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Valentina Wehbe: Argentina de nacimiento y boliviana por elección, “Ser real es el contenido más valioso en un mundo de apariencias”

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Creció a la vista de todo un país. Desde sus primeros pasos en Chicos Station hasta convertirse en una de las figuras más influyentes de las redes sociales y el streaming en Bolivia, Valentina Wehbe (VW) ha transitado un camino de maduración constante.

​En esta entrevista con la revista Boliviana (BOL), Valentina se desprende de los filtros para hablar sobre la presión de la perfección, el peso de la salud mental y sus sueños más profundos, que incluyen desde la actuación hasta el anhelo de formar su propia familia. Una conversación directa con la mujer que aprendió que "ser real" es el contenido más valioso que se puede ofrecer.

​- BOL: Naciste en Argentina pero creciste en Bolivia, ¿te sientes más boliviana que argentina o es una mezcla de las dos ciudadanías?

​- VW: Es una mezcla, pero mi corazón está muy en Bolivia. Nací en Argentina, pero crecí acá, así que cuando me preguntan, muchas veces digo que soy de aquí, porque así lo siento. Es como elegir entre una milanesa o un buen majadito… difícil, pero el que te acompaña todos los días termina ganando (risas). Bolivia es mi casa, donde me formé y donde está mi historia, y por eso le tengo una gratitud enorme. Argentina es mi raíz… pero Bolivia es donde aprendí a florecer.

​- BOL: Empezaste en la tele desde muy chiquita, ¿fue difícil para ti dejar de ser "la niña de la tele" para que la gente te vea como una mujer adulta?

​- VW: Sí, fue un proceso… y de los largos. Pasar de “la niña de la tele” a mujer no es algo que la gente te concede automáticamente, es algo que una va construyendo y dejando claro con el tiempo.

Hubo momentos en los que sentía que tenía que rendir examen todo el tiempo, como diciendo: "Hola, crecí". Pero también fue muy formador. Me obligó a pararme firme, a confiar en mi voz y a dejar de pedir permiso para ocupar mi lugar.

​- BOL: ¿En algún momento llega a ser cansador tener que estar subiendo contenido todo el tiempo?

​- VW: ¡A veces sí! Hay días en que decís: "¿En serio tengo que grabar hoy?" (risas). Pero también es parte del juego. Lo que me ayuda es no tomarme tan en serio cada publicación; no todo tiene que ser perfecto ni viral. A veces lo más simple conecta más con la gente, y eso me quita un poco la presión.

​- BOL: Ahora que hiciste streaming, ¿qué prefieres: la libertad de las redes o la estructura de la televisión?

​- VW: Uy, qué difícil. Me gustan mucho las dos, pero por razones distintas. Las redes tienen una libertad increíble y una cercanía que valoro muchísimo; me permiten conectar de una forma más directa y espontánea.

Pero yo empecé en la televisión cuando todo esto no existía, y hay algo de ese formato que me marcó para siempre. La tele tiene una estructura, una mística y un respeto por el oficio que para mí no tiene comparación. A la televisión siempre le voy a tener un cariño especial, fue mi primera escuela.

​- BOL: Siempre hablas de ir a terapia y cuidar la mente, ¿qué es lo más difícil de mostrarse real en un mundo (Instagram/TikTok) donde todo parece perfecto?

​- VW: Creo que lo más difícil de mostrarse real en un mundo donde todo parece perfecto es animarse a no encajar en esa perfección. Hay una presión constante por mostrar solo lo lindo, lo ordenado, lo que "funciona", y ser honesta a veces implica incomodar un poco, incluso a una misma.

La terapia me ayudó a algo muy humano: a no ser tan dura conmigo misma, a entender mis procesos y a tratarme con más paciencia. También me enseñó que quien está herido, muchas veces termina hiriendo, y eso cambia la forma en la que te relacionas con los demás y con lo que eliges mostrar. Para mí, ser real no es contar absolutamente todo, sino ser coherente con lo que soy.

​- BOL: ¿Hay cosas de tu vida privada que has decidido no mostrar nunca en redes sociales? ¿Cuáles?

​- VW: Sí, totalmente. Hay partes de mi vida que prefiero que se queden en modo "solo para mí". Mis vínculos más cercanos, momentos familiares… y, siendo honesta, mis días caóticos también, porque si los subiera perdería un poco de dignidad (risas).

Comparto bastante, pero aprendí que no todo tiene que ser contenido. Hay cosas que se disfrutan más fuera de cámara y otras que definitivamente es mejor que no tengan archivo.

​- BOL: ¿Cuál es ese sueño profesional y personal que todavía te da un poco de miedo cumplir pero que te mueres por lograr?

​- VW: No sé si lo llamaría miedo, pero sí es un sueño que me mueve mucho. En lo profesional, me encantaría presentar un programa estelar en un canal a nivel nacional y además me encantaría grabar una serie. La actuación es algo que muchas veces postergué o no prioricé, pero que siempre estuvo ahí, latente.

Y en lo personal, tengo sueños muy claros también; he tenido la suerte de viajar mucho y conocer varios lugares, sin embargo, me queda un pendiente que es conocer París. Y otro: formar mi familia. Sueño con ser mamá, pero bueno, creo que está más cerca hacer las maletas para Francia (risas).

​- BOL: ¿Qué es lo que más te molesta que la gente piense o diga sobre el trabajo de los influencers en Bolivia?

​- VW: Hay una responsabilidad enorme en tener una plataforma. Cada cosa que comunicas moldea opiniones, inspira decisiones, llegas a personas que te ven como referente. Y para llegar a ese momento en el que subes el contenido, pasaste por un proceso completo: investigar, idear, crear, innovar, producir. Es un trabajo que exige tanto como cualquier otro, solo que el producto final parece "fácil" —y eso es justamente señal de que está bien hecho—.

​- BOL: Si mañana borraras todas tus redes y te alejaras de las cámaras, ¿quién sería Valentina Wehbe en su día a día?

​- VW: Creo que sería la misma, solo que con menos filtros… en todo sentido (jajaja). Soy muy sensible, muy de sentirlo todo, así que eso no cambiaría aunque desaparezcan las cámaras. Quizás estaría haciendo teatro, imitando las voces de la gente (los que me conocen saben que lo hago hace años), o quizás abriendo un local de ropa, o trabajando en una guardería (amo a los niños). Al final, lo visible cambia, pero lo que soy —para bien o para mi intensidad— viene conmigo.

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