marco de las celebraciones por la fundación del país, Bolivia se reafirma como un territorio fascinante donde convergen paisajes sorprendentes, tradiciones vivas y una biodiversidad sin igual. Desde los majestuosos picos andinos hasta las extensas llanuras amazónicas, cada uno de sus nueve departamentos guarda un atractivo emblemático que captura el espíritu de esta nación.
A continuación, presentamos una selección con lo mejor de cada departamento para celebrar y explorar la riqueza boliviana:
1. La Paz: La magia del Titicaca
A pocos kilómetros de la sede de Gobierno, el cuerpo de agua navegable más alto del mundo cautiva con sus tonalidades azules y sus picos nevados. Islas sagradas como la del Sol y la de la Luna conservan relatos incaicos y una vibrante cultura viva a orillas del lago. Además, la pintoresca población de Copacabana se erige como el centro espiritual y turístico de la región, donde los visitantes pueden disfrutar de la gastronomía local con truchas frescas mientras aprecian inolvidables atardeceres sobre el horizonte acuático.
2. Oruro: La tradición del Carnaval
Con un folclore reconocido a nivel mundial por la Unesco, la capital folclórica respira fiesta e identidad durante todo el año. Sus museos, su arquitectura colonial y la arraigada fe en la Virgen del Socavón invitan a conocer el alma de sus danzas típicas. El recorrido se complementa con la visita a los telares y mascareros artesanales que dedican meses a perfeccionar cada atuendo festivo, sumado a los misteriosos paisajes altiplánicos como las aguas termales de Obrajes y la inmensidad del icónico Lago Uru Uru.
3. Potosí: El infinito Salar de Uyuni
El desierto salino más grande del planeta regala postales de ensueño, especialmente en época de lluvias, cuando se transforma en un espejo natural. Es la puerta de acceso a un circuito independiente repleto de géiseres, formaciones rocosas y lagunas multicolores. La travesía incluye paradas obligadas en la Isla Incahuasi, habitada por cactus gigantescos de siglos de antigüedad, y la oportunidad de pernoctar en acogedores hoteles construidos enteramente con bloques de sal, brindando una experiencia inmersiva e inolvidable a más de 3.600 metros de altura.
4. Cochabamba: Naturaleza y fe
La llamada Ciudad Jardín destaca por su clima benigno y su destacada gastronomía. Desde lo alto del cerro San Pedro, la colosal estatua del Cristo de la Concordia ofrece una panorámica completa de los valles cochabambinos. Este destino enamora a los viajeros con sus coloridos mercados tradicionales como La Pampa y sus rutas hacia el Parque Nacional Tunari. Es el sitio idóneo para hacer una pausa culinaria y degustar platos emblemáticos como el silpancho o el chicharrón, símbolos del orgullo y la sazón local.
5. Chuquisaca: El encanto colonial
Sucre, la capital constitucional, atrapa a los visitantes con sus calles empedradas, casonas de fachada blanca y templos históricos. Declarada Patrimonio de la Humanidad, la "Ciudad Blanca" guarda las huellas del nacimiento republicano del país. Su vibrante ambiente universitario se fusiona con atractivos únicos como el Parque Cretácico, que resguarda una de las colecciones de huellas de dinosaurio más grandes del mundo, ofreciendo un viaje fascinante a través del tiempo entre arquitectura neoclásica y descubrimientos paleontológicos.
6. Tarija: Sabores de altura
En el sur boliviano, los valles tarijeños invitan a recorrer bodegas y viñedos de gran altitud. Un recorrido ideal para degustar caldos locales y el tradicional singani en un ambiente festivo y hospitalario. Sus rutas turísticas combinan catas especializadas con paseos por cañones naturales, ríos de aguas cristalinas y la calidez de su gente. La gastronomía regional, enriquecida por sus famosos quesos y jamones criollos, convierte cada parada en una verdadera fiesta para los sentidos en un entorno de paz y tranquilidad.
7. Santa Cruz: Exuberante Amboró
Como punto de encuentro entre los Andes, el Chaco y la Amazonía, este parque protegido alberga una de las mayores variedades de flora y fauna silvestre del planeta, siendo el destino preferido para amantes del ecoturismo. Sus senderos rodeados de helechos gigantes, caídas de agua escondidas y miradores naturales ofrecen avistamientos únicos de osos de anteojos y cientos de especies de aves. Es el refugio perfecto para desconectarse de la urbe cruceña y sumergirse de lleno en la energía pura de la selva subandina.
