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Arrasa en las taquillas en su estreno

La película "La odisea", del cineasta Christopher Nolan, se abrió paso hasta el primer puesto de la taquilla en Estados Unidos y Canadá, al recaudar 124,5 millones de dólares en su fin de semana de estreno, según estimaciones de la industria.

La versión cinematográfica del poema de Homero sumó otros 139 millones de dólares en ventas en el extranjero, para un total de 263,5 millones de dólares, de acuerdo con Exhibitor Relations.

Una cifra más que suficiente para cubrir el presupuesto supuesto de 250 millones de dólares de la película.

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La cinta, que cuenta con un reparto de lujo encabezado por Matt Damon y Anne Hathaway, y producida por Universal, arrasó con las estimaciones anteriores, que pronosticaban una recaudación de menos de 100 millones de dólares en su primer fin de semana.

"Nolan es el único cineasta activo hoy en día que podría tomar una historia antigua como esta, atraer a un elenco tan vasto y talentoso como este, y convertirla en un acontecimiento de la cultura pop", afirmó el veterano analista de la industria David A. Gross.

Basada en el antiguo poema épico de Homero, la película sigue al héroe Odiseo mientras se enfrenta a un obstáculo tras obstáculo en su viaje de regreso a casa tras la guerra de Troya.

Es la primera película de la historia rodada íntegramente con cámaras de cine IMAX.

En un distante segundo puesto, "Moana", de Disney, recaudó 19 millones de dólares en su segunda semana, para un total de 82 millones en Norteamérica (Estados Unidos y Canadá) y 178 millones a nivel global.

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Por detrás de "Moana" se ubicó "Minions & Monsters", que sumó otros 14,8 millones de dólares durante el fin de semana en el mercado doméstico, para alcanzar un total global de casi 357,6 millones en tres semanas.

"Toy Story 5", de Disney, cayó al cuarto lugar en su quinta semana, con una recaudación doméstica estimada de 13 millones de dólares, para un total global de casi 958 millones.

Cine y Cultura

Mística en Moxos

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La Ichapekene Piesta blinda su legado ancestral con un plan histórico de salvaguardia en la Amazonía

En el corazón de la Amazonía boliviana, donde la frondosa naturaleza se entrelaza con una historia centenaria, la Ichapekene Piesta (Fiesta Grande) se erige como un testimonio vivo de resistencia cultural, espiritualidad y cohesión comunitaria. La festividad, que se despliega entre el 7 de julio y el 6 de agosto, convierte a San Ignacio de Moxos en el epicentro de la identidad de las tierras bajas, atrayendo a visitantes en busca de un encuentro auténtico con las raíces culturales de la región.

Más allá del despliegue de color, fe y misticismo que inunda las calles, esta emblemática celebración ha marcado recientemente un hito fundamental para la preservación de las tradiciones locales tras la formalización de un Plan de Salvaguardia Integral. Diseñado mediante un proceso participativo de casi un año entre las representaciones tradicionales del Gran Cabildo Indigenal, la administración municipal, el Consejo de Salvaguardia Cultural y la iglesia local, este instrumento busca blindar los saberes ancestrales y garantizar que el legado de la población moxeña perdure para las futuras generaciones.

Cosmovisión Moxeña

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El origen de la Ichapekene Piesta se remonta a la época misional de finales del siglo XVII, cuando en 1689 los misioneros jesuitas introdujeron la figura de San Ignacio de Loyola como patrono protector de la zona. Con el transcurso de los siglos, los pobladores moxeños reinterpretaron esta devoción desde su propia cosmovisión amazónica, acogiendo al santo patrono como el Ichapekene Tata (el Gran Padre).

Este sincretismo dio nacimiento a una celebración única donde la espiritualidad de los pueblos originarios convive armónicamente con la liturgia cristiana. Los rituales, las danzas y los personajes festivos reflejan un profundo respeto por la naturaleza, los espíritus ancestrales y la fe comunitaria, renovando en cada jornada los lazos de los habitantes con su territorio e historia compartida.

Durante el mes que dura la festividad, las calles de San Ignacio de Moxos se transforman en un escenario permanente de folklore y devoción en el que intervienen alrededor de 50 danzas tradicionales. La vida en la comunidad cobra un ritmo vertiginoso cuando autoridades tradicionales, caciques, abadesas ataviadas con los tradicionales tipoy blancos, músicos y familias locales unen fuerzas para elaborar mascaradas, confeccionar vistosos trajes y adornar los altares patrimoniales.

Los días centrales arrancan la noche del 30 de julio con la víspera y la irrupción mística de personajes como el Tintiririnti y Los Achus, quienes toman el espacio público entre juegos pirotécnicos. Tras una vigilia musical nativa en la madrugada del 31 de julio, se celebra la misa patronal y la solemne procesión escoltada por el Gran Cabildo Indigenal, corregidores y la emblemática danza de Los Macheteros. Del 1 al 3 de agosto, la fiesta culmina con la histórica representación teatral de "La Victoria de San Ignacio", los tradicionales jocheos de toros y ferias festivas.

Plan de Salvaguardia

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Reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, la Ichapekene Piesta cuenta ahora con una hoja de ruta estructurada que asume el reto de resguardar este patrimonio dinámico. El plan no se concibe como una formalidad administrativa, sino como un compromiso colectivo para evitar que la celebración pierda su esencia o se reduzca a un mero espectáculo recreativo.

Entre sus acciones prioritarias, este documento contempla la protección del coro musical y la música tradicional sacra, la creación de talleres para la transmisión de saberes artesanales a niños y jóvenes, y el impulso de publicaciones científicas sobre la memoria histórica moxeña. Asimismo, prevé la gestión de recursos para la restauración de inmuebles con valor patrimonial, el fortalecimiento técnico del Gran Cabildo Indigenal y el fomento de un turismo sostenible que consolide el circuito de las Misiones de Moxos.

La salvaguardia de la identidad moxeña abarca también el patrimonio alimentario. La festividad es un escaparate de sabores ancestrales donde las recetas transmitidas de generación en generación reflejan la convivencia armónica de la comunidad con los recursos de la Amazonía. Las técnicas de preparación de alimentos, la chicha tradicional y la gastronomía local son entendidas como un eslabón fundamental de la memoria colectiva y la hospitalidad del pueblo ignaciano.

A la par del desarrollo de la festividad, la región fortalece su perfil productivo mediante agendas complementarias como la articulación de la cadena del cacao nativo amazónico. La realización de encuentros técnicos y ferias especializadas busca reunir a productores locales e internacionales, vinculando de manera estratégica el patrimonio cultural, la biodiversidad y el desarrollo económico sostenible en las tierras bajas.

Con la puesta en marcha de estas acciones coordinadas entre portadores de la tradición, autoridades locales y la población, San Ignacio de Moxos reafirma que su patrimonio vivo se protege, se transmite y se proyecta con orgullo hacia el futuro.

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Cine y Cultura

Sello Propio

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Sumaya Prado explica cómo la gastronomía boliviana busca consolidarse como un pilar económico a través de una nueva ley y un programa de certificación de calidad

La gastronomía boliviana no solo se saborea; se legisla, se defiende y se proyecta al futuro. Detrás de cada plato tradicional hay una compleja red de saberes, biodiversidad y esfuerzo humano que, hasta ahora, ha operado de forma fragmentada.

En esta entrevista con la revista Boliviana (BOL), la Viceministra de Gastronomía, Sumaya Prado (SP), desglosa la ambiciosa propuesta de una nueva ley gastronómica y la implementación de certificaciones, medidas que buscan otorgar identidad a la cocina nacional, garantizando precios justos para los productores del campo y elevando los estándares de calidad desde la semilla hasta la mesa.

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- BOL: Viceministra, Bolivia nunca antes tuvo un despacho dedicado exclusivamente a la gastronomía. ¿Cuál fue el argumento para que el Estado se convenciera de que la cocina puede ser un pilar estratégico de la economía nacional?