8. Beni: Rurrenabaque
A orillas del río Beni, esta pintoresca localidad sirve de base para expediciones hacia las pampas y la selva densa del Parque Nacional Madidi, permitiendo observar caimanes, aves exóticas y la exuberante vegetación tropical. La travesía en canoa permite adentrarse en ríos serenos donde es común nadar con delfines rosados de río y avistar monos en la copa de los árboles. Además, el contacto directo con las comunidades indígenas locales enriquece la visita al compartir sus saberes ancestrales sobre la medicina natural y la conservación.
9. Pando: Santuario natural
En el extremo norte del territorio, el área protegida Manuripi destaca por sus ríos cristalinos, castañales y selva virgen. Un rincón amazónico conservado que invita a la aventura y al contacto con la naturaleza indómita. Este ecosistema es el corazón de la producción sustentable de la almendra chiquitana o castaña, donde el visitante puede aprender sobre la recolección tradicional mientras navega por el hermoso lago Bay. Es un paraíso escondido para la fotografía de naturaleza y el avistamiento de nutrias gigantes e imponentes jaguares.
Turismo
¡SUCRE TE ESPERA!
La joya blanca de Sudamérica despliega museos, rutas del vino y huellas de dinosaurios en su mayor campaña para conquistar a los turistas
Con sus imponentes fachadas de cal blanca que reflejan la luz del sol y sus característicos tejados de arcilla roja, la ciudad de Sucre —declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1991— emerge con fuerza esta temporada como el epicentro turístico del país.
La denominada "Ciudad de los Cuatro Nombres" ha activado una agresiva estrategia interinstitucional bajo el lema “Vacación Inolvidable, Sucre”, buscando capturar el flujo de las familias y viajeros que huyen del crudo frío andino o de la densa humedad de los llanos orientales.
El principal imán de la capital radica en su privilegiado microclima de valle, que ofrece unos templados 20°C promedio durante el día, sumado a dos factores altamente valorados por los viajeros modernos: la notable seguridad ciudadana en sus calles empedradas y la pulcritud de sus plazas coloniales.
Un viaje al origen del tiempo y la libertad
Sucre posee el singular privilegio de ser la cuna de la independencia hispanoamericana y, al mismo tiempo, el santuario paleontológico más importante de la región. A escasos minutos del centro urbano se encuentra el famoso Parque Cretácico, hogar del imponente farallón de Cal Orck’o, el yacimiento de huellas de dinosaurio más extenso y diverso del planeta (con más de 10.000 pisadas fosilizadas de titanosaurios y terópodos).
Por su parte, el corazón histórico de la urbe prepara un salto al futuro digital. La emblemática Casa de la Libertad —el recinto sagrado donde se firmó el Acta de Independencia de la República en 1825— estrenará a la brevedad una museografía tecnológica de vanguardia. Los visitantes ya no solo apreciarán los valiosos manuscritos y retratos virreinales, sino que podrán interactuar con hologramas realistas de los próceres de la patria y vivir recreaciones históricas mediante cascos de realidad virtual.
Agenda Única
La oferta de Sucre y Chuquisaca trasciende el casco viejo e introduce actividades de nicho para los viajeros más exigentes:
- El sello de la Unesco: La ciudad celebrará el primer año de la festividad de la Virgen de Guadalupe con su estatus oficial como Patrimonio de la Humanidad, garantizando un despliegue sin precedentes de folclore, música y fe.
- Las Rutas del Vino en Camargo: Ubicadas en el cañón de los Cintis, esta propuesta invita a los amantes del enoturismo a degustar vinos y singanis de altura elaborados en viñedos coloniales centenarios que trepan sobre árboles de molle.
- Astroturismo en El Palmar: El Área Natural de Manejo Integrado El Palmar (hogar de los osos de anteojos y de frondosos bosques de palmeras endémicas) se abre paso como el punto de observación astronómica favorito del continente por la pureza de sus cielos profundos.
Alta cocina a bajo costo
Uno de los fenómenos más interesantes del turismo en Sucre es la atmósfera cosmopolita que se respira al caer la tarde. Los cafés, bares y peñas folklóricas que circundan la Plaza 25 de Mayo cobran vida propia, consolidándose como un imán para la juventud local y el turismo receptivo de Europa, destacando una notable y constante presencia de viajeros franceses que se mezclan en tertulias culturales.
La gastronomía chuquisaqueña es otro pilar fundamental e imbatible gracias a su altísima calidad y costos sumamente bajos. Los icónicos chorizos chuquisaqueños, el picante de pollo, los famosos chocolates artesanales de renombre internacional o las tradicionales salteñas de media mañana forman parte de un ecosistema culinario irresistible que se adapta perfectamente a la economía de los grupos familiares que llegan masivamente desde La Paz y Santa Cruz.