- SP: Creo que el cambio empezó cuando dejamos de mirar solamente el plato y empezamos a mirar todo lo que ocurre antes de que ese plato llegue a la mesa. Cuando uno recorre el país y comparte con productores, con cocineras de mercado, con emprendedores o con empresarios gastronómicos, entiende muy rápido que la gastronomía nunca empieza en una cocina. Empieza mucho antes, en la parcela, en una familia que ha conservado un tipo de semilla durante generaciones, en alguien que conoce el momento exacto para cosechar, en saberes que muchas veces no están escritos pero que siguen vivos porque alguien los transmite todos los días.

Ahí cambia completamente la manera de entender la gastronomía y deja de ser únicamente el plato de comida para transformarse en una expresión cultural que forma parte muy importante de nuestra identidad, y empieza a revelar todo lo que mueve alrededor: producción, empleo, turismo, comercio, investigación, patrimonio, desarrollo local.

A mí me gusta pensar que el Viceministerio no fue creado únicamente para hablar de gastronomía. Fue creado para hablar de las personas que hacen posible la gastronomía, para reconocer el valor protagónico de las comunidades y los territorios que la mantienen viva todos los días, de las cocineras tradicionales que mantienen vivos sabores ancestrales, de los chefs que revitalizan y renuevan la oferta gastronómica a través de su talento, de los emprendedores y empresarios que apuestan por la gastronomía en todo el territorio nacional.

- BOL: Usted viene del sector privado y de proyectos que marcaron un antes y un después para la gastronomía boliviana. ¿Cuál es la principal lección que se trajo al sector público y que hoy guía su gestión?

- SP: Si tuviera que resumirlo en una sola idea, diría que es la convicción de que la gastronomía es una de las más poderosas herramientas de inclusión y progreso, y que Bolivia tiene los productos, el talento, la historia y las condiciones para consolidarse a nivel mundial.

Cada vez que visitamos un restaurante, una cafetería, un puesto de comida, una comunidad o un mercado, uno descubre que ya existen personas haciendo un trabajo extraordinario. El talento está ahí. Lo que falta es visibilizar a esos actores y facilitar espacios donde puedan encontrarse, trabajar juntos y sentirse parte de un mismo proyecto que los fortalezca. Creo que esa es una de las mayores responsabilidades que tenemos desde el Estado: no llegar a imponer respuestas, sino crear las condiciones para que ese conocimiento pueda dialogar, fortalecerse y crecer.

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- BOL: Recientemente entregaron las primeras Certificaciones de Compromiso de Calidad Turística a establecimientos gastronómicos. ¿Qué significa este reconocimiento para un negocio y qué le garantiza al visitante que llega a Bolivia?

- SP: A veces pensamos que la calidad se resume en un sello colocado en la puerta de un establecimiento. Para nosotros empieza mucho antes, cuando un equipo decide capacitarse, revisar sus procesos, aprender nuevas prácticas y preguntarse todos los días cómo puede ofrecer una mejor experiencia sin dejar de ser auténtico. Por eso hablamos de de capacitación, de un compromiso de mejora continua, y no solamente de una certificación.

Desde el principio tuvimos muy claro que este programa no podía cambiar la esencia de la cocina boliviana. Nuestros sabores no necesitan ser modificados; son parte de nuestra identidad. Lo que sí podemos fortalecer es todo aquello que acompaña esa experiencia: la atención, la inocuidad alimentaria, el manejo de los alimentos, la organización del servicio y el trabajo en equipo. Eso beneficia al establecimiento, porque le permite crecer y ser más competitivo, pero también beneficia al visitante porque cuando alguien viaja, no recuerda únicamente lo que comió, recuerda cómo lo atendieron y cómo se sintió durante esa experiencia. Muchas veces, la comida es el primer encuentro que un visitante tiene con un país.

- BOL: ¿Cómo se logra que la certificación de calidad no sea vista como un privilegio reservado para grandes restaurantes, sino como una meta alcanzable para la casera del mercado o el pequeño emprendimiento de barrio?

- SP: Esa fue una de las premisas al diseñar el programa, porque si la calidad solo pudiera alcanzarla quien tiene más recursos, entonces estaríamos dejando fuera a una parte muy importante de la gastronomía boliviana y eso no tendría sentido.

Por eso es que el sistema de certificación contempla programas diferenciados orientados a las vendedoras de comida de calle, a los puesto de comida en mercados, a establecimientos gastronómicos y a operadores turísticos, respetando las características y realidades de cada uno.

Porque en los espacios gastronómicos de todo el país uno encuentra cocinas extraordinarias. Hay recetas que llevan décadas preparándose de la misma manera, hay productos de enorme calidad y hay personas que han construido una clientela gracias a su trabajo y a su dedicación; lo que muchas veces no han tenido es la oportunidad de acceder a procesos de capacitación o de fortalecimiento.

Ahí es donde creemos que el Estado puede aportar, no diciéndoles cómo cocinar, no cambiando sus recetas, no haciendo que todos se parezcan, sino ofreciéndoles herramientas que les permitan mejorar sus prácticas, organizar mejor sus procesos, fortalecer su servicio y crecer sin perder aquello que los hace únicos.

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- BOL: Está socializando el Anteproyecto de Ley Nacional de Preservación y Puesta en Valor del Patrimonio Alimentario y la Cadena Productiva de la Gastronomía de Bolivia. ¿Qué vacío viene a llenar esta norma y por qué era importante impulsarla ahora?

- SP: Hay algo que se repite cada vez que conversamos con los distintos actores del sector: todos reconocen la enorme riqueza gastronómica que tiene Bolivia, pero también sienten que esa riqueza todavía está muy dispersa.

Hay investigaciones valiosas que muchas veces no se conocen entre sí. Hay productos extraordinarios que todavía no han sido suficientemente estudiados, documentados ni promocionados. Hay saberes que siguen vivos gracias a las comunidades, pero que corren el riesgo de perderse si no somos capaces de registrarlos y preservarlos.

El proyecto de ley nace precisamente de esa realidad. No porque falten iniciativas, pues existen muchísimos esfuerzos que merecen ser reconocidos. Lo que hace falta es una visión que permita articularlos y darles continuidad. Por eso hablamos de una política de Estado.

- BOL: Se dice con frecuencia que la gastronomía comienza en la parcela. ¿Cómo garantiza esta ley que el productor de quinua, ají, cacao o cualquier otro alimento reciba un beneficio real cuando su producto adquiere reconocimiento en la cocina boliviana?

-SP: Creo que esa frase resume muy bien lo que queremos construir, porque nos recuerda que la gastronomía no empieza cuando alguien sirve un plato. Empieza mucho antes. Empieza con una familia que trabaja la tierra, con una comunidad que ha aprendido a convivir con su territorio, con personas que durante generaciones han cuidado productos, semillas y formas de producir, de cocinar y de consumir los alimentos, que hoy son parte de la identidad de Bolivia.

Cuando uno conversa con los productores entiende que ellos no solo producen alimentos. También cuidan conocimiento. Y ese conocimiento tiene un valor enorme.

Ahora bien, sería poco responsable decir que una ley, por sí sola, va a resolver todos los desafíos que enfrenta la cadena de valor de la gastronomía. No es así. Lo que sí puede hacer es crear condiciones para fortalecer esa cadena e integrar a todos sus actores en torno a objetivos comunes.

- BOL: Ante la creciente competencia regional, ¿de qué manera esta ley protegerá nuestras recetas, productos nativos y saberes alimentarios frente a la apropiación o el uso indebido?

- SP: Yo creo que la mejor manera de proteger nuestro patrimonio alimentario es conocerlo mejor, valorarlo y re-aprender a ponerlo en nuestra mesas, porque lo que no se consume y no se puede vender, se deja de producir.

A veces pensamos en la protección únicamente cuando aparece un conflicto, cuando alguien intenta apropiarse de un producto o de una preparación. Pero la protección empieza mucho antes, cuando investigamos, cuando documentamos, cuando registramos, cuando somos capaces de contar nuestra propia historia y mantener viva nuestra identidad.