Así, Sucre se postula formalmente para ser, indiscutiblemente, la experiencia más cálida, segura y hospitalaria de esta temporada invernal.
Turismo
Viaje Mágico: Renace un transporte de hierro que teje sueños entre la selva, el sol y las misiones de la Chiquitania boliviana
El silbato de la locomotora ha vuelto a sonar en medio del aire cálido del oriente boliviano, marcando no solo el inicio de un trayecto ferroviario, sino el despertar de una región que quiere que sus tesoros brillen.
Tras seis largos años de vías silentes y estaciones que parecían detenidas en el tiempo, el ferrobús ha regresado a la ruta Santa Cruz – Puerto Quijarro con una fuerza que ha superado cualquier pronóstico. En su viaje de estreno, los vagones se llenaron de risas, cámaras fotográficas y esa mezcla de nostalgia y asombro que solo el viaje en tren sabe provocar.
Este servicio, que opera la Ferroviaria Oriental, se ha transformado instantáneamente en un impulsor turístico de la Chiquitania, del brillo sus iglesias de madera y de sus ríos cristalinos.
Imaginarse a bordo de este coloso de hierro es entregarse a una experiencia de contemplación pura donde el paisaje es el verdadero protagonista. El ferrobús, equipado con aire acondicionado y asientos diseñados para el descanso, atraviesa el Bosque Seco Chiquitano, un ecosistema único en el mundo que cambia de tonalidades conforme el sol cruza el firmamento.
Itinerario
La travesía comienza los viernes por la tarde en la capital cruceña, permitiendo que los viajeros vean cómo la ciudad se desvanece para dar paso a la inmensidad de la llanura. Es un viaje que invita a desconectarse del ruido digital para conectarse con el ritmo tranquilo del campo, donde el tiempo parece no pasar.
La primera parada obligatoria que captura el corazón del turista es San José de Chiquitos. Aquí, por una tarifa accesible, el visitante se encuentra frente a la única misión jesuítica construida en piedra, un monumento que parece brotar de la tierra roja y que cuenta historias de fe, arte y resistencia cultural.
Caminar por su plaza principal mientras el sol se pone es una experiencia que justifica por sí sola el precio del boleto. Sin embargo, el camino sigue hacia el este, adentrándose en el corazón de la aventura hacia Roboré, la joya turística de la región.
Desde esta estación, hay otras posibilidades de destinos a distancias cortas: desde Chochís, que se alza como un guardián de piedra sobre el valle, hasta las termas de Aguas Calientes, el río de aguas medicinales más extenso del continente.
Oportunidad
Este retorno de los fierros no es solo una cuestión de transporte, sino una bendición para las comunidades que ven en el ferrobús su principal aliado económico. Los guías locales, los dueños de pequeños hoteles con encanto y las artesanas que tejen sueños en palma y madera celebran el paso de los vagones.
El impacto se siente en las mesas de los restaurantes de Puerto Quijarro y Puerto Suárez, donde el sabor del Pantanal boliviano espera a los viajeros que buscan el encuentro con la fauna salvaje en los confines de la frontera.
El ferrobús se ha convertido en un referente. La meta es mantener la ocupación al máximo para que, en un futuro cercano, el tren de pasajeros de gran capacidad vuelva a ser el dueño absoluto de estas vías que integran el país.
El viaje culmina en el extremo oriental de Bolivia, donde el Pantanal abre sus brazos hídricos, pero la experiencia se queda grabada en la retina mucho después de bajar del vagón. Los domingos por la tarde, el regreso desde Puerto Quijarro marca el cierre de un ciclo de fin de semana perfecto, permitiendo que el turista retorne a la rutina con el espíritu renovado por la energía de la selva.
La reactivación de este servicio es una invitación abierta para que bolivianos y extranjeros redescubran una ruta que es Patrimonio de la Humanidad y que está lista para ser explorada.
Recomendaciones para el viajero
Para disfrutar plenamente de la aventura, se recomienda adquirir los boletos con al menos una semana de antelación debido a la alta demanda actual.
El ferrobús permite un equipaje de mano cómodo y cuenta con conexiones para carga de dispositivos móviles, aunque el verdadero lujo es desconectarse y dejarse llevar por el viaje.
No olvide llevar repelente para estar tranquilo o tranquila en las paradas en Roboré y una cámara con suficiente memoria, pues los atardeceres sobre la vía férrea son considerados de los más bellos de toda Sudamérica.
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