Por eso uno de los objetivos de la ley es fortalecer esa capacidad de investigar, documentar y generar información. No para guardar ese conocimiento en un archivo, sino para proteger, para que pueda servir a las comunidades, a la academia, a los gobiernos subnacionales, a quienes investigan, a quienes emprenden y también a quienes, desde distintos espacios, trabajan para proyectar la gastronomía boliviana al mundo

- BOL: Al finalizar su gestión, ¿qué le gustaría que ocurriera primero: que un restaurante boliviano sea considerado el mejor del mundo o que el consumo de productos bolivianos se duplique en los hogares del país?

- SP: Claro que sería una enorme alegría ver a un restaurante boliviano alcanzar un reconocimiento de ese nivel, es algo que llena de orgullo al país y ayudaría enormemente a que el mundo vuelva la mirada hacia Bolivia. Por eso estamos trabajando para fortalecer a los emprendimientos y empresas gastronómicas en todo el país.

Pero si tuviera que elegir, elegiría que más familias bolivianas consuman productos bolivianos porque ahí es donde realmente empieza el cambio, cuando entendemos que cuando elegimos un producto local, no estamos haciendo solamente una compra. Estamos fortaleciendo la economía nacional, incentivando que se siga cultivando una variedad nativa y ayudando a que conocimientos centenarios no se pierdan.

Los reconocimientos internacionales son importantes y vamos a hacer nuestro mayor esfuerzo para apoyar a que sigan llegando, pero personalmente creo que el mayor reconocimiento es que los bolivianos valoremos la riqueza que tenemos en nuestra tierra, nuestros productos, nuestro patrimonio alimentario y nuestra gastronomía.

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Cine y Cultura

Arte y artificio

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La boliviana ​Marisol Méndez, ganadora del prestigioso premio Saltzman-Leibovitz, desafía las fronteras artísticas mediante el uso de la ficción, la puesta en escena y el poder de la memoria

La mirada de Marisol Méndez (MM) no retrata la realidad; la desafía. A través de un manejo impecable de la composición, el uso deliberado del artificio y una profunda sensibilidad estética, su aclamada serie MADRE se ha consolidado como un testimonio de su capacidad para transformar el archivo íntimo y los relatos colectivos en una propuesta visual de vanguardia.

​Sus habilidades acaban de alcanzar un nuevo hito histórico. Méndez ha sido galardonada con el prestigioso Saltzman-Leibovitz Photography Prize, un reconocimiento de alcance internacional que cuenta con el respaldo de la mítica fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz,

Sobre este importante logro y más, la fotógrafa habló en exclusiva con la revista Boliviana ( BOL).

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​- BOL: ¿Qué significa para ti ganar un premio internacional tan importante respaldado directamente por una de tus grandes referentes, Annie Leibovitz?

- MM: Fue una sorpresa enorme. Cuando empecé a fotografiar, Annie Leibovitz fue una de las fotógrafas que me hizo entender que la ficción podía ser una herramienta para acercarse a temas complejos.

Me fascinaban especialmente sus retratos para Rolling Stone. Introducía personajes, construía relatos. Muchas de sus imágenes funcionan como fotogramas de una película que nunca llegamos a ver. Que este premio venga de alguien cuya obra admiré y estudié tiene un significado muy especial para mí.

- BOL: El premio celebra el rol de las mujeres en la fotografía. ¿Consideras que tu trabajo es también una labor de resistencia política?

- MM: No pienso mi trabajo principalmente como resistencia, pero sí como una forma de cuestionar narrativas establecidas. Me interesa revisar quiénes cuentan las historias, cómo se construyen las imágenes y qué otras lecturas pueden surgir desde experiencias que suelen quedar fuera del centro.

​- BOL: Este galardón te llevará a exponer en Photo London. ¿Cómo te estás preparando para este nuevo desembarco en el exigente circuito británico?

- MM: Intento prepararme igual que para cualquier otra oportunidad: concentrándome en el trabajo. Los premios y las exposiciones son importantes, pero al final lo que permanece es la obra y la capacidad de seguir desarrollándola.

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​- BOL: Tu proyecto MADRE ya ha tenido una gran recepción en Europa. ¿Cuál descubriste que es el elemento universal de tu obra que logra romper las barreras culturales?

- MM: Creo que debajo de las diferencias culturales hay preguntas que compartimos. Me interesa hablar del deseo, del poder, de la pertenencia, de cómo construimos nuestras identidades y nuestras familias. Los símbolos cambian de un lugar a otro, pero muchas de las emociones y contradicciones que los sostienen son las mismas.

​- BOL: Has dicho que el sol (Inti) es tu gran aliado y tu paleta de colores. ¿Cómo logras conservar esa vibración de la luz andina cuando tus imágenes se exhiben en galerías mundiales?

- MM: Crecí en un lugar donde el color forma parte de la vida cotidiana. Los mercados, las fiestas, los textiles y el paisaje tienen una intensidad cromática que terminó moldeando mi mirada. Más que intentar conservarla, reproduzco esa relación con el color de manera bastante intuitiva. Y creo que la luz andina deja una huella en la forma de mirar, no solamente en la fotografía final.

​- BOL: Tu estilo visual prefiere el mito y la ficción por encima del fotoperiodismo tradicional. ¿Por qué elegiste este camino para retratar la identidad boliviana actual?

- MM: Porque la ficción permite hablar de cosas que son difíciles de nombrar de manera directa. Me interesa trabajar en ese espacio donde realidad y ficción conviven. Muchas veces una metáfora puede decir más sobre una experiencia que una descripción literal.

Entendemos más sobre el paso del tiempo a través del mito de Saturno devorando a sus hijos que mediante una explicación sobre la entropía. Las historias siguen siendo una de nuestras herramientas más poderosas para comprender el mundo.

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​- BOL: Con tantos reconocimientos acumulados en los últimos años, ¿en qué momento sentiste que tu mirada dejó de ser puramente local para hablarle de tú a tú al arte mundial?

- MM: Nunca lo pensé de esa manera. De hecho, mientras más avanzo, más me interesa trabajar desde lo específico. Lo que he descubierto es que una historia situada en Cochabamba puede resonar en lugares muy distintos sin necesidad de perder su contexto.

​- BOL: Estudiaste Fotografía de Moda en Londres. ¿Qué de lo aprendido te ha marcado más?

- MM: La construcción de imágenes. La moda me enseñó que una fotografía puede ser completamente fabricada y aun así transmitir una verdad emocional. Mientras muchas disciplinas utilizan la imagen para describir el mundo, la moda construye una fantasía. Ese interés por el artificio y la puesta en escena sigue siendo fundamental en mi trabajo.

​- BOL: Tu proyecto MADRE se nutre del álbum de tu propia familia en Cochabamba. Al mirar esas fotos en tu infancia, ¿ya intuía la fuerza oculta de las mujeres de tu entorno?

- MM: Las fotografías familiares que forman parte de MADRE no las conocí hasta comenzar el proyecto. Mi mamá las encontró en la casa de mi abuela y me las mostró para ayudarme a combatir cierta sensación de desarraigo. Pensó que mirar a mis ancestras, entender de dónde venía, podía ayudarme a sentirme más firme donde estaba. Al descubrir a esas mujeres tan complejas y contradictorias, sentí que podía acudir a ellas para contar también mi propia historia.

​- BOL: Si pudieras hablar con la Marisol que recién iniciaba en la fotografía en Bolivia, ¿qué le dirías hoy que estás en el epicentro de la fotografía internacional?

- MM: Le diría que siga trabajando. Que no espere validación para empezar ni para continuar. La creación es lo más urgente. También le diría que las cosas suelen tomar más tiempo del que uno imagina, pero que vale la pena insistir. Lo importante nunca ha sido llegar a un lugar determinado, sino seguir haciendo las imágenes en las que uno cree.

